35. Secretos en la noche y un pacto involuntario
Secretos en la noche y un pacto involuntario
—Me quiero ir a dormir, Rosa —dijo Katherine, desanimada.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó Rosa con amabilidad.
—No, está bien. Nos vemos mañana —respondió Katherine, dándole un cálido abrazo.
—Esta bien, mañana subiré a ver qué tal estás —dijo Rosa, abriendo la puerta.
Katherine se despidió, salió y subió hasta su departamento. Al entrar, se recostó en la cama con el alma pesada y, sintiéndose mal, comenzó a llamar a Jade; sin embargo, él no respondía.
Por su parte, Jade había salido de prisa en su motocicleta tras la discusión previa. Condujo a gran velocidad hasta la casa de un amigo, a quien saludó con un eufórico abrazo apenas lo vio.
—¿Qué pasa, amigo? —preguntó su compañero.
—Nada, solo estaba aburrido y quise venir a verte —mintió Jade, ocultando por completo la tormenta financiera y emocional que estaba pasando con su novia.
—Hay un club cerca de aquí, vamos a tomarnos algo —propuso su amigo.
Ambos subieron a la motocicleta y se dirigieron al lugar nocturno. Al ingresar, se acomodaron en el área del bar, pidieron un par de tragos y comenzaron a beber mientras charlaban de su rutina diaria.
De pronto, las luces cambiaron y la música retumbó con fuerza en el recinto.
Un grupo de chicas con los rostros cubiertos por coloridas máscaras subió a la plataforma, comenzando a bailar de forma sugerente.
La atención de Jade se fijó de inmediato en una de ellas, quien llevaba una máscara de conejo.
«No sé por qué, pero siento que la conozco», se dijo a sí mismo, observado cada uno de sus movimientos.
Al finalizar la presentación, la música bajó de intensidad y las bailarinas se retiraron la máscara para comenzar a trabajar atendiendo mesas y sirviendo tragos.
—¿Y qué tal va todo con Katherine? —preguntó de pronto el amigo de Jade.
—Ella está bien… solo que a veces es un poco aburrida —respondió Jade encogiéndose de hombros.
—Pues busca a alguien más divertida. Y qué mejor lugar que este; ¡anda, ve por una presa! —animó su amigo entre risas.
Jade se puso de pie y se encaminó hacia la chica de la máscara de conejo, quien se encontraba de espaldas ajustándose el vestuario. Sin dudarlo, deslizó sus manos sobre la cintura de la joven y le susurró al oído:
—Bailemos…
La chica sonrió y se giró. En ese instante, los ojos de ambos se cruzaron y el impacto fue tal que se quedaron mudos por un par de segundos.
—¿Jade? ¿Qué estás haciendo aquí? —exclamó Nasly, atónita y nerviosa.
—¡Nasly! Podría preguntarte lo mismo… ¿Qué haces tú aquí? —replicó Jade sin dar crédito a lo que veía.
—No te puedo mentir, ya lo viste… Este es mi segundo empleo secreto y Katherine no sabe absolutamente nada. No sé qué pensaría de mí si se enterara, seguro se alejaría —confesó Nasly con pánico en la mirada.
—Ella debería saber qué tipo de amiga tiene —espetó Jade con tono acusador.
—Bueno, ¡también debería saber qué tipo de novio tiene! Uno que viene a coquetear e invitar a bailar a mujeres a un club nocturno —se defendió Nasly entre dientes, encarándolo.
Jade se quedó petrificado al entender que Nasly tenía la carta ganadora. Ambos estaban atrapados en una encrucijada y la única opción lógica era el silencio mutuo.
—Está bien, no diré nada —cedió Jade—. Pero tú no me viste aquí.
—No he visto absolutamente nada —asintió Nasly, cubriéndose los ojos de forma dramática.
—Bueno, ya que estamos aquí… ¿bailamos? —insistió Jade con desfachatez, volviendo a tomarla suavemente de la cintura.
—No. Adiós —tajó Nasly, apartando sus manos y alejándose a paso firme entre la multitud.
Jade regresó a la barra y se dejó caer en el taburete junto a su amigo.
—¿Tuviste suerte? —inquirió su compañero.
—Realmente no —suspiró Jade—. Vámonos, ya es tarde.
Pagaron la cuenta, subieron a la moto y se marcharon.
Mientras tanto, en la soledad de su habitación, Katherine permanecía acostada. Vencida por la tristeza y el cansancio, se quedó profundamente dormida con el teléfono apretado en la mano, esperando en vano un mensaje de Jade o de Nasly, con el rostro aún húmedo por las lágrimas.