22. Compras de lujo, agua sucia y una visita inesperada
Compras de lujo, agua sucia y una visita inesperada
Katherine se escondió detrás de unas estanterías y miró con incredulidad.
¿Es Jade? ¡Sí, es Jade! ¿Y qué está comprando?
Era una enorme compra: pizzas congeladas, helados, cereales, frutas, chocolates, palomitas de maíz y varias botellas de vino costoso. No había forma de que todo eso fuera para su madre; a su mamá ni siquiera le gustaba la comida chatarra, ella amaba los caldos de pollo tradicionales.
«¡Ya basta, voy a confrontarlo!», pensó Katherine poniéndose de pie.
Sin embargo, cuando Jade terminó de pagar y avanzó hacia la salida, Katherine perdió el valor y volvió a ocultarse.
—¿A quién engaño? Soy una perdedora… Me voy —murmuró desanimada.
Tomó sus dos miserables bolsas casi vacías y caminó hacia su casa.
—Ese tonto… No puedo creerlo. Me engañó con palabras bonitas, pero peor soy yo por habérselas creído —se reprochó a sí misma durante el trayecto.
Al llegar a su edificio y comenzar a subir las escaleras exteriores, de pronto le cayó encima un balde de agua sucia que uno de los vecinos acababa de arrojar.
—¿Pero qué es esto? ¡Qué asco! No puede ser… Definitivamente hoy no es mi día —exclamó empapada.
Ingresó al edificio, subió furiosa hasta el segundo piso y tocó la puerta con brusquedad. Le abrió una joven de cabello negro y largo, piel clara y profundos ojos verdes.
—¡Lo siento! ¡Lo siento muchísimo! No sabía que venías subiendo —dijo la joven, asustada al ver a Katherine chorreando agua.
—Está bien… Discúlpame tú a mí por tocar e interrumpirte. Adiós —respondió Katherine seriamente.
—¿Puedo invitarte a pasar? Entra, por favor —ofreció la chica, llamada Rosa.
—¡No, gracias! —dijo Katherine, apresurando el paso hacia el piso superior.
Al entrar a su apartamento, puso las dos tristes bolsas sobre la mesa y corrió al baño. Se dio una ducha muy larga, se lavó los dientes, puso la ropa mojada a lavar y fue directo a la cocina. Tomó su celular y le envió un mensaje a Nasly.
«No sabes lo que acaba de pasar», escribió.
«¿Qué?», respondió Nasly al instante.
«Jade estaba en el supermercado haciendo una gran compra, mientras yo tuve que dejar el jamón en la caja porque no me alcanzaba el dinero».
«Te dije que es un miserable y un egoísta. No te diré lo que tienes que hacer porque ya lo sabes. Adiós», sentenció Nasly.
«¿Te vas? Hablemos un rato más», le pidió Katherine.
«Estoy ocupada», cortó Nasly.
«Está bien», se resignó Katherine.
Dejó el teléfono sobre la mesa y suspiró:
—Qué difícil va a ser terminar con Jade… Es un buen chico, solo tiene sus defectos. En fin, tengo hambre, vamos a cenar.
Katherine preparó un emparedado sencillo de queso y mantequilla, sirvió un vaso de jugo de naranja y se sentó en el sofá a comer mientras buscaba una película en la televisión. Recordó que Nasly debía avisarle si el oficial Luke respondía, pero prefirió no molestarla.
Media hora después, el teléfono sonó. Era un mensaje de Nasly:
«¡Compañera, ¿dónde estás?! Tengo noticias… ¡de las buenas!».
Justo cuando Katherine se disponía a responder, llamaron con firmeza a la puerta. Katherine frunció el ceño, extrañada por la hora, y fue a abrir.