Dile No al Deseo 7. Cómplices y llamadas nocturnas
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7. Cómplices y llamadas nocturnas

Cómplices y llamadas nocturnas

—¿Registraron mi casa? ¿Con qué permiso? —preguntó John, arqueando una ceja.

—Yo soy el que hace las preguntas aquí, Nishpor, y aún no me has respondido —replicó el fiscal Nilow con tono severo.

—Es parte de mis ahorros. Que le tomen una foto a mi caja fuerte abierta, con mi dinero, es una falta de respeto a la propiedad ajena. Espero que el dinero esté completo.

Nilow soltó una carcajada irónica.

—Está incautado. Y déjame decirte que será muy difícil que lo recuperes. Tal vez nunca pase; lo más probable es que se lo quede el Estado.

—Qué bien. Siento que por fin estoy pagando mis impuestos de manera eficiente. Me parece un buen acuerdo —respondió John con total calma, mientras tamborileaba los dedos sobre la mesa—. ¿Y cuándo me puedo ir?

El fiscal Nilow lo observó, perplejo ante semejante tranquilidad.

—Por ahora, no. Hemos terminado por hoy, pero tal vez mañana nos encontremos aquí mismo otra vez.

—Qué aburrido. Caer en tus manos es como caer en un pozo —dijo John, levantándose de la silla con elegancia.

—Ya estarías en casa si hubieras cooperado. Por ahora, disfruta de tu estadía en este hotel de cinco estrellas.

—Lléveme a mi celda —le indicó John al oficial que acababa de abrir la puerta.

El guardia asintió y lo guio por el pasillo.

Mientras tanto, el fiscal Nilow recogió los documentos de la mesa.

Al notar que le faltaba uno, sonrió entre dientes con fastidio.

Salió de la sala de interrogatorios y se dirigió a la cafetería de la estación.

Compró un emparedado y una botella de agua, y se sentó solo a comer.

Poco después, el oficial Luke se acercó a la mesa.

—¿Puedo sentarme, fiscal?

Nilow asintió sin dejar de masticar.

—¿Logró hacer hablar a John? —preguntó Luke en voz baja.

—No, pero lo hará. Solo te digo una cosa: ese tipo está loco. Creo que terminó en el lugar equivocado, debería estar internado en un hospital psiquiátrico.

El oficial Luke bajó la mirada hacia la mesa, disimulando su expresión.

—Entiendo. El caso se ve bastante complejo.

—Llamaré a un psiquiatra si sigue sin querer hablar, o al menos buscaré un abogado de oficio que hable por él —añadió el fiscal, terminando su emparedado.

Bebió un largo trago de agua, se levantó y miró al oficial—.

Trata de mantener tu distancia con él, Luke, no vaya a ser que termines igual de loco.

—Está bien, fiscal Nilow.

Luke se quedó sentado esperando a que el fiscal se retirara, tirara la basura en el zafacón y saliera por la puerta.

En cuanto se aseguró de que estaba solo, Luke fue al mostrador de la cafetería y ordenó un emparedado específico: pan integral con jamón de pavo.

También pidió un jugo de fresa natural. Pagó, tomó el pedido y caminó a paso rápido hacia las celdas.

Al llegar frente a los barrotes, sonrió.

—John, llegó la cena.

John, que estaba acostado de espaldas, respondió sin mirarlo:

—Te estaba esperando, Luke. Espero que sea de dieta —dijo, incorporándose lentamente.

—Oh, por supuesto que sí —respondió Luke con una sonrisa cómplice, pasándole la comida a través de las rejas.

—¿De pavo? —preguntó John, revisando el empaque.

—Estás a dieta, ¿no? —bromeó Luke, y ambos soltaron una carcajada contenida.

—Bueno, ya me voy. Que te aproveche, John —dijo el oficial, dándose la vuelta.

—Gracias, amigo —respondió John en voz alta. Luke solo levantó la mano en señal de despedida y siguió su camino por el pasillo.

Mientras tanto, ya de noche, el fiscal Nilow conducía de regreso a su casa cuando su teléfono comenzó a sonar. Conectó el manos libres y respondió.

—¿Hola?

—Hola, fiscal. ¿Contento? —preguntó una misteriosa voz femenina al otro lado de la línea.

—Me entregaste a un desquiciado. En vez de contento, me siento completamente estresado.

—Puedo ayudarte con eso… —sugirió la mujer con un tono suave y sugerente.

—¿Dónde estás? —inquirió Nilow, apretando el volante.

—Sabes perfectamente dónde encontrarme —respondió ella con sensualidad, justo antes de colgar.

El fiscal miró la pantalla del teléfono por un segundo, intrigado, y aceleró.