Dile No al Deseo 4. Visiones en el sofá
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4. Visiones en el sofá

Visiones en el sofá

—Hola, hermosa. ¿Por qué estás tan pálida? —preguntó Jade en tono confundido.

Al verlo allí de pie, Katherine respiró profundo, sintiendo un alivio inmediato en el pecho.

—Jade… eres tú. ¿Por qué no me llamaste? —preguntó todavía tocándose el corazón—. Debiste avisarme, ¿no estabas trabajando? ¿Qué haces aquí?

—Tomé la noche libre. Ya no repartiremos más pedidos por hoy —respondió él con una sonrisa—. Traje pizza, pero ya veo que tú también compraste. Bueno, ¡podemos comer de ambas! —añadió riendo.

—Claro, ven, pongámoslas en la mesa —dijo Katherine, intentando disimular su agitación.

—Sí, enseguida. Pero todavía tengo la duda… ¿por qué reaccionaste así al abrir la puerta? ¿Esperabas a alguien más?

—¡No, claro que no! —respondió de inmediato, dibujando una sonrisa nerviosa.

—Bueno, comamos, que tengo mucha hambre. ¡Trabajé durante todo el día repartiendo pedidos y estoy súper cansado! —se quejó Jade, sentándose.

—Comamos. ¿Pongo una película de romance? —sugirió ella.

—No —replicó Jade—. Mejor una de misterio.

—¡Sabes que no me gustan, Jade! —reclamó Katherine, incómoda.

—Lucecita, no te enojes. Veamos romance, pues —cedió él.

—¡Qué bueno! Esperé mucho para ver esta contigo —dijo Katherine, emocionada como una niña pequeña.

Jade sonrió y ambos se acomodaron en el sofá.

Sin embargo, mientras la película corría, Jade no paraba de bostezar.

Poco después, quitó el brazo que tenía alrededor de Katherine y se acomodó las manos sobre el pecho, alejándose un poco.

En la pantalla comenzó una escena bastante exótica.

Katherine se sonrojó por completo, sintiendo una repentina oleada de vergüenza.

—Hace calor, ¿no? —le preguntó a Jade, buscando conversación.

Jade no respondió. Al notar el silencio, Katherine lo observó y descubrió que estaba profundamente dormido. Suspiró fastidiada. «No puede ser», se dijo. Tomó un cojín con molestia y se lo lanzó directo al rostro.

Jade se despertó sobresaltado.

—Katherine, me molesta que hagas eso. Estoy cansado, me voy a dormir.

—¿No te vas a tu casa? —preguntó ella, sorprendida.

—No, estoy agotado. Dejé la moto bien guardada en el parqueo pequeño del edificio. Me dormiré en tu habitación; quédate aquí viendo la película.

—¿Tengo opción? —preguntó Katherine con sarcasmo.

—¡No! —bromeó Jade mientras caminaba hacia el cuarto.

Entró, cerró la puerta, se quitó la ropa y se dejó caer pesadamente en la cama. «Qué cómoda», suspiró antes de quedar completamente inconsciente.

Por otro lado, Katherine fue a la mesa, tomó otro trozo de pizza y regresó al sofá.

Mientras el amor brotaba a través de la pantalla, ella comenzó a sentir sensaciones ardientes en su propio cuerpo.

Sentía la pasión ajena como suya; el romance de la televisión le provocaba una profunda melancolía.

Ella también quería sentir esa pasión en piel propia.

En ese intervalo de tiempo, rió, lloró y suspiró sola.

Cuando la película terminó, lavó los platos y guardó los restos de pizza. «Me servirá para mañana», pensó. Se dio una ducha rápida y, al salir, recordó que Jade ocupaba su habitación. «No puedo entrar, quiero evitar la tentación», se dijo, molesta.

Se quedó en el sofá, envuelta solo en su toalla. Mientras se acomodaba para intentar dormir, la rabia la invadió: «Está en mi cama, sin bañar, todo sucio…». Pensar en eso le asqueaba. ¿Por qué no se había ido a su casa? «Para la próxima, no lo dejo entrar», juró antes de cerrar los ojos.

El cansancio la venció, atrapándola en un sueño pesado y turbio. De repente, la realidad pareció distorsionarse en su mente.

—Katherine, amor, no tengas miedo… —susurró la voz de Jade en su oído, mientras comenzaba a quitarle la toalla suavemente.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella en el sueño, completamente agitada y con el corazón en un hilo.

—No tengas miedo, déjame el resto a mi —respondió él, lanzándose encima de ella, tomándola firmemente de las piernas para abrirlas con lentitud.