8. ¿Lo iba a hacer…?
¿Lo iba a hacer…?
—Buenos días… —dije avergonzada cuando bajé y le vi colocando las cosas del desayuno en la mesa.
—Hola, cielo… —se acercó, me besó y me abrazó con fuerza—. ¿Qué tal todo?
—Rafa, yo… Creo que deberíamos hablar de lo que pasó ayer.
—Vamos a desayunar, que no quiero llegar tarde. ¿Qué pasa? ¿Ya te estás arrepintiendo de tú oferta de anoche?
Rafa estaba completamente normal, pero se me quedó mirando como si buscase alguna muestra de arrepentimiento tras la intensa noche que habíamos tenido.
—El sábado habíamos hablado de bajarnos a ver a los niños…
—A ver, Tere. Dejamos a los niños anteayer.
No pasa nada porque no los veamos este fin de semana.
Están estupendamente con tus padres. Se pasarán el día en la piscina, y te aseguro que en lo último en lo que pensarán el sábado es en que su madre vaya a verlos y a poner límites a lo que seguro que está siendo una alimentación aberrante y unos horarios completamente inadecuados.
Déjalos tranquilos esta semana. La próxima iremos a verlos, y ya nos quedamos allí. ¿O es que el problema es otro?
Tomé un sorbo de café en silencio, preocupada por el lío en el que me había metido la noche anterior.
—No te entiendo Rafa. Esto es una locura.
Anoche nos dejamos ir. Me dejé llevar por la excitación del momento, pero creo que ahora, más tranquilos, deberíamos volver a hablar del tema.
No creo que debamos hacer algo como lo que te propuse.
¡Joder!, estábamos follando y muy calientes, pero ahora en frío, tenemos que pensar las cosas como dos adultos.
—Yo no tengo nada que pensar. Lo tengo todo muy claro. Ahora bien, la que tiene que querer hacerlo, eres tú, y yo no te puedo obligar a nada. Lo que sí te agradecería, es que no me des falsas esperanzas.
—Rafa… —le miré con las primeras lágrimas en los ojos—, he estado pensando que esto va a traernos consecuencias. No quiero que pase, yo te quiero a ti…
Se levantó visiblemente molesto, y empezó a recoger su taza y su vaso de zumo de naranja, que no había tocado.
—No te enfades, Rafa. Es que no puedo creerme que quieras que me acueste con alguien que no seas tú en nuestra cama…
—Pues, aunque no te lo puedas creer, es lo que quiero que pase. Probablemente creas que estoy enfermo, y es posible que lo esté, pero es lo que necesito. Como podrás comprobar, estoy totalmente tranquilo y te quiero sin ninguna duda, lo hagas o no.
—No puedo hacerlo —dije apoyando la cabeza entre las manos.
—Lo respeto. Pero en ese caso, no vuelvas a ponerme el caramelo delante de los ojos. No me gusta que jueguen conmigo.
—¡No estoy jugando contigo, joder! Te estoy diciendo que no quiero follar con otro tío en nuestra cama. ¿Eso te parece un juego? Es una puta locura.
—Una locura que me obsesiona.
—Pues si te obsesiona, tal vez deberíamos acudir a un especialista. Pero no creo que la solución sea que me tire a otro.
Rafa negó con la cabeza, miró el reloj y se puso la chaqueta del traje.
—Me tengo que ir. Tengo reunión a primera hora.
—Joder, Rafa. ¿Me vas a dejar así?
Se agachó y me miró fijamente. No parecía enfadado, aunque sí decepcionado.
—No pasa nada, Teresa. Pero me tengo que marchar. Estamos organizando el departamento para las vacaciones, y he convocado una reunión con el equipo. Además, no creo que haya mucho más que decir.
Lo besé tiernamente y lo abracé con fuerza.
—Nos vemos por la noche.