Dile No al Deseo 18. La crueldad de las deudas y la máscara de Jade
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18. La crueldad de las deudas y la máscara de Jade

La crueldad de las deudas y la máscara de Jade

«Tienes tres meses de atraso en la renta de tu apartamento. Si no te pones al día con los pagos, tendrás que entregarlo el próximo mes», decía el mensaje enviado por el propietario del inmueble donde vivía Katherine.

Al terminar de leer, Katherine no pudo contenerse y rompió a llorar.

—¿Qué voy a hacer? No tengo ese dinero —exclamó en voz alta, desesperada.

—¿Qué dinero? ¿De qué estás hablando, Katherine? —preguntó Nasly, acercándose muy preocupada.

—La renta, Nasly… ¡la renta! —repitió Katherine, secándose las lágrimas.

—¿Qué pasó con la renta? ¿Te atrasaste?

—Sí… debo tres meses con este. Si no pago para el próximo mes, tendré que entregar el apartamento.

¿Dónde voy a vivir? La renta es muy cómoda y sabes que esta ciudad es costosa.

Es lo mejor que encontré cerca de la floristería y no tengo auto para buscar algo más lejano.

O sea, era perfecto para mí —explicó Katherine, poniéndose de pie con evidente angustia.

Nasly se levantó de inmediato y la abrazó con fuerza.

—Tranquila, lo resolveremos —dijo con total seguridad, intentando calmarla.

—Gracias —respondió Katherine con la voz entrecortada.

—Ahora dime qué pasó. Los pagos aquí en la floristería son puntuales, ¿en qué gastaste ese dinero? —preguntó Nasly, cruzándose de brazos.

—Bueno… compré una cama nueva, un microondas y también me ha estado dando pereza cocinar —admitió Katherine, encogiéndose de hombros como intentando ocultar algo más.

—Y… continúa —insistió Nasly, conociéndola bien.

—Está bien… Le presté dinero a Jade para reparar su moto. Fueron varias veces y eso atrasó mis pagos de la renta —confesó Katherine en tono serio.

—Te dije que tienes que ponerle un alto a ese chico. ¡Tu situación actual es para que te ayuden a ti! —exclamó Nasly, indignada.

—Es que me dio mucha pena. Él trabaja repartiendo pedidos y todo el dinero que gana lo divide: una parte para ahorrar para su propio auto y la otra para ayudar a su mamá con los gastos de la casa.

Además, es un chico muy tierno… aunque a veces sea intenso, tienes que reconocer que es dulce —argumentó Katherine.

—Pena me das tú en este momento, Katherine —replicó Nasly sin rodeos—. Llámalo ahora mismo y dile que te devuelva el dinero que te debe. Al menos con eso puedes pagar dos de los meses atrasados.

—¿Tú crees? Me da mucha vergüenza llamarlo para eso —dijo Katherine, sujetándose el codo con timidez.

—Vergüenza debería darle a él quitarle dinero a su novia cuando debería ser al revés. Además, si él tiene dinero ahorrado, no hay problema en que te devuelva lo que te pertenece.

—Está bien, lo llamaré —cedió Katherine, sacando el teléfono de su bolsillo para marcarle a Jade.

—¡Hola, mi hermosa lucecita! ¿Cómo estás? —contestó Jade al otro lado de la línea.

—Estoy bien, amor… ¿y tú?

—Cansado, amor. Estoy en la calle trabajando, tú sabes —respondió él.

—Oye, necesito decirte algo. No sé cómo decírtelo, pero no tengo opción. Necesito el dinero que te presté. Tengo tres meses de retraso en la renta y me están exigiendo pagar. ¿Puedes devolvérmelo? —pidió Katherine, apenada.

—Ay, lucecita… ese dinero lo deposité en el banco como parte del pago del auto, y sacarlo de ahí es súper complicado. Además, lo que gane hoy se lo tengo que dar a mi mamá para su renta. Sé que me entiendes. Me tengo que ir, ¡te amo, adiós!

Katherine ni siquiera pudo responder; Jade le había colgado la llamada.

—Jade no sirve ni para novio, ¿te imaginas como marido? Vas a tener que trabajar para él, para su familia y, al final, para ti. ¿Qué vamos a hacer? —protestó Nasly, molesta.

—No lo sé —suspiró Katherine, desanimada.

Nasly tomó su propio teléfono para revisar a quién podía pedirle un préstamo. En ese preciso instante, le llegó una notificación en la pantalla: era un mensaje del oficial Luke.