26. Flores azules, promesas y una visita pendiente
Flores azules, promesas y una visita pendiente
Katherine lloró hasta que el cansancio la venció y se quedó profundamente dormida.
Al día siguiente, el estridente sonido de su teléfono la despertó de golpe.
—¿Quién será a esta hora? —murmuró, tomando el celular de la mesa de noche con los ojos entreabiertos—. ¿Hola?
—¿Dónde estás? ¡Es tarde, muy tarde, Katherine! —resonó la voz alterada de Nasly al otro lado de la línea—. Recuerda que hoy tenemos la gran venta y hay que tener la floristería impecable. Es un pedido enorme y tenemos que prepararlo, ¿o ya se te olvidó?
—Sí… ya voy —respondió Katherine con voz somnolienta.
—Espera… ¿estabas durmiendo? ¿Qué hiciste anoche? ¡No me digas que estuviste con Jade! ¿Tuviste intimidad con ese miserable? —inquirió Nasly sin filtro.
—¡No, ni loca! Sí estuvimos juntos, pero solo fue una caminata por el parque y una estúpida botella de vino —aclaró Katherine.
—¡Levántate y corre hacia acá! —ordenó Nasly antes de colgar.
Katherine se levantó de un salto, fue al baño a darse una ducha rápida y se lavó los dientes. Regresó a la habitación para vestirse: eligió un vestido azul fresco, zapatillas blancas y ató una cinta blanca en su cabello suelto. Lucía como una verdadera muñeca.
Fue a la cocina a buscar qué desayunar. Al abrir el refrigerador, solo encontró queso, mantequilla, un par de botellas de agua y jugo de naranja. Preparó un pan con queso, lo miró por un segundo y se dijo a sí misma:
—Esto es solo un proceso… Esto es algo temporal.
Comió despacio, tomó una botella de agua y salió del apartamento. Mientras bajaba las escaleras exteriores del edificio, se topó de frente con su vecina.
—¡Hola! Lo siento nuevamente por lo de ayer —dijo Rosa, apenada.
—Ya te perdoné —respondió Katherine brindándole una sonrisa rápida mientras apresuraba el paso.
—¡Puedo invitarte a cenar cuando regreses! —le gritó Rosa desde arriba.
—¡Desde luego! —aceptó Katherine levantando la mano en el aire.
Apresuró la marcha para recuperar el tiempo perdido, pero a mitad de camino tuvo que detenerse; el estómago le empezó a doler por haber corrido inmediatamente después de comer. Tras tomar aire un par de minutos, continuó caminando a un ritmo más pausado hasta llegar a la tienda.
Al entrar, Nasly la recibió con los brazos en la cintura.
—Katherine, debería penalizarte… aunque no puedo, porque sería quitarte lo único que no tienes —bromeó Nasly entre risas.
—Qué graciosa… Voy a sentarme un momento a descansar —suspiró Katherine dejando su bolso.
—Está bien, yo seguiré limpiando el piso —dijo Nasly.
—Te ayudaré a organizar las flores —ofreció Katherine poniéndose de pie.
Ambas se pusieron manos a la obra: seleccionaron cuidadosamente rosas y lirios de diferentes colores, formas y tamaños hasta armar un majestuoso arreglo gigante.
Al terminar, Katherine tomó varias varas sueltas y comenzó a diseñar un ramo exclusivo utilizando solo flores azules y blancas.
—¿Algún cliente pidió ese ramo que estás preparando? —preguntó Nasly curiosa.
—No. Se lo voy a regalar al oficial Luke —confesó Katherine con una sonrisa—. Creo que es un bonito detalle por su intención de quererme ayudar. Iré a llevárselo hoy mismo.
—Iremos juntas —corrigió Nasly—. Además, traje comida para compartir porque sé que andas corta de presupuesto.
—Comamos entonces, ya terminé —dijo Katherine aliviada.
Ambas se sentaron a almorzar alegremente en el mostrador.
—¿A qué hora iremos a la comisaría? —preguntó Nasly.
—Al finalizar la jornada sería lo ideal. Recuerda que primero debemos esperar al cliente del gran pedido —recordó Katherine.
—Es verdad —asintió Nasly.
Dos horas más tarde, el campanillero de la puerta principal sonó, anunciando la llegada de un visitante.