Dile No al Deseo 28. El gran pedido, la huida de Jade y el reencuentro inesperado
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28. El gran pedido, la huida de Jade y el reencuentro inesperado

El gran pedido, la huida de Jade y el reencuentro inesperado

—¡Buenas tardes! —saludó el amigo de Luke, entrando por la puerta de la floristería.

Katherine se acercó de inmediato:

—Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle?

—Vengo por el encargo del ramo gigante.

Nasly se acercó corriendo.

—¡Sí, está listo! —exclamó—. Pero sacarlo de aquí va a ser todo un reto… ¿Cómo piensas transportarlo?

—Traje mi camioneta, eso no será problema. Entre los tres podemos cargarlo —respondió el amigo de Luke.

—Claro, desde luego —aceptó Katherine.

Los tres tomaron el voluminoso arreglo con cuidado, lo sacaron de la tienda y lo acomodaron en la parte trasera de la camioneta.

—No fue tan difícil —comentó el hombre con una sonrisa.

—Sí que fue fácil —rió Katherine aliviada.

—Muchas gracias —dijo el amigo de Luke, entregándole a Nasly un sobre sellado con el dinero en efectivo.

Nasly lo tomó y exclamó rebosando de felicidad:

—¡Gracias a usted! Que lo disfrute.

El hombre subió a su camioneta y se marchó. Ambas entraron corriendo a la floristería y saltaron de alegría.

—¡Nunca habíamos tenido una venta así! Sin duda alguna, este es tu día de suerte, Katherine —celebró Nasly abrazándola con fuerza.

—Me apena que no podamos usar este dinero para remodelar la floristería —murmuró Katherine con un dejo de tristeza.

—¡Tranquila! Si esa oportunidad llegó, ¡llegarán más! —la animó Nasly, entregándole la cartera—. Ahora ve al banco, deposita el dinero y paga de una vez tu deuda.

—Está bien —respondió Katherine, marchándose a toda prisa hacia el banco.

Nasly se quedó organizando unas rosas en el mostrador cuando la puerta se abrió de golpe.

—¡Lucecita, amor mío, ¿dónde estás?! —preguntó Jade entrando con confianza.

—Ya se fue —respondió Nasly con una frialdad notable.

—Qué mal… Bueno, pasaré más tarde.

—Mejor no. No creo que regrese por un buen rato —cortó Nasly.

—Dile que la estaré esperando en su casa por la noche —insistió Jade.

—¿No tienes algo mejor que hacer con tu vida? —lo atajó Nasly.

—En verdad, no —respondió Jade encogiéndose de hombros antes de dar media vuelta, prender su moto y marcharse.

—Estúpido… —masculló Nasly mientras volvía a barrer el suelo.

Unas horas más tarde, Katherine regresó radiante.

—¡Ya pagué! Estamos completamente libres de deudas —anunció con una sonrisa—. Voy a escribirle al oficial Luke para preguntarle si estará trabajando hoy en la prisión.

—Por cierto, Jade estuvo aquí. Dijo que te esperará en tu apartamento esta noche —le advirtió Nasly.

—Tendré que ir a cenar a casa de Rosa. De todos modos, no tengo opciones de comida; sería lo mismo que cené ayer y desayuné hoy —se lamentó Katherine, con fastidio ante la perspectiva de comer lo mismo otra vez.

—¿Quién es Rosa? —preguntó Nasly extrañada.

—Mi vecina del segundo piso, la que tiró una cubeta con agua sucia por la ventana justo cuando io iba pasando. La verdad es que se ve una chica muy tierna, y lo menos que puede hacer después de eso es invitarme a cenar. Iré; no quisiera hacerle el desplante.

—Me parece excelente que vayas. Es mil veces mejor cenar con ella que aguantar al sudoroso de Jade —bromeó Nasly.

Ambas rieron a carcajadas.

Katherine revisó su teléfono: el oficial Luke le había respondido que efectivamente estaría esperándola en la prisión.

Emocionada, le contó la noticia a Nasly.

Pasaron el resto de la tarde atendiendo a los clientes y, al caer la noche, cerraron la floristería para tomar un taxi directo al centro penitenciario.

Al llegar, descendieron entusiasmadas, ingresaron al edificio y comenzaron a caminar por los pasillos buscando al oficial Luke.

—Katherine… Mira, esa es la celda 15. ¿Qué tal si vamos a saludarlo? Es muy guapo, me encanta… —susurró Nasly, tocándose las mejillas con timidez y una sonrisa pícara.

—Sí, vamos —aceptó Katherine.

Ambas se acercaron con el corazón latiendo con fuerza por los nervios. Sin embargo, al dar unos pasos más, vieron a John charlando animadamente con el oficial Luke.

Katherine sintió que el mundo se detenía por completo. Estaba tan nerviosa que era incapaz de articular palabra o de pensar con claridad. «Ese rostro es perfecto… Es el hombre que me gustaría…», pensó.

—¡Ven, Katherine! Estás caminando muy lento. Ahí están los dos conversando —la interrumpió Nasly, tirando de su brazo.