Dile No al Deseo 25. El plan maestro, confidencias nocturnas y el amanecer del juicio
56%

25. El plan maestro, confidencias nocturnas y el amanecer del juicio

El plan maestro, confidencias nocturnas y el amanecer del juicio

—Me voy a dormir —dijo John, recostándose en la cama nuevamente y cerrando los ojos—. Demasiado circo por hoy.

—¿Cómo crees? —dijo el oficial Luke, de pie junto a los barrotes.

—¿Qué tal? —preguntó John sin abrir los ojos.

—Resolví lo de Katherine. No quería que la chica se sintiera atada a pagarme un dinero que ni siquiera es mío, sino tuyo. Además, sé que tenías pensado dárselo de todos modos… No ibas a permitir que se quedara en la calle, ¿cierto? —dijo Luke con una sonrisa complaciente.

—Eso no lo sabes —respondió John soltando una risita—. Me estás conociendo bastante bien, Luke.

—Cuando agregué a las chicas al teléfono, noté que en sus perfiles de redes tienen promociones de su floristería, con la ubicación y el nombre.

Al parecer, ambas son socias y trabajan juntas allí.

Le pedí a un amigo que se hiciera pasar por un comprador importante y las contactara para hacer un pedido grande…

exactamente por la cantidad justa que Katherine necesita para pagar su deuda de la renta —explicó Luke.

—Impresionante —dijo John aplaudiendo despacio—. Eres un genio, Luke.

—Así no tienen la presión de pagar un préstamo. Mañana iré por el dinero, se lo entregaré a mi amigo para que vaya a realizar la compra formal y, bueno… con las flores sobrantes, le pedí que las repartiera en algún parque u hospital —añadió el oficial.

—La caridad ante todo —comentó John con aprobación—. Realmente me impresionas.

—Por cierto, Katherine me escribió. Parece que el plan marcha tal como queríamos.

Me agradeció la intención, pero me avisó que ya no necesitaría el préstamo porque le salió ese trabajo.

Así que todo salió perfecto. Concéntrate para que mañana todo salga bien en el tribunal y podamos tomarnos un café con esas chicas, John —animó Luke.

—¿Y le respondiste? —preguntó John, mostrando un claro interés en la mirada.

—Aún no, lo haré más tarde —respondió Luke.

—Está bien. ¿Trajiste el papel y el lápiz?

—Sí, aquí tienes —dijo Luke, pasándoselos entre los barrotes.

John comenzó a escribir de inmediato.

—Aquí tienes todo anotado: la dirección exacta y la clave secreta para que la seguridad del portón principal te entregue el dinero. Solo dales el papel, diles la cantidad y ellos se encargarán del resto.

—Perfecto. Voy por emparedados para ambos —dijo Luke alejándose hacia la cafetería. Minutos después regresó con dos emparedados y jugos de fruta—. Toma, John.

John aceptó la comida y ambos comenzaron a cenar en silencio por un momento, hasta que Luke rompió el hielo:

—Oye… ¿qué tema personal tienes con el fiscal Nilow? ¿Será que estuviste con alguna mujer de él?

—Podría ser al revés —respondió John con enigmática serenidad.

—Entiendo… ¿Por qué querría hacerte tanto daño?

—¿Qué mujer despechada no querría hacer daño? —dijo John mirando fijamente a Luke—. A veces no entienden lo que significa no corresponderles. No puedes domar a un animal que ya hizo las paces con el bosque y la soledad. Un animal salvaje, libre de elegir, pero que no busca nada.

—Qué profundo, John… Por eso mismo no salgo con cualquiera —bromeó Luke.

—¿Tú crees? —respondió John, y ambos rompieron a reír.

—Descansa. Mañana será un día muy importante para ti, John.

—Mañana será un día más, solamente —concluyó John.

Terminó de comer, se lavó los dientes en el lavamanos de la celda y se acomodó a dormir.

Al día siguiente, el estridente golpe metálico de los barrotes al abrirse lo despertó de golpe.