29. Miradas que queman y una realidad diferente
Miradas que queman y una realidad diferente
El fiscal Nilow salió furioso de la corte. Antes de marcharse, se giró para lanzarle una última advertencia a John:
—Ya no tendré que tratar contigo, desquiciado —espetó con rabia antes de irse.
John se limitó a soltar una carcajada tranquila. El oficial de custodia, desconcertado por su actitud, le comentó:
—¿Por qué tanta felicidad? Dos años en prisión son dos años de tu vida perdidos.
—Vámonos —respondió John, ignorando por completo las palabras del guardia.
Ambos subieron al vehículo y se dirigieron de regreso a la prisión. Media hora después llegaron; el oficial lo escoltó hasta su celda y se despidió con un seco:
—Es todo por hoy, John. Adiós.
John ingresó, se dio un baño relajante, se cepilló los dientes, se puso la ropa de presidiario y se acostó en la cama.
Pensó por unos minutos en las palabras del oficial y luego suspiró con indiferencia.
Más tarde le llevaron su plato de comida; se sentó a comer tranquilamente y, al terminar, se durmió profundamente.
Durmió toda la tarde hasta que una voz familiar lo despertó:
—John, es hora de despertar.
John abrió los ojos, se sentó a la orilla de la cama y murmuró:
—Déjame tranquilo, solo quiero dormir.
—Has dormido toda la tarde. Ya me enteré de que te dieron dos años de cárcel… ¡Qué pena, amigo, pero pasará rápido! —comentó Luke con una sonrisa.
—Eso es lo que menos me preocupa, Luke. ¿Resolviste lo de hoy? —preguntó John de inmediato.
—Sí, eso ya está resuelto. Las chicas recibieron su dinero y el guardia de tu puerta mandó a decir que todo está bajo control, que no te preocupes por nada.
—Excelente —aprobó John.
—Por cierto, Katherine me escribió diciendo que viene a verme… No sabía que era tan apuesto —bromeó Luke riendo.
John se acostó de nuevo, cerró los ojos y preguntó con tono seco:
—¿Algo más?
En el preciso instante en que Luke iba a responder, vio a las dos chicas acercándose por el pasillo.
—¿Qué pasa, Luke? ¿Por qué te quedas callado? —preguntó John al notar su silencio.
Luke no dijo nada. John se incorporó a la orilla de la cama y pudo ver a Katherine acercándose. Su corazón comenzó a latir con fuerza y, por un segundo, bajó la mirada. Ambas chicas caminaban despacio, y Luke alcanzó a notar cómo Nasly empujaba disimuladamente a Katherine para que diera el frente.
—Hola, chicas —saludó Luke.
John se recostó de nuevo y cerró los ojos, sintiendo una mezcla de nerviosismo y un intenso deseo de tenerla cerca.
Katherine y Nasly se detuvieron frente a los barrotes.
—Hola, Luke, ¿cómo estás? —saludó Nasly efusiva.
—Bien, ¿y ustedes? —respondió el oficial.
—Bien —dijo Katherine al mismo tiempo que Nasly asentía.
—Me alegro mucho. A ver, Katherine, ¿para qué querías verme? —inquirió Luke siguiendo el juego.
—Solo quería agradecerte por haberme ofrecido tu ayuda sin conocerme… Te traje estas flores —dijo Katherine, extendiendo el ramo con timidez.
Antes de que Luke pudiera reaccionar, Nasly estiró la mano y sacó rápidamente algunas flores del arreglo.
—Oye, tú, John… toma, para que no te sientas tan mal encerrado —dijo Nasly, pasándole las flores a través de los barrotes con total desparpajo.
Luke soltó una carcajada y Katherine sonrió apenada.
Con una sonrisa en los labios, John se puso de pie y las tomó. En ese preciso instante, la mirada de John y la de Katherine se cruzaron fijamente. Katherine comenzó a sudar frío a causa de los nervios.
Al notar su reacción, la sonrisa de John se ensanchó.
—No sé si te lo han dicho, John, pero eres muy apuesto. Un placer, mi nombre es Nasly, y ella es Katherine —se presentó la amiga sin complejos.
—No me lo dicen… lo piensan —respondió John con seriedad, sin apartar los ojos de la joven frente a él.
Nasly se sonrojó ligeramente.
Al notar la creciente tensión en el ambiente, Luke intervino:
—Voy a la cafetería por un jugo… ¿Me acompañas, Nasly?
Nasly, captando de inmediato la indirecta de que debían dejarlos a solas, miró a su compañera y sugirió:
—Katherine, ¿no quieres ir tú por agua?
—No, la verdad no —respondió Katherine sin apartar la mirada de John, consumida por el deseo y la expectativa.
—Está bien, vamos —cedió Nasly, y ambos se alejaron dejándolos solos en el pasillo.
John y Katherine quedaron cara a cara, mirándose con una intensidad palpable.
—Siento no haber podido ofrecerte nada aquel día en la cafetería —rompió el hielo John, dando un paso al frente y acercándose a la reja.
—No te preocupes, no pasa nada… Qué cosas tiene la vida, que terminemos encontrándonos aquí —murmuró Katherine muy nerviosa, jugueteando con un mechón de su cabello.
John estiró la mano a través de los barrotes, colocó los dedos sobre su cabello y deslizó la palma suavemente hasta tomar la suya, apartando con delicadeza sus dedos del mechón.
—Hubiese querido que nuestro primer encuentro después de la cafetería hubiera sido en otro lugar… en otra realidad —susurró con voz ronca.
Katherine se sonrojó hasta las orejas. Las manos le temblaban, no sabía qué decir y un silencio cargado de electricidad los envolvió por completo.
«¿Realidad? ¿Qué quiere decir con eso?», pensó ella, confundida pero profundamente cautivada.
John soltó una suave risa y acarició su mejilla con la yema de los dedos. Los ojos de Katherine brillaban con intensidad y se mordió los labios de manera involuntaria; todo su cuerpo suplicaba por un beso.
Al notar el interés evidente de la joven, John deslizó su mano hasta la nuca, agarrando su cabello con firmeza y atrayéndola con decisión hacia los barrotes. Katherine se aferró al metal con ambas manos y simplemente se dejó llevar, sintiendo que sus labios estaban a apenas un suspiro de distancia…