37. Traición en la sombra y un refugio tras las rejas
Traición en la sombra y un refugio tras las rejas
Luego de terminar su turno en el club nocturno en la madrugada, Nasly caminaba a paso rápido hacia su casa. El frío de la noche no se comparaba con la angustia que sentía en el pecho.
«¿Cómo voy a hacer para que Katherine se entere de lo de Jade sin tener que decírselo yo directamente?
», pensaba atormentada. «Pero si se entera de mi trabajo…
Nunca me he quejado de problemas financieros precisamente gracias a este empleo secreto.
No sé qué voy a hacer», se lamentó en voz alta, perdiéndose en las sombras de la calle.
Por su parte, tras salir del club, Jade y su amigo se dirigieron a la casa de este último.
—Tengo un par de amigas despiertas, las llamaré para que vengan —sugirió el amigo apenas entraron.
—Claro, hazlo —respondió Jade sin un ápice de remordimiento.
Poco después, un par de chicas llegaron al lugar. Usando su habitual fachada de joven tierno y romántico, a Jade se le hizo sumamente fácil conquistar a una de ellas. Sin pensar en Katherine ni por un segundo, terminó pasando la noche con la chica en la casa de su amigo.
Al día siguiente, el sol de la mañana no logró animar a Katherine. Se despertó desganada, se dio una ducha rápida, se cepilló los dientes y apenas tomó un vaso de jugo antes de salir de prisa hacia el trabajo.
Bajó las escaleras, salió del edificio y caminó con la mente perdida en los sucesos de la noche anterior. Minutos después, llegó a Así la Floristería y notó que la puerta aún estaba cerrada.
«Qué extraño que Nasly no haya llegado todavía», se dijo a sí misma. Ella siempre solía ser la primera en abrir.
Katherine sacó sus llaves, abrió el negocio y comenzó a limpiar y a acomodar los arreglos florales. Horas después, al ver que su amiga seguía sin aparecer, tomó su teléfono para llamarla. Justo en el momento en que estaba marcando el número, Nasly cruzó la puerta a toda prisa.
—¿Qué pasó? ¿Por qué llegas a esta hora? —preguntó Katherine, preocupada.
—Solo… me sentía un poco mal en la mañana, pero ya estoy mejor —mintió Nasly, evitando en todo momento el contacto visual.
—Entiendo… Nasly, anoche fue la peor noche de todas. Me siento horrible y muy culpable por haber golpeado a Jade y discutir con él —confesó Katherine, buscando desesperadamente el consuelo de su mejor amiga.
—Ya me dijiste eso anoche, Katherine. Hoy ya deberías haberlo superado. No pienses más en eso y mejor pongámonos a trabajar —respondió Nasly con brusquedad, alejándose hacia el fondo del local.
El enorme sentimiento de culpa que Nasly llevaba a cuestas la estaba consumiendo; vivía aterrorizada de que Katherine descubriera la verdad y perdiera su amistad para siempre, pero su actitud evasiva solo lograba lastimarla más.
Katherine quedó sorprendida y dolida por la inusual frialdad de esas palabras. Se quedó en silencio, tragándose las lágrimas, y se limitó a ordenar el área de la caja registradora.
Nasly, incapaz de soportar la tensión y la culpa que le oprimían el pecho, salió un momento del local con la excusa de botar la basura.
Sacó su teléfono y llamó a Luke. El oficial contestó casi de inmediato y Nasly no aguantó más: rompió a llorar y se desahogó, contándole absolutamente todo lo que había pasado en el club.
—Tienes que decirle la verdad, Nasly —le aconsejó Luke con voz serena y firme—. Si ella de verdad te aprecia como amiga, te va a perdonar.
—No lo sé, Luke… tengo mucho miedo —sollozó ella.
—Tranquila. Respira profundo y exhala. Tómate tu tiempo para pensar en cómo se lo dirás, pero la honestidad es siempre la mejor opción —concluyó el oficial.
—Está bien… Gracias, Luke.
—Desde luego. Cuidate —se despidió él antes de colgar.
Con un poco más de valor, Nasly regresó al interior de la floristería.
—Katherine… —la llamó con voz titubeante.
Katherine se acercó de inmediato.
—¿Qué pasó?
Nasly la miró, pero el valor la abandonó en el último segundo. Los nervios la traicionaron y se limitó a desviar el tema de la forma más torpe posible:
—Eh… ¿Cómo estuvo la cena con Rosa?
«¿En serio? Anoche mi vida se cayó a pedazos y solo me pregunta esto», pensó Katherine con incredulidad.
—Genial —respondió secamente—. Es una chica agradable y muy tierna.
—Qué bueno… —murmuró Nasly, dándose la vuelta para atender a unos clientes que acababan de entrar.
Katherine pasó el resto de la mañana preparando arreglos florales en un tenso silencio. Cuando finalmente llegó su hora de receso, no lo pensó dos veces: salió a la calle, tomó un taxi y le dio al chofer la dirección de la prisión.
Al llegar, pasó los controles de seguridad y caminó con paso decidido por los pasillos hasta llegar frente a la celda 15.
Allí estaba John. Katherine no sabía exactamente qué iba a decirle, solo sabía que necesitaba desahogarse y sumergirse un poco más en ese innegable sentimiento de seguridad y calor que solo él lograba transmitirle.