Dile No al Deseo 31. Confesiones de amigas, una cena elegante y el visitante inoportuno
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31. Confesiones de amigas, una cena elegante y el visitante inoportuno

Confesiones de amigas, una cena elegante y el visitante inoportuno

Ambas tomaron un taxi y se bajaron frente a la floristería; era el punto medio perfecto para que cada una tomara camino a su respectiva casa.

—Katherine, dime qué pasó con John… Te noto muy extraña —dijo Nasly, mirándola con seriedad.

—¡Nada! Solo estaba un poco nerviosa por el lugar, más nada —respondió Katherine en tono seco.

—A mí me atrae John, aunque Luke es un chico muy amable… y tú tienes compromiso —comentó Nasly.

—¿Por qué lo dices? Sabes que tengo novio, realmente no me interesa —mintió Katherine cruzándose de brazos, engañándose por completo a sí misma.

—Pues te lo digo para que lo recuerdes. Como estoy soltera, soy libre de elegir —añadió Nasly saltando de emoción, sin sospechar que John no tenía el más mínimo interés en ella.

—Me voy —dijo Katherine, sintiéndose extrañamente desanimada.

—¡Adiós! —se despidió Nasly radiante, y cada una tomó su rumbo.

Katherine caminó despacio hacia su edificio.

Al llegar a la esquina previa, se detuvo un momento a observar la entrada principal, asegurándose de que Jade no estuviera esperándola en las escaleras.

Al confirmar que la zona estaba despejada, avanzó a paso firme, subió a su departamento, se dio una ducha rápida y se cambió de ropa.

Acto seguido, bajó al segundo piso y tocó a la puerta de su vecina. Rosa le abrió tímidamente con una sonrisa apenada.

—¡Hola! ¡Pasa, por favor! —invitó Rosa abriendo la puerta de par en par.

—Hola, lo siento si me demoré un poco —disculpó Katherine al entrar.

Al cruzar el umbral, Katherine quedó maravillada. El lugar estaba bellamente decorado con arreglos florales en tonos rosas, un imponente sofá blanco y un elegante comedor de cristal con sillas al tono. «¿En qué trabajará esta chica?», pensó Katherine sorprendida.

—Ven, siéntate, iré a servir la cena —dijo Rosa.

Katherine tomó asiento a la mesa y Rosa le sirvió una apetitosa pasta con pollo en salsa de queso, presentada en un elegante plato cuadrado de cerámica blanca. Para acompañar, le ofreció una copa de vino y un vaso de cristal con agua con gas.

Katherine la miraba con una mezcla de curiosidad y mil preguntas rondándole la cabeza.

—Espero que te guste —expresó Rosa.

—Se ve delicioso, muchas gracias. Oye, ¿cuánto tiempo tienes viviendo aquí? —preguntó Katherine antes de dar el primer bocado.

—Un año —respondió Rosa—. Soy de otra ciudad. Vine aquí a trabajar como periodista, aunque apenas estoy escalando poco a poco hacia el puesto que realmente deseo.

—Entiendo… Al parecer ganas bastante bien —comentó Katherine riendo suavemente.

—No del todo, pero mi familia me apoya con algo de dinero. Mis padres son médicos de profesión, trabajan en un prestigioso hospital y, bueno… no les va nada mal.

—Y a ti tampoco te va nada mal —añadió Katherine observando el buen gusto del apartamento.

Ambas compartieron una risa amena.

—¿Y tú en qué trabajas? —inquirió Rosa.

—Junto con una amiga tenemos una floristería a pocas cuadras de aquí. Se llama «Así la Floristería» —contó Katherine con gracia.

—¡Genial! Me encantan las flores, sin duda pasaré a comprarles algo pronto.

—Sería estupendo que fueras, tenemos variedad en especies y colores. Por cierto, ¿tienes novio o amigos aquí en la ciudad? —preguntó Katherine buscando romper el hielo.

—No tengo novio. Mis padres eran bastante estrictos con ese tema y me acostumbré a no experimentar el amor, sino solo a observarlo en los demás.

Tampoco tengo amigos por aquí; trabajo demasiado y no me queda tiempo para socializar.

En mi ciudad natal tengo unos cuantos a los que extraño a veces —confesó Rosa con un toque de melancolía.

—Bueno, ahora yo seré tu amiga y vecina. Cuando estés libre, puedes buscarme arriba o llamarme… Anota mi número —sugirió Katherine intentando animarla.

Rosa sacó su teléfono y guardó el contacto. Cenaban tranquilamente conversando sobre sus vidas, cuando de pronto el repentino golpe a la puerta interrumpió la paz del momento.