Dile No al Deseo 6. El señor caramelos y otras luces
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6. El señor caramelos y otras luces

El señor caramelos y otras luces

—¡Jade, no! —gritó Katherine, despertando sobresaltada—. ¡Por favor, no lo hagas! ¡No quiero!

Se incorporó de golpe, con el corazón latiéndole en la garganta. Miró a su alrededor con rapidez, pero la sala estaba vacía. No había nadie allí.

—¿Qué pasó? Qué extraño… —murmuró, tratando de calmar su respiración—. Pensé que… ¿No estaba Jade aquí?

Parecía que solo había sido una pesadilla, pero se había sentido tan real. Sintió un escalofrío.

—Tengo que cambiarme, no puedo seguir en toalla aquí en la sala. En cualquier momento Jade puede salir.

Buscó su teléfono para revisar la hora: eran las tres de la mañana.

—No puede ser. Debí cambiarme antes —se reprochó en un susurro. De repente, un pensamiento aterrador cruzó por su mente—: ¿Y si Jade salió mientras yo dormía? ¿Y si me observó… o me tocó?

—No, no lo creo —se dijo a sí misma, presionando una mano contra su pecho para obligarse a calmarse.

Se puso de pie y caminó hacia la habitación en puntillas, aguantando la respiración.

Abrió la puerta con extremo cuidado, se deslizó dentro y abrió el clóset lentamente para sacar un camisón de dormir.

Salió de la misma forma, cerrando la puerta con delicadeza para no hacer ruido.

Jade estaba completamente sumergido en el sueño; con lo pesado que dormía, ni siquiera había notado el sobresalto de Katherine al despertar.

Se dirigió al baño, se puso la pijama y se cepilló el largo cabello castaño mientras se masajeaba las sienes con suavidad.

Al terminar, abrió la llave del lavamanos con cierta dificultad; el manubrio estaba oxidado desde hacía tiempo.

Se lavó la cara y suspiró desanimada al cerrar el grifo con fuerza para que no goteara.

«Tengo que cambiar esto, ya no cierra bien», pensó.

Fue a la cocina, sacó dos pedazos de la pizza que había sobrado y dejó los otros dos en la nevera para que Jade desayunara en la mañana.

Los metió al microondas. «Cinco minutos bastarán», se dijo.

Mientras esperaba, sacó una botella de agua de la nevera.

No confiaba en tomar agua del grifo; la última vez que lo hizo, terminó en la sala de urgencias con un terrible dolor de estómago.

Con su plato caliente y su botella de agua, se sentó a la mesa. Aprovechó para revisar su teléfono y vio un mensaje de su compañera de trabajo, Nasly, enviado hacía unas horas:

Nasly: «¡Hola, compañera! Me encontré al “Señor Caramelos” cuando iba de camino a mi segundo trabajo. Me comentó que iba para tu casa y que llevaba una pizza extra grande. Creo que esta vez habrá noche de cine… y ya sabes a qué me refiero, jeje 😉».

Katherine soltó una risita y le escribió de vuelta:

Katherine: «Pues la película la vi sola, porque el Señor Caramelos se comió su pizza con extra queso y se quedó profundamente dormido en el sofá, jeje».

Para su sorpresa, Nasly respondió casi de inmediato:

Nasly: «Compañera, ¿y eso no te preocupa? ¿No será que tiene otras lucecitas alumbrando su día?».

A Katherine le molestó el comentario.

Katherine: «Nasly, en serio, no insistas con esas cosas. No lo creo, él está tranquilo. Además, ¿qué haces despierta a esta hora?».

Nasly: «Lo mismo que tú».

Katherine: «Entiendo. Pues me iré a dormir ya, que en unas pocas horas te veré la cara».

Nasly: «Duerme bien, compañera. Te quiero».

Katherine: «Yo igual ❤️».

Apagó la pantalla y se acomodó de nuevo en el sofá. A la mañana siguiente, el sonido de una voz la despertó de golpe. Era Jade, que hablaba por teléfono en la cocina.

—No te preocupes, cambiaré…

Esas fueron las palabras que la hicieron abrir los ojos de par en par, con una nueva duda instalada en el pecho.