CUANDO VUELVA TE LO CUENTO 7. Solos en Madrid
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7. Solos en Madrid

Solos en Madrid

—¿Quieres juerga esta noche? —me dijo cogiéndome de la cintura y tocándome el culo, mientras me susurraba al oído. —Primera noche sin niños. Tenemos que aprovechar.

—Sí… Ya pensaba que no me lo ibas a pedir nunca—le dije con un tono retador.

Acabábamos de llegar de dejar a los niños en la casa de verano que tenían mis padres cerca de Cádiz y por fin disponíamos de todo el tiempo y la libertad del mundo para follar sin reprimir los gemidos, y sin tener que echar el pestillo del dormitorio.

Como no podía ser de otra manera, Rafa me pidió que le volviese a contar mi polvo con Lucas.

Creo que era su preferido, a excepción del que habíamos echado en el baño de la discoteca la noche que nos reencontramos, pero que siempre decía que no era el que más le excitaba.

Me aseguraba que lo que le ponía realmente, era escuchar mis rollos con otros tíos.

Yo ya había superado la fase de incredulidad, y era evidente que le causaba cualquier cosa menos celos, así que no me costaba relatarle mis experiencias sexuales pasadas con todo lujo de detalle.

Incluso las adornaba con cosas que en la realidad no habían sucedido, pero que sabía que le excitaban especialmente.

Rafa tenía especial querencia por todo relacionado por el semen, los fluidos y…

cualquier cosa que yo le pudiese contar que me hiciese parecer más puta.

Cuando la realidad comenzó a no ser suficiente, empezó a fantasear con meter a algún tío en la cama.

Cada vez iba un poco más allá, y hasta cierto punto, debía reconocer que a mí aquellas fantasías también me excitaban.

Yo tenía la idea de que en la cama había un filtro protector que evitaba que lo que allí hablásemos, se convirtiera en un verdadero problema, así que también daba rienda suelta a mis fantasías.

Ya habíamos terminado y yo todavía estaba recuperando mi respiración.

Acababa de “hacer un trío” con Lucas y un tío negro con una polla descomunal mientras Rafa nos observaba desde un sillón, yo dejando que su imaginación volara mientras me recreaba en su fantasía en brazos de aquellos dos machos, siendo follada como una verdadera golfa delante de mi marido.

Pero al terminar, y a diferencia de otras ocasiones, se me quedó mirando más serio que de costumbre y con un gesto de curiosidad.

—¿Serías capaz?

—¿Capaz de qué? —dije temiéndome lo que se avecinaba, pero sin querer darle demasiada importancia.

—De acostarte con dos tíos delante de mí… —me dijo completamente serio sin dejar de observar cada gesto de mi cara.

Habíamos terminado de follar, y por primera vez, no teníamos el famoso filtro de la cama. Pero lo que realmente me preocupó, fue su cara mientras lo preguntaba. No estaba jugando, no tanteaba el terreno como hacía siempre. Era una pregunta directa, clara, y lo peor, es que quería una respuesta.

—¿Estás de coña? —le respondí asombrada por la pregunta en una situación que ya no era de excitación sexual.

—Vale. Me he venido demasiado arriba. ¿Y con uno solo? —insistió. —¿Traer a un tío a casa mientras yo te miro desde el sillón? ¿Serías capaz?

Me quedé mirándole sorprendida y con dudas durante un buen rato. pero quise hacerle ver que le seguía el juego. Sonreí con picardía.

—Follar con Lucas, ¿por ejemplo? —dije con tono irónico, tratando de sacarle hierro a la pregunta, aunque sabía que esta vez no era parte del juego—. Bueno… vamos a ver. Estaba bastante bueno, y follaba realmente bien, así que sí. Creo que sería capaz de hacerlo.

—¿Te acostarías de verdad con él? —insistió de nuevo, y no estaba bromeando en absoluto.

—¿Querrías que lo hiciera? —respondí temiéndome escuchar la respuesta que no quería oír.

—No le estás dando a la pregunta la seriedad que merece. Piensas que continúo con el juego de antes, pero estoy hablando completamente en serio.

Le observé en silencio. La tenía otra vez como una estaca, y extendí la mano para hacerle una paja, pero él me apartó la mano en un gesto que no fue brusco, pero que no dejaba ninguna duda de que no quería que le tocase.

—Respóndeme, Teresa.

—¿Teresa? ¿Había dicho mi nombre completo? Joder… Sólo lo utilizaba cuando estaba enfadado, y realmente en aquel momento no parecía estarlo; o cuando hablábamos de algo realmente trascendente. Era su manera de decir que no quería bromear sobre algún asunto.

—Rafa… —empecé, buscando las palabras con cuidado—.

Me he avenido a hablarte de mis rollos pasados.

Te he contado cosas que no le había contado a nadie.

Hemos fantaseado con tríos, con orgías, con que me follaran delante de ti.

Y me ha excitado a mí también. A los dos nos ha excitado.

Pero esto… esto es entrar en terreno pantanoso.

Él no apartó la mirada. Seguía recostado contra el cabecero, desnudo, con la polla dura a pesar de haberse corrido unos minutos antes. La luz de la mesilla le marcaba los pómulos y le dejaba los ojos en sombra, lo que le confería un aspecto siniestro.

—Lo sé —admitió—. Por eso te lo pregunto en serio. No estoy fantaseando mientras lo hacemos.

Me incorporé un poco, recostándome también contra la almohada, y me cubrí el pecho con la sábana casi por reflejo. Necesitaba esa mínima barrera para pensar con claridad.

—¿Qué es exactamente lo que me estás pidiendo? Porque una cosa es imaginarlo mientras me follas y otra muy distinta es traer a alguien real a esta cama.

—Te estoy preguntando si serías capaz —insistió—. No si lo vamos a hacer mañana. Si serías capaz.

Respiré hondo. El corazón me latía más deprisa de lo que me hubiera gustado admitir.

—¿A ti te gustaría?

—Sabes que sí. — respondió con seguridad.

—¿Lo dices en serio? —no era capaz de procesar que estaba hablando completamente en serio.

—Teresa... ¿Me quieres contestar?

—No lo sé —contesté con honestidad—. Ahora mismo, con la cabeza todavía caliente y el cuerpo sensible, una parte de mí dice que sí.

Que podría. Que incluso me resultaría tremendamente excitante y morboso, pero otra parte…

otra parte tiene miedo. Miedo de que después no sepamos volver atrás.

Miedo de que lo que ahora te pone acabe convirtiéndose en algo que nos rompa.

Por no hablar de que no me veo follando con otro tío delante de ti. ¿No entiendes que es aberrante?

Él asintió despacio, como si esperara exactamente esa respuesta.

—Por eso quiero hablarlo fuera de la cama. Quiero saber qué piensas de verdad.

Me pasé una mano por la cara. El pelo me caía revuelto sobre los hombros. Me sentía vulnerable de una forma que iba más allá de la desnudez.

—Entonces contéstame tú primero —dije—. ¿Qué te excita de verme follando con otros? Porque yo necesito entenderlo. De verdad. No me basta con que me digas que te pone. Quiero saber qué hay detrás.

Rafa guardó silencio unos segundos. Miró hacia la ventana, donde se filtraba la luz de la piscina, y luego volvió a centrarse en mí. Cuando habló, la voz le salió más baja, más reflexiva.

—Hay varias cosas —empezó—. La primera es verte deseada.

No de forma abstracta. Ver cómo otro hombre te mira, cómo te desea y se excita por ti.

Me hace sentir poderoso, la idea de que te toque, de que te desee desesperadamente…

y saber que después vuelves a mí. Eso me genera una mezcla rara de orgullo y de excitación.

Como si tu capacidad de atraer y de disfrutar me perteneciera también de alguna forma.

Hizo una pausa y no le interrumpí.

—Es el morbo de lo prohibido. Durante años me aterraba exactamente esto.

La idea de que alguien más te tocara me generaba una angustia física.

Ahora… ahora ese mismo miedo se ha convertido en algo que me calienta.

No sé explicarlo del todo. Es como si al enfrentarme a él de forma consciente lo hubiera transformado.

Ya no me controla. Lo uso en mi beneficio.

Me pasó una mano por el pelo, pensativo.

—También me excita la idea de verte abandonada al placer sin tener que preocuparte de mí.

En nuestras fantasías siempre hay un momento en el que tú te olvidas de que estoy mirando.

Ese momento… joder, Tere, ese momento me excita más que cualquier otra cosa.

Pensar en ti recibiendo sin tener que medir, sin preocuparte de que me pueda doler o afectar, solo sintiendo.

Es como si me dejaras entrar en una parte de ti que normalmente no muestras, como mirar a través de una cerradura mientras piensas que nadie te observa.

Bajó un poco la mirada hacia las sábanas y luego la alzó de nuevo.

—Y hay algo más. Algo que me cuesta admitir.

Me gusta la sensación de no ser suficiente.

No de forma destructiva. De forma… erótica.

Saber que otro puede darte algo distinto, o más intenso, o simplemente diferente, y que aun así eliges volver.

Esa contradicción me enciende. Es como jugar con fuego sabiendo que el fuego está controlado.

O creyendo que lo está. Creo que es lo que necesito experimentar para sentirme pleno sexualmente.

Sé que suena raro, pero es más una necesidad que un deseo.

Me quedé callada un buen rato después de que terminara. Sus palabras se habían instalado en la habitación con un peso que no tenían las fantasías de las noches anteriores. Ya no era solo suciedad hablada en mitad de un orgasmo. Era una confesión.

—Eso último… —dije al fin—. Lo de no ser suficiente. ¿No te da miedo que un día deje de ser solo una fantasía y se convierta en una creencia real?

Él tardó en responder.

—Sí. Me da miedo. Por eso te lo estoy preguntando así. Porque si en algún momento cruzamos esa línea, necesito estar seguro de que los dos sabemos a qué estamos jugando. Y de que tú no lo haces solo por complacerme.

Le sostuve la mirada. Había sinceridad en su cara. También había deseo.