Dile No al Deseo 33. Culpas, distanciamiento y el consejo de una desconocid
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33. Culpas, distanciamiento y el consejo de una desconocid

Culpas, distanciamiento y el consejo de una desconocid

Rosa fue a abrir la puerta, extrañada por el repentino insistir. Al cruzar el umbral, se encontró de frente con Jade. Él, al ver la deslumbrante belleza de la joven periodista, tartamudeó por un segundo antes de hablar:

—¿Está mi novia aquí? Katherine es su nombre… Me dijeron que la vieron entrar —preguntó Jade, midiéndola de arriba abajo sin disimulo.

En ese instante, Katherine salió al pasillo:

—Gracias por la cena, Rosa, estuvo deliciosa. Espero verte mañana —dijo abrazando afectuosamente a su vecina—. Vámonos, Jade.

Rosa cerró la puerta, observando la escena con bastante confusión.

Ambos subieron en silencio las escaleras hasta el tercer piso y entraron al apartamento.

Apenas Katherine cerró la puerta, Jade se lanzó a besarla de inmediato.

Katherine, dejándose llevar por el impulso, se sumergió por unos segundos en un beso profundo, hasta que la culpa la golpeó de lleno: el rostro de John apareció en su mente y la sensación de deslealtad la superó.

Apartó a Jade bruscamente y comenzó a reclamarle con rabia:

—¿Sabes qué? Vienes aquí y me besas como si no pasara nada… ¡Cuando estuve pasando por una situación terrible te hiciste el que no sabías nada! ¿A qué vienes realmente? —espetó furiosa, encubriendo con enojo la profunda decepción de haber deseado que fuera John quien la besara de esa manera.

—¿Qué te pasa? —respondió Jade alzando la voz—. Sabes que estoy ahorrando. Tengo mis propios problemas y situaciones, y no te ando molestando con eso.

—¡Pues sí molestas! ¡Si hasta me debes dinero! —recriminó Katherine fuera de sí.

Jade, sintiéndose dolido y avergonzado por las palabras de su novia, cruzó los brazos:

—Te lo voy a pagar. Eres una desconsiderada… No tienes idea de todos los sacrificios que hago solo por venir a verte y estar aquí contigo.

—Al parecer no los estoy viendo, Jade. Lo único que veo a mi alrededor son problemas, mientras tú disfrutas de placeres con tu dinero —atacó ella sin piedad—. Sencillamente estoy cansada.

—No tengo la culpa de que no te sepas administrar ni seas responsable con tus deudas —espetó Jade con frialdad.

Aquellas palabras cayeron como una estocada helada sobre el corazón de Katherine. Llevada por la furia ciega, alzó la mano y le asestó una sonora bofetada en la mejilla. Ambos quedaron petrificados en medio de la sala.

Cuando Katherine reaccionó e intentó disculparse, Jade ya había dado media vuelta y salido del apartamento, dando un portazo.

Desesperada, Katherine corrió a escribirle a Nasly por mensajería, pero no obtuvo respuesta. Le marcó por teléfono varias veces, pero solo escuchaba la contestadora indicando que la línea estaba ocupada. Envió múltiples mensajes hasta que, finalmente, Nasly le respondió con frialdad:

«¿Qué pasó?»

«Golpeé a Jade… La discusión se salió de control y estoy arrepentida. ¿Puedo ir a tu casa? No quiero estar sola», escribió Katherine con las manos temblorosas.

«Lamento escuchar eso. Mañana hablamos con más calma», contestó Nasly tajante.

«¿Pero no puedes quedarte a hablar? Necesito verte», suplicó Katherine mientras las lágrimas comenzaban a rodarle por las mejillas.

«Estoy ocupada, lo siento. Adiós», zanjó Nasly antes de desconectarse.

Sintiéndose completamente sola y al borde del colapso, Katherine salió de su apartamento, bajó apresuradamente las escaleras y tocó con desesperación a la puerta de Rosa.

Su vecina abrió y, al verla deshecha en llanto, la acogió entre sus brazos sin dudarlo. Rosa la abrazó con calidez, acariciando su cabello para tranquilizarla:

—Tranquila, todo está bien… Cálmate un poco. Cuéntame qué pasó, Katherine.

—Discutí con mi novio y… terminó en una bofetada —confesó Katherine entre sollozos, desahogándose y contándole toda la pesadilla financiera y emocional por la que estaba pasando.

Rosa escuchó cada palabra con atención, analizando la situación sin juzgarla.

—Katherine, no debiste golpearlo, eso no está bien; solo debiste echarlo de tu casa —comenzó Rosa con suavidad—. Pero dime una cosa: ¿por qué sigues con él si claramente no ha tenido ninguna consideración contigo?

—No lo sé… Tenemos mucho tiempo juntos, me respeta bastante y suele ser tierno. No sé qué hacer, no quiero perderlo por esto, aún lo quiero —admitió Katherine confundida.

—¿Estás segura? ¿No hay alguien más? —inquirió Rosa apelando a su lógica periodística.

Katherine guardó silencio un segundo y suspiró:

—Sí… De hecho, me gusta alguien más. Pero no puedo hablar mucho de eso, Rosa. El chico que me gusta está arrestado. Ni siquiera lo conozco bien, pero cuando estoy cerca de él me siento segura… Quiero besarlo, pero me resisto, ¿entiendes?

—Katherine, tal vez deberías terminar con Jade, pero eso no significa que debas intentarlo con ese otro hombre. Si está en prisión, es por alguna razón. Lo mejor sería que empieces una vida nueva tú sola.

Katherine la miró con el rostro pálido y la mirada llena de espanto; la sola idea de un futuro lejos de John y completamente sola la aterró desde lo más profundo.