Dile No al Deseo 20. Entre la esperanza y la escasez
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20. Entre la esperanza y la escasez

Entre la esperanza y la escasez

—¡Hola! ¿Cómo estás? —escribió el oficial Luke a Nasly.

—Hola, bien, ¿y tú? —respondió ella—. Voy a guardar su número —le comentó a Katherine—. ¿Qué tal si le pedimos el dinero a él?

—¡Estás loca! Acabamos de conocerlo —dijo Katherine, preocupada.

—No está de más preguntar —insistió Nasly.

—¿Y cómo lo vas a hacer?

—Eso déjamelo a mí —dijo Nasly con una sonrisa pícara.

—Estoy bien. ¿Y tu amiga cómo está? —preguntó el oficial Luke en el siguiente mensaje.

—Mal… Va a tener que vivir en la calle en un mes si no logra pagar la renta —escribió Nasly, enviando un emoji triste.

—¿En serio? Qué mal… Conozco a alguien que podría ayudarla. Esa persona puede prestarle el dinero. Bueno, le diré a John, él las ayudará; al menos eso creo —respondió Luke.

Al leer el mensaje en voz alta junto a Katherine, ¡ambas gritaron de emoción y se abrazaron en medio de la floristería!

—Sí, por favor. Ella de verdad lo necesita y es un problema real, no queremos aprovecharos de ti —escribió Nasly.

—Tranquilas, chicas, no pasa nada. Solo dile a Katherine que sea más responsable —bromeó Luke.

—Claro, se lo diré —respondió Nasly.

—Voy a hablar con John y luego les dejo saber, ¿está bien?

—¡Sí, sí! Muchas gracias de corazón —finalizó Nasly.

—Es un ángel que llegó a ayudarme —suspiró Katherine con alivio.

—De verdad te salvaste de esta, pero aún no nos ha confirmado nada. Esperemos a ver qué sucede —advirtió Nasly.

—Ya casi tenemos que cerrar, vamos a recoger y organizar para irnos —propuso Katherine.

—Estoy cansada, la verdad —admitió Nasly.

Ambas se pusieron a limpiar y ordenar el local. Al terminar, tomaron sus carteras y salieron a cerrar la floristería.

—Nasly, por favor, en cuanto te responda no dudes en llamarme. Necesito saber de inmediato si me van a prestar ese dinero… ¡Qué pena me da, pero una en necesidad tiene que hacer lo que sea! —comentó Katherine, y ambas soltaron una carcajada.

—Claro, cuenta con eso. ¡Nos vemos! —se despidió Nasly.

Katherine caminó hacia su casa. Al llegar, se detuvo en la esquina para observar la entrada de su edificio. Jade no estaba por allí. «Qué alivio», pensó.

«Mejor voy al supermercado antes de subir al apartamento, no tengo nada en la nevera.»

Caminó unas cuantas cuadras hasta llegar a un supermercado cercano. Al entrar, decidió no gastar de más y se limitó a tomar solo lo estrictamente necesario para la cena: pan, queso, mantequilla, jamón y un galón de jugo de naranja.

Al llegar a la caja registradora, la cajera pasó todos los artículos. Sin embargo, al momento de pagar, el dinero en efectivo no le alcanzaba. Con pena, Katherine tuvo que dejar el paquete de jamón y empacar el resto de sus compras en la bolsa.

Cuando estaba a punto de marcharse, escuchó una voz muy familiar proveniente de la caja de al lado. Volteó de inmediato para descubrir de quién se trataba…