6 Cade #3
—¿Es cierto?
—Es cierto —respondió Elias en voz baja.
Irons se inclinó hacia delante y entrelazó las manos.
—Así que después de eso no le dije gran cosa. Solo que nos importa una mierda dónde metáis la polla en vuestro tiempo libre. Se lo dije con palabras bastante más finas, claro, pero es verdad. La cuestión es que no acabo de creerme esta historia.
Cade respiró hondo.
—Mira, jefe…
Irons levantó una mano y negó con la cabeza.
—Y, personalmente, me da igual cuál sea la verdad.
Si estáis juntos, como lleva diciendo todo el mundo por aquí un par de años, es cosa vuestra.
Solo aseguraos de dejarlo fuera del horario de trabajo.
Pero, como he dicho, no creo que sea eso lo que pasa.
Lo que sí sé es que ella está demasiado interesada en esa relación que dice que tenéis.
—Sí, sí que lo está —convino Cade.
—Y también sé que no me lo ha contado por mi bien ni me ha llamado para felicitarme. Eso a ella le trae sin cuidado mientras aquí no la liemos y la dejemos en mal lugar. Así que tiene que tener un motivo y, como tú pareces conocerla tan bien, me da que ese motivo eres tú, Cade.
Cade no dijo nada; entendió que más le valía mantener la boca cerrada.
—Y, dicho esto, no quiero saber la verdad. Francamente, no es asunto mío. Pero os lo digo clarito: el interés que tiene en esto me pone nervioso. No soltó nada a las claras, ojo, pero me puso nervioso igual.
Cade le dedicó una sonrisa cargada de ironía.
—Se le da, eh…, muy bien hacerte sentir que quiere decir algo distinto de lo que dice.
Irons asintió.
—Y que sabes perfectamente qué quiere decir en realidad.
Así que, si me equivoco y sois pareja, probablemente no habrá ningún problema.
Pero, si esto es una gilipollez que os habéis montado por el motivo que sea y ella se entera, sí lo habrá.
Y entonces también tendréis un problema conmigo, ¿entendido?
—Sí, señor —respondió Elias en voz baja.
—Bien. Necesitaba que supierais cómo va el marcador. Porque parece que la partida ya ha empezado —dijo Irons, recostándose por fin en la silla.
Cade forzó una sonrisa que se parecía más a una mueca.
—Gracias, señor.
Irons resopló.
—No me des las gracias, pero ahora ya sabes lo que pasa. Y, para que conste, sea verdad o no, avisadme si esos dos idiotas de ahí fuera os dan problemas. Ya amenacé a Keith un par de veces cuando entró Matthew, y no me importa volver a hacerlo.
—Tomo nota —dijo Cade, levantándose de la silla.
Cuando Cade llegó a la puerta, Elias ya estaba en el pasillo.
No esperaba que su amigo dijera gran cosa, pero el nudo de preocupación que tenía en el estómago se le apretaba cada vez más.
La expresión de Elias no revelaba nada cuando señaló con la cabeza hacia el vestuario.
Mientras lo seguía, Cade ya buscaba a toda velocidad qué decirle.
Elias fue el primero en hablar cuando entraron en el vestuario.
—Sabía que esto no iba a acabar sin hacer ruido.
—Lo siento muchísimo, joder, Elias. No pensé que ella… Vamos, llamar al jefe… —balbuceó Cade.
Elias negó con la cabeza y alzó una mano.
—No. Deja ya de disculparte, joder. Dios, Cade.
Cade se irguió, un poco avergonzado al pensar que quizá estaba exagerando.
—Perdón.
Elias suspiró.
—Esa te la paso. Escucha, si de verdad está tramando algo, y apuesto a que el jefe tiene razón y es así, esto no va a acabar pronto.
—Solo va a ir a peor —dijo Cade con gravedad.
Elias mantuvo la voz baja.
—Sí, así es. No va a parar hasta estar convencida de que le dijimos la verdad —sí, «dijimos», no solo tú— o hasta que nos pille en una mentira.
Cade sonrió un poco al oír aquel recordatorio.
—Vale, entonces, ¿qué hacemos nosotros?
Elias bufó.
—Supongo que, por ahora, tú y yo salimos juntos.
Eso significa que probablemente tendremos que aguantar las gilipolleces de Davis y Keith.
Y seguramente también nos caerán más mierdas de otros sitios.
Si nos echamos atrás ahora, ella sacará las uñas y el jefe pondrá nuestros huevos en un tarro encima de su mesa.
—Qué imagen tan bonita.
—El caso es que no va a parar. No hasta conseguir algo.
—Entonces, ¿simplemente… salimos juntos?
—Fingimos y esperamos a que pierda el interés, o aguantamos el tiempo suficiente para «romper» en algún momento. Hasta entonces, más nos vale atarnos los machos y prepararnos para resultar muy convincentes. Porque, si se pone lo bastante desagradable, puede costarnos el trabajo.
—Joder —masculló Cade, consciente de que tenía razón.
—Lo dije anoche y vuelvo a decirlo: estoy metido en esto. Me impliqué en el momento en que te seguí la corriente y no voy a enfadarme por ello. Así que más nos vale estar preparados los dos, porque esta mierda no ha hecho más que empezar —dijo Elias con expresión sombría.
—Pues estoy deseando ver qué viene ahora —murmuró Cade.
—Yo me preocuparía más por cuando se entere tu madre —dijo Elias, posándole una mano en el hombro antes de salir.
Cade lo siguió con la mirada mientras asimilaba las palabras de Elias.
—Joder.