Cuneta León. Comisaría Provincial. Jueves, 0935. #2
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León. Comisaría Provincial. Jueves, 0935. #2

Cardeñosa cerró el cuaderno.

— Eider.

— Dime.

— Va a caer.

— Va a caer.

A la una entró Quintanilla.

— Cuestionario barbacoa.

— Cuenta.

— Aitor me ha mandado lista por wasap de la barbacoa de julio de 2024 en Onzonilla.

Asistentes: Bruno Quevedo, Maite Aller, Aitor Quevedo, primo del lado paterno, Pablo Quevedo Sigüenza, veinticinco años, vive en Burgos.

Hermana de Maite, Pilar Aller Carrasco, cuarenta y cinco, vive en Astorga, no fue ese día porque estaba con un familiar enfermo.

Naia Cembranos. Ya. Seis personas previstas, cinco asistentes.

— Pablo Quevedo Sigüenza.

— Lo he llamado. Está en Burgos. Le he tomado declaración telefónica voluntaria.

Confirma fechas y horario. Confirma que entre las cuatro y las cinco y media de la tarde, él y Aitor se fueron a buscar un cargador de móvil al polígono.

Salieron en coche. Cuando volvieron, su tía Maite estaba en el sofá con Naia.

Su tío Bruno había bajado del piso de arriba un cuarto de hora antes.

Naia tenía cara rara, no habló mucho. Volvieron a León en el Focus de Bruno antes de las seis.

Pablo no notó nada extraño en su tío. Ahora dice que hace memoria y que sí, que su tío estuvo más callado en la cena de la noche, y que se levantó dos veces a fumar al jardín.

— Vale.

— Lo he citado para venir a León a firmar declaración formal. Viene el lunes.

— Bien.

— ¿Maite?

— Maite estaba con Aitor toda la mañana. La citamos también. Ella, mañana después de la presentación. Llamosa estará ocupado.

— Bien.

— Una cosa más, jefa.

— Cuenta.

— He cruzado por el sistema interno antecedentes y posibles incidentes anteriores con menores en la familia Quevedo. Cero antecedentes. Bruno Quevedo no tiene una sola denuncia previa, ni siquiera retirada. Maite Aller, igual. Aitor, igual. Pablo Quevedo Sigüenza, igual.

— Es un primer hecho conocido. No hay patrón previo.

— Que no haya patrón previo no significa que no haya hechos previos. Significa que no se denunciaron.

— Significa eso.

— Sí.

A las dos y cuarto Eider bajó al bar de la esquina con Cardeñosa. Comieron el menú. Lentejas otra vez, pollo a la plancha, café. Cardeñosa habló de su hijo pequeño, que había escupido a la cuidadora. Eider escuchó. Sonrió.

— ¿Tú vas a casa hoy?

— Voy a casa hoy.

— Yo paso por Hugo después.

— Bien.

A las cuatro entraron a la sala de reuniones del Grupo.

La pizarra ya tenía dos nombres tachados con rotulador: Damián Otaola, Tito Casado.

Aitor con el rotulador rojo de "no es" pero "testigo activo".

El Ford Focus en mitad de la pizarra, con un círculo.

Bruno Quevedo en mayúsculas, debajo, con dos flechas: una hacia el Focus, otra hacia "barbacoa Onzonilla julio 2024".

A las cuatro y media le entró a Eider una llamada de Begoña Otero del Diario de León.

— Aristegui.

— Otero.

— Tengo una pregunta y no es la del miércoles. ¿Han detenido al padre del exnovio?

Eider tardó tres segundos.

— ¿Quién te lo ha dicho?

— Una vecina del cuarto. Anónimo.

— Otero, off the record. Hay un investigado por homicidio en celdas. Mañana se presenta al juzgado. Hasta mañana a las dos no doy nombre. Si la noticia sale antes con nombre, sale por filtración y yo me cabreo contigo seis meses.

— Off the record vale. ¿Lo titulo "padre de un allegado"?

— Titula "varón en torno a los cincuenta años, entorno cercano a la víctima, sin antecedentes". Sin barbacoas, sin Quevedo, sin Padre Isla. Mañana a las dos te doy todo.

— Vale.

— Otero. Una cosa más. Si la familia de la víctima te llama en las próximas veinticuatro horas, pásame el aviso. No las uses sin mi luz.

— Vale.

— Gracias.

Otero colgó.

Eider miró a Cardeñosa.

— Mañana viernes presentación al juzgado, prisión provisional, salida del juzgado, coche. Otero en la puerta. Frase del equipo. Se cierra esta semana en pizarra y empezamos a rellenar atestado limpio para el fiscal.

— Y la familia de la víctima.

— Y la familia de la víctima.

A las cinco menos veinte, Llamosa llamó otra vez. Su cliente quería declarar. Eider y Cardeñosa bajaron a sala 2. Bruno Quevedo entró con el agente. Las gafas de cerca, la camisa arrugada, los ojos en la mesa. Llamosa al lado. Grabadora encendida, Cardeñosa dijo los datos.

Bruno habló durante una hora sin que apenas le interrumpieran.

Reconoció la barbacoa de julio del año anterior, el episodio de la cocina, el miedo de un año, la cena familiar del martes en la que Aitor mencionó que Naia salía el viernes al Húmedo.

Reconoció la excusa de la cena con cliente, la salida en el Ford Focus, el rato en el Camarote.

Reconoció haber esperado a Naia en la esquina de Plegaria con Cardiles.

Reconoció haberle ofrecido llevarla. Reconoció el desvío al polígono de Onzonilla.

Reconoció el empujón en el aparcamiento, la caída de Naia hacia atrás, el golpe contra el bordillo.

Reconoció no haber llamado a una ambulancia.

Reconoció haber esperado dentro del coche con el cuerpo veinticinco minutos antes de decidir trasladarlo a la cuneta.

Reconoció el repostaje de las tres y dos minutos en la Repsol del kilómetro tres y medio.

Reconoció haber tirado la cazadora vaquera de Naia en una papelera de la avenida San Mamés a las cuatro de la mañana.

No reconoció premeditación. No reconoció intención de matar.

Cuando terminó, Eider hizo una pregunta única.

— ¿Por qué no llamó a una ambulancia cuando vio que no se levantaba?

Bruno miró la mesa.

— Porque tenía miedo.

Eider asintió. Cardeñosa apagó la grabadora a las seis y cuarto. Bruno volvió a celdas. Llamosa se quedó cinco minutos firmando el acta con la oficial de instrucción. Después se fue.

A las seis y veinte, Eider firmó el atestado en la mesa de Cardeñosa.

— Llama al juez de guardia para mañana — dijo, en voz baja.

— Llamado.

A las seis y media, Eider salió de comisaría. Se metió en el Mégane. Llamó a Hugo Setién.

— ¿En casa?

— En casa.

— Voy.

— Te espero.

Llovía igual.