Dile No al Deseo 24. Copas baratas, verdades ebrias y un límite necesario
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24. Copas baratas, verdades ebrias y un límite necesario

Copas baratas, verdades ebrias y un límite necesario

—¡Hola, hermosa lucecita! —saludó Jade al entrar al apartamento, abriendo los brazos para darle un abrazo.

—Eres tú… —respondió Katherine en un tono apagado, sin disimular el desánimo.

—¿Qué te pasa? Mira, ¡te traje algo! —dijo Jade, metiendo la mano en una bolsa.

—¿Qué me trajiste? —preguntó ella, intentando sonar algo animada.

—¡Aquí tienes, amor! ¡Te amo! Vamos a tomarnos juntos esta botella de vino —anunció Jade, sacando una botella económica de baja calidad.

—Sí… genial —murmuró Katherine, decayendo por completo.

«De todas las botellas caras y buenas que compró en el supermercado, ¿me trae la más barata? Esta ni a él le gusta», pensó Katherine con amargura.

—¿Y bien? ¿Busco las copas? —preguntó Jade sosteniendo la botella.

—Sí, búscalas. Iré a cambiarme —respondió ella, dirigiéndose a su habitación para ponerse un vestido cómodo pero coqueto.

Mientras Jade lavaba las copas en la cocina y servía la bebida, Katherine regresó a la sala y se sentó en el sofá. Jade se acomodó a su lado y le entregó su copa.

—Estás preciosa —dijo él, acariciándole el cabello.

Katherine se sintió extrañamente incómoda con el gesto.

—¿Podemos salir a caminar? —preguntó, buscando aire fresco.

—Claro, pero terminemos la copa primero. No podemos salir a la calle con ellas —respondió Jade.

Entre conversación y risas vacías, no solo se terminaron las copas, sino la botella entera.

—Listo, vámonos, Katherine —dijo Jade, abriendo la puerta principal.

—¡Espera! —exclamó Katherine riendo, sintiendo el mareo del alcohol—. Voy al baño rápido.

—Está bien —dijo Jade, volviendo a cerrar.

Ya dentro del baño, Katherine revisó su celular y le escribió de inmediato a Nasly: «¿Nos prestaron el dinero?».

«¡No, tonta! Mañana irá un cliente que quiere un encargo enorme de flores. Con ese dinero puedes pagar tu deuda de la renta y no tenemos que pedirle nada a nadie», respondió Nasly.

«No, Nasly, olvídalo. La floristería necesita arreglos, tenemos que reabastecernos y tú tienes tus propias responsabilidades. No puedes darme todo ese margen», protestó Katherine.

«Katherine, vamos a resolver tu problema primero y después no cobrarás tu parte por un tiempo, ¡así de simple!», zanjó Nasly.

«Está bien… Pásame el número del oficial Luke para agradecerle y decirle que ya no necesitaremos el préstamo», escribió Katherine.

«De acuerdo, aquí lo tienes», respondió su amiga.

Con un par de copas encima, Katherine le envió un mensaje a Luke: «Gracias por querer ayudarnos, bonito. Ya conseguimos el dinero».

Salió del baño y le dijo a Jade: —Vámonos.

Ambos bajaron las escaleras y caminaron hasta un parque cercano. Se sentaron en un banco entre bromas y risas. Jade la rodeó con los brazos y le dio un beso tierno.

—Estoy loco por estar contigo, Katherine —murmuró él al oído.

—Yo también, pero hay que esperar —respondió ella.

—¿Podemos hacer algo sin romper las reglas? —insistió Jade, besando su cuello.

—No, Jade… Estoy ebria, no vale la pena —dijo ella entre risas, apartándolo suavemente.

—Me tienes loco. ¿Qué no haría yo por ti, Katherine? —suspiró él dramáticamente.

En ese momento, Katherine pensó con ironía: «¿De verdad haría lo que sea?», y dejó escapar una risita.

Se quedaron media hora observando el parque y a la gente pasar. Al regresar al edificio, al llegar a la entrada, Jade abrió la puerta y dijo:

—Bueno, si vamos a dormir tengo mucho sueño.

—Espera —dijo Katherine, poniéndose seria de golpe—. Estamos ebrios. No vas a subir.

—Estoy cansado, lucecita… Permiso —insistió Jade intentando pasar.

—Si piensas quedarte, hay una renta que pagar. ¿Estás dispuesto a aportar? —soltó Katherine con rabia acumulada.

Jade dio un paso atrás de inmediato, descolocado.

—Es cierto que estás muy ebria… Lo siento si te molesté. Adiós —dijo marcando distancia rápidamente y marchándose a toda prisa.

Katherine subió sola las escaleras, entró a su apartamento y se tiró en la cama de su habitación, llorando desconsoladamente por haber tratado a Jade de esa manera.