Dile No al Deseo 32. Sueños de fuego y sombras mediáticas
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32. Sueños de fuego y sombras mediáticas

Sueños de fuego y sombras mediáticas

—Dime, ¿te gusta Katherine? Si es así, voy a intentar conquistar a Nasly. Las dos son hermosas, pero Nasly es fantástica —comentó Luke recostado contra el pasillo.

—No tengo interés. Puedes decidir por tu cuenta —respondió John acomodándose en la cama.

—De todos modos, Nasly me parece genial, John. No estaría mal que gozaras de buena compañía estos dos años. Además, se nota que Katherine es una chica agradable, sin malas intenciones —insistió Luke, buscando convencerlo.

—Ese es el problema: sus intenciones. No busco “buenas intenciones” y estoy seguro de que su amiga tampoco las busca. ¿Entiendes, Luke? Ve despacio.

—Entiendo. Justo pensaba hacerlo así, tomármelo con calma. Me tomo mi tiempo para todo —asintió Luke.

—Bueno, me iré a dormir. Mañana será un día más.

—O tal vez un día menos —añadió el oficial alejándose de la celda.

John esbozó una ligera sonrisa. Sin embargo, al intentar dormir, el sueño no llegaba. El deseo de tener a Katherine entre sus brazos era devorador, como un depredador en plena caza con un hambre voraz; quería a su presa, pero a su alrededor solo había barrotes fríos y paredes vacías.

Intentó desviar su mente hacia los asuntos pendientes de su empresa. Fue al baño, se lavó la cara y buscó calmar la ansiedad de la abstinencia, repitiéndose a sí mismo:

«Esto no me va a controlar. Estaré dos años encerrado y debo mantener la calma. Hay cosas mucho más importantes que debo planificar y pensar».

Pensó en sus enemigos:

«Carol Minier… ¿estarás satisfecha con esto?», se preguntó riendo para sus adentros. «¿Crees que encerraste a una fiera? ¿Qué es lo siguiente que vas a intentar? Esto ha sido una locura, pero me he divertido bastante con la situación. Ahora solo tengo que descansar».

Cerró los ojos y, finalmente, el cansancio lo venció.

—Eres muy sexy… —susurró Katherine en la oscuridad.

—Tú eres espectacular. Me encanta tu cuerpo, estoy perdido en tus curvas —respondió John antes de besarla con una intensidad voraz, enredando sus dedos en su cabello con fuerza y abrazándola como si fuera completamente suya.

—Me encantas, John… tengo miedo —murmuró ella erizada.

—No te preocupes, iré despacio… —prometió John, deslizando la mano por su espalda desnuda y acariciando su cabello mientras muerde suavemente sus labios.

—No quiero que este momento termine jamás —dijo Katherine, agitada por la pasión.

—Yo tampoco, Katherine…

El estruendoso sonido de un cerrojo de hierro lo arrancó de golpe de la fantasía. El oficial Luke iluminó la celda desde afuera.

—John, ¿te pasa algo? —preguntó Luke preocupado—. Te vi por la cámara de seguridad bastante agitado y quise venir a revisar.

John se incorporó en la cama, despejándose al chocar de frente con la fría realidad. La decepción se reflejó en su rostro.

—Estoy bien… solo fue un sueño.

—¿Uno malo o uno bueno? —inquirió Luke con curiosidad.

—Solo un sueño —zanjo John, volviendo a recostarse.

Luke se retiró y John volvió a cerrarle el paso a sus pensamientos hasta quedarse profundamente dormido.

Al día siguiente, John se levantó como de costumbre: se douchó, se cepilló los dientes y se vistió con ropa limpia. Poco después, Luke le llevó el desayuno junto con el periódico del día.

John se comió todo el desayuno, entregó el bandeja vacía, se lavó las manos y se sentó a la orilla de la cama a hojear la prensa. Al abrir la sección principal, un titular en letras grandes y oscuras captó su atención de inmediato:

«EMPRESARIO MILLONARIO Y PROGRAMADOR CREADOR DE PÁGINAS WEB ES CONDENADO A DOS AÑOS DE CÁRCEL POR EVASIÓN DE IMPUESTOS, ASOCIACIÓN DE MALHECHORES Y CRIMEN ORGANIZADO.»

El rostro de John se endureció por completo. Con los nudillos blancos por la ira, apretó el papel y rompió el periódico por la mitad.