19. El aplazamiento y la desesperación de Nilow
El aplazamiento y la desesperación de Nilow
—Se han recolectado las pruebas de ambas partes, se han escuchado y anotado todas las declaraciones expuestas y ahora me toca analizar la documentación para tomar una decisión sobre este caso.
El proceso se aplaza para mañana a las diez de la mañana.
¡Pasen buenas tardes! —declaró el juez, poniéndose de pie y abandonando el estrado.
John Nishpor se levantó con calma y, junto al oficial a cargo de su custodia, caminó hacia la salida.
El fiscal Nilow permaneció sentado unos segundos más, en silencio, devanándose los sesos sobre cuál sería el siguiente movimiento de John.
John, sin embargo, lucía completamente sereno. Al salir de la sala de audiencias, el guardia le preguntó con amabilidad si quería otro vaso de café antes de retirarse.
—No, gracias. Eso se lo dejo a los demás —respondió John con fina ironía.
—Vámonos —indicó el oficial, guiándolo hasta el vehículo policial.
John subió al auto y, mientras avanzaban por la ciudad, miraba las calles a través de la ventana con un toque de nostalgia.
Al llegar a la comisaría, lo escoltaron de vuelta a su celda. Lo primero que hizo John fue ir al pequeño baño a darse una ducha refrescante. Sin embargo, al sentir que de la tubería solo salía agua tibia, se llenó de rabia y le dio un fuerte puñetazo a la pared.
Tras secarse y vestirse con ropa limpia, se dejó caer exhausto sobre la cama.
—Mañana será un día decisivo —murmuró para sí mismo.
Minutos después, los oficiales le pasaron la bandeja de la cena. John, sin importarle si la comida era de su agrado o no, la devoró como si llevara un mes entero sin probar bocado. Entregó los utensilios a través de los barrotes y volvió a recostarse a reposar.
Estaba a punto de conciliar el sueño cuando su amigo Luke se acercó a la reja.
—¡No te vayas a dormir, John! Tengo noticias —dijo Luke con una sonrisa complaciente.
—Necesito dormir, Luke —respondió John con voz pesada, cerrando los ojos.
—Está bien, volveré más tarde —cedió Luke, alejándose por el pasillo.
En cuestión de segundos, John quedó profundamente dormido.
Horas más tarde, el fiscal Nilow hizo su aparición en la comisaría, luciendo visiblemente agotado.
—¿Y John? —le preguntó al oficial Luke al cruzar la entrada.
—Está durmiendo —respondió Luke.
—Está bien, déjenlo dormir. Voy por un emparedado —suspiró Nilow.
—Lo acompaño —se ofreció Luke.
—Por supuesto.
Ambos caminaron hacia la cafetería del recinto. Nilow ordenó un sándwich y un jugo de naranja, mientras que Luke pidió un café negro con galletas de avena. Se sentaron juntos en una de las mesas del rincón.
—¿Cómo va el caso de John? —preguntó Luke, dando un sorbo a su taza.
—Nada bien… Creo que el juez no quedó lo suficientemente convencido de que sea culpable —admitió Nilow con desánimo.
—¿Qué vas a hacer entonces?
—No lo sé —confesó el fiscal, pasándose una mano por el rostro—. Creo que dejaré esto a decisión del juez; lo que él decida, será. Ya entendí que este tipo está loco y yo solo quiero paz.
—Entiendo. Me parece una decisión correcta —comentó Luke con calma.
Nilow lo miró con cierta extrañeza por la neutralidad de su respuesta. En ese instante, su teléfono comenzó a sonar sobre la mesa. El fiscal atendió de inmediato.
—Hola. No respondiste mis mensajes, ¿cuéntame qué pasó? —habló una voz femenina al otro lado de la línea.
—Fue un desastre. Ya me resigné —respondió Nilow a regañadientes—. El juicio se aplazó para mañana. Lo que diga el juez… ese será el destino de John.
—Entiendo —dijo la voz femenina en tono frío.
—Escucha, ¿puedo verte esta noche? Tengo una botella de vino muy costosa en el auto… Y si me haces el favor de ponerte lencería negra y entregarme lo que me debes, damos este caso por cerrado, ¿entiendes? —propuso el fiscal bajando la voz, revelando sus intenciones.
—¡Ni lo pienses! —sentenció la mujer enfurecida, colgándole la llamada de golpe.
El fiscal Nilow apretó los dientes, se puso de pie bruscamente y le dio un fuerte puñetazo a la mesa de la cafetería.