Dile No al Deseo 8. Náuseas y sospechas
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8. Náuseas y sospechas

Náuseas y sospechas

Katherine se levantó de golpe. Lo primero que salió de su boca fue un grito:

—¡Jade!

Al escucharla, Jade, quien estaba hablando por teléfono en la cocina, se apresuró a decir:

—Cambiaré el pedido, sí. Lamento mucho haberle entregado la mercancía equivocada. Esta misma mañana pasaré a revisar su entrega y a cambiarla si es necesario. Mil disculpas, ¡feliz día! —colgó de inmediato.

Katherine se estrujó los ojos, tratando de espabilarse. «¿Aún estoy soñando?», se preguntó.

—¿Con quién hablabas? —inquirió, mirándolo con curiosidad.

—Es una clienta. Hizo un pedido de detergente para ropa negra, y resulta que quería detergente en cápsulas para ropa de color. ¿Puedes creerlo? Tendré que pasar por allá. Al menos esa señora siempre me da buenas propinas. Y tú, lucecita, ¿cómo dormiste?

—Ah… bien, muy bien —respondió Katherine, un poco distraída—. ¿Y tú, mi amor?

—¡Excelente! Tu cama es sumamente cómoda. La mía tiene unos resortes que se me entierran en la espalda —rió él.

—Me alegro. Te dejé dos pedazos de pizza calientes en el microondas, cómetelos —dijo Katherine, levantándose del sofá para ir al baño.

Antes de que pudiera avanzar, Jade se interpuso en su camino, la tomó suavemente de la cintura y la atrajo para besarla. Katherine se tensó de inmediato, sintiendo una punzada de rechazo.

—Jade, apártate. ¡Qué asco! —dijo, apartándolo incómoda con las manos—. No ves que ni siquiera me he cepillado los dientes.

—Lo siento, ¡yo sí lo hice! —rio él—. Gracias por tener un cepillo extra aquí para mí. Mi tierna lucecita, siempre pensando en mí —añadió en un tono empalagoso.

—Eh… sí. Permiso, voy al baño —respondió seria.

Al cerrar la puerta tras de sí, Katherine suspiró.

«De verdad que está loco», murmuró. Se dio una ducha rápida, se cepilló los dientes, se envolvió en una toalla y corrió a la habitación para cambiarse.

Mientras tanto, Jade sacaba la pizza del microondas y se sentaba a comer, concentrado en su plato.

Katherine se vistió con un hermoso vestido amarillo y unas zapatillas blancas. Dejó su largo cabello castaño suelto; realmente parecía una muñeca. Al salir de la habitación, Jade la contempló con admiración.

—¡Hermosa! Estás muy bella. ¡Tengo a la mujer más hermosa a mi lado! —exclamó riendo.

—Termínate la pizza, que ya me tengo que ir a trabajar —dijo ella, esbozando una leve sonrisa mientras tomaba su cartera.

—¿Qué vas a desayunar, lucecita?

—Iré a la cafetería de la esquina a ver qué compro —en ese instante, la imagen de John, la profundidad de sus ojos y la calidez de su mano tocando su rostro cruzaron por su mente. Katherine se sonrojó de inmediato y desvió la mirada rápidamente para que Jade no lo notara.

—No tienes que ir —dijo Jade, levantándose de la mesa—. Pasaré ahora mismo a recoger un pedido y te llevaré el desayuno al trabajo. Ve directo a la floristería, nos vemos allá en unos minutos.

—Me parece excelente. Gracias, Jade.

—Todo por mi lucecita.

Ambos salieron del apartamento y bajaron las escaleras. En la calle, cada uno tomó su rumbo: Jade fue por su motocicleta y Katherine caminó hacia la floristería. Al llegar, se dio cuenta de que Nasly ya había abierto el negocio.

—De verdad que no dormiste anoche, ¿eh? Viniste a madrugar —bromeó Katherine al entrar.

—No pude conciliar el sueño, así que salí más temprano —respondió Nasly, sonriendo—. Tomé café y me siento muy activa para recibir clientes hoy.

—¡Qué alegría escuchar eso!

—Cuéntame, ¿qué pasó anoche con Jade? —preguntó Nasly con tono pícaro.

—Nada, en realidad. Ojalá no vuelva a mi casa a dormir; ese sofá me está destrozando la espalda. Lo quiero, pero en su casa —confesó Katherine, y ambas estallaron en risas.

Una hora más tarde, Jade llegó con el desayuno.

—Aquí tienen. Me tardé un poco, lo siento, pero aquí estoy.

—Gracias, lo compartiré con Nasly —dijo Katherine.

En ese momento, Nasly apareció y tomó la bolsa.

—Sí, conmigo —bromeó antes de retirarse.

Jade y Katherine compartieron una mirada divertida, se dieron un rápido beso de despedida y él se marchó en su moto a continuar con su ruta.

Poco después, Katherine fue a buscar a Nasly para comer juntas. Sin embargo, apenas se sentaron, Nasly se llevó una mano a la boca y salió corriendo hacia el baño a vomitar. Katherine fue tras ella, le sostuvo el cabello con cuidado y le acarició la espalda.

—¿Te sientes mal del estómago?

—Sí… desde anoche estoy así. No quería decirte nada —respondió Nasly, apoyándose exhausta contra la pared.

Katherine la observó en silencio por un segundo, un presentimiento cruzando por su mente.

—Nasly… ¿te has hecho una prueba de embarazo?

—No —susurró su amiga, sorprendida por la pregunta.

Sin perder tiempo, Katherine corrió a la farmacia de la esquina. Compró agua, pastillas para las náuseas y una prueba. Al regresar al baño de la floristería, le entregó las cosas.

—Toma estas pastillas para el malestar… pero no te las vayas a tomar antes de hacerte esto —le dijo, colocando con cuidado la prueba de embarazo en sus manos.