4. Experiencias
Experiencias
Mis primeras historias:
Pensé en la mejor forma de enfocarlo, para que la historia fuese lo más edulcorada posible para Rafa, que me miraba expectante por lo que le iba a contar.
Verás, recuerdo que aquel día, yo estaba terminando de ducharme, tras una exigente jornada en el gimnasio, mientras esperaba a Luci que, como era habitual en ella, llegaba tarde.
Había preparado una pequeña maleta, ya que la idea era dormir en su casa, como hacía siempre los fines de semana.
Los padres de Luci estaban separados, y ella vivía con la madre, que se había liado con un nuevo novio, por lo que casi todos los fines de semana, los pasaba fuera.
Hacía casi un mes que tú y yo lo habíamos dejado y no estaba para muchas fiestas, pero ante la insistencia de las niñas, decidí aceptar salir de marcha con ellas.
Había pasado una hora delante de mi armario decidiendo qué ponerme.
Nada me parecía lo adecuado, que si este vestido era muy soso, que si este es demasiado formal, o demasiado elegante, o demasiado provocativo, hasta que llegó un mensaje a mi móvil: “Ponte sexy a rabiar, que vamos a quemar la noche. Taconazos, minivestido y sin bragas!!!!”
Guardé silencio durante un rato, pero Rafa me animó a continuar con un gesto.
Aunque no te lo creas, después de que lo dejáramos, lo pasé muy mal, y apenas salía.
Todos los días me decían que me había vuelto una amargada desde que había cortado contigo y probablemente tenían razón.
Me fui directa al armario con la firme intención de cambiar aquella dinámica y enrollarme con alguien.
—¿Sigo? —le pregunté a Rafa, que me escuchaba atentamente. —¿Estás seguro de que quieres escuchar esto?
—Claro. Créeme, no me estás generando celos ni incomodidad.
Siempre he supuesto que habrías continuado con tú vida.
¡Solo faltaba que te hubieses tenido que meter monja!
A mí, perderte me dolió en el alma, pero ni siquiera en aquella época era tan crédulo para pensar que no ibas a hacer lo que te pidiese el cuerpo. Venga, continúa.
Ya sabes…, estuve un rato buscando en el cajón de la ropa interior, saqué un conjunto negro de encaje de tanga y sujetador, el liguero y las medias.
La ropa interior me hace sentir poderosa, aunque no me la vea nadie, y yo esa noche, quería que me la viesen.
Al final di con aquel traje negro de lycra, que solo me dejabas ponerme en privado.
Aquel que decías que era de puta barata, con el escote de infarto.
¿Te acuerdas? La idea era combinarlo con la chaqueta de piel y… taconazos de doce centímetros.
—¡A tomar por culo Rafa y sus putos celos, que esta noche me lo voy a follar todo! ¿No? —dijo Rafa soltando una carcajada muy oportuna para animarme a continuar.
Pues más o menos —le dije correspondiendo a su carcajada. —Cuando llegó Susi, se quedó con la boca abierta. La verdad es que yo iba literalmente pidiendo guerra.
—Aquella forma de vestir, me ponía enfermo. Te lo reconozco. Recuerdo estar en el colegio mayor, pensando cómo saldrías y los celos eran una auténtica tortura. Te imaginaba exactamente cómo estás diciendo que ibas a salir, y yo me reconcomía por dentro.
Le pedí a Luci que me diese cinco minutos que solamente me quedaban los labios. Elegí una barra de color rojo sangre, y ella me dijo que iba a arder Madrid. Ya sabes, una salida de chicas a por todas.
—¡Qué puto peligro!
Era plenamente consciente de que iba impresionante, y más cuando al bajar enfrente del pub en el que habíamos quedado, pasó un coche y se puso a pitar y un par de cabezas se giraron a nuestro paso.
Vosotros quizás no os deis cuenta, pero nosotras vemos vuestras miradas hambrientas.
A veces nos resultan molestas, pero no siempre.
Aquella noche, creo que las necesitaba para armarme de valor.
Llegamos al local y sobre las once de la noche.
Estaba petado, no cabía un alfiler. Poco a poco llegamos a una zona de la barra donde había menos gente, Nos sentamos en unos taburetes altos, giré la cabeza y entonces lo vi.
Justo lo que necesitaba para subirme la moral.
Un tío de los que salen en los anuncios.
El chico no parece tener más de treinta años. Le hice señas a Lucy para que mirase.
—¡La madre que lo parió! Es un puto dios griego hecho hombre. Joder…
Giré mi cabeza hacia donde me indicaba Luci y comprobé que efectivamente, era el tío más guapo de todo el local.
Sonreía con cierta prepotencia, como hacen los modelos en los anuncios de colonia.
Aunque parezca un tópico, ese tío... era la viva imagen de la lujuria, y justo lo que yo necesitaba aquella noche.
Mientras daba un sorbo al vodka con limón que me había pedido, me fijé mejor.
Llevaba una camisa negra de vestir y se colocaba el pelo con la mano.
Todos y cada uno de los centímetros de aquel cuerpo eran perfectos.
Era delgado, musculoso y tenía un bronceado que ya quisiera yo para mí.
Cuando clavó aquellos ojos en mí, el corazón estuvo a punto de salírseme del pecho.
¿Pero qué coño...? ¿Existían hombres así?
Encima me sonrió mostrándome unos dientes más blancos que el anuncio de Ariel. ¡Joder vaya tío!
Esas fueron las únicas palabras que mi cerebro fue capaz de producir. Me fijé que los ojos de Luci también acompañaban a los míos siguiendo cada movimiento que hacía.
—La puta reencarnación de Adonis. Y el cabrón lo sabe. Fíjate cómo se estira para que se le marque el paquete. — me dijo ella.
El típico creído —le dije para picarla.
—Pues yo me lo pasaba por el arco del triunfo ahora mismo —dijo sin dejar de mirarlo. —A eso hemos venido, ¿no? Y si se lo cree es porque puede. No abundan ese tipo de especímenes.
—La verdad es que está como un tren. Vaya cuerpazo que se gasta…
— tuve que reconocer ante aquel despliegue de sensualidad.
Dejé el vaso sobre la mesita de mimbre que había entre nosotras y me incorporé sobre el taburete para verlo mejor.
—Vale, te lo compro. Creo que le dejaría que me hiciese lo que le apeteciera.
—Ni mirarlo. Yo lo vi primero. Me lo pido. —Luci extendió el brazo para taparme los ojos y que no pudiese continuar mirando, pero no calculó bien la distancia y me tiró la copa por encima.
¡Joder, tía! —Me levanté de un salto por la sensación de frío de la bebida en mi piel—. Ten cuidado, joder. Me acabas de pringar entera.
—¡Uy… perdona! Debe ser el karma, tía. Es que un tío así me hace perder los papeles. Es con mucha diferencia el tío más bueno que hemos visto en mucho tiempo.
Venga ya, Luci, las dos sabemos que no podemos pedírnoslo. Ni siquiera sabríamos qué hacer con él. Por no hablar de que ese seguro que tiene una novia con cuerpo de modelo de fitness. O… igual es gay…
—Una mierda gay… Lo de la novia podría ser, pero ese tío no es gay. No jodas.
Bufé, molesta por la mojadura, y me puse en pie de un salto.
Tenía la parte de arriba del vestido empapada, y se me transparentaban los pezones, que encima se me habían puesto de punta por lo fría que estaba la bebida.
Para rematar, parte del líquido descendía peligrosamente por el escote, hacia mi pubis, y ya te dije que no llevaba ropa interior.
—No lo dijiste, pero me parece perfecto.
Creo que sí te lo había comentado, pero ahora da igual. De eso hace un montón de años. Lo que sí recuerdo claramente es que Luci decía que ella sí sabría qué hacer con él. “Creo que me dejaría hacer de todo. Entregaría mi cuerpo a la ciencia para que lo estudiase con detenimiento. Eso haría.”
¿En serio? —bromeé limpiándome como pude con un pañuelo de papel.
—Y te apuesto lo que quieras a que tiene una polla enorme…
¡Luci! —exclamé, tapándome la cara, horrorizada. —¡El bar está a tope, tía! Te van a oír. No estarás ya borracha… ¿no?
Ella miró a su alrededor para asegurarse de que nadie la había oído, aunque era más que evidente que le daba exactamente igual.
Cuando la fulminé con la mirada ella continuó:
—¿Qué pasa? —Y acto seguido, separó los dedos índices de ambas manos a bastante de distancia y susurró—: Muy bien dotado… pedazo de paquete que se le adivina debajo del pantalón.
Joder, no gesticules, ¡serás guarra! Se va a dar cuenta. —susurré, mirando hacia él, que me pareció que nos miraba desde donde estaba.
—Es que, bueno, lógicamente, tiene que ser enorme…
Lógicamente —repetí, reprimiendo una sonrisa. Ya sabes que Luci tiene la cualidad de hacerte reír en cualquier situación, y lo peor era que ella lo sabía, y a veces insistía en sus bromas hasta conseguir sacarte una carcajada.
Todo eran risas, hasta que por fin él se fijó en aquel par de locas que éramos. Se lo dije a Luci que, sin cortarse un pelo, le guiñó un ojo.
—Y sonríe… Joder, me lo montaría con él hasta que no pudiera andar. —Levantó la copa en su dirección a modo de saludo.
Él hombre comenzó a acercarse, y sí, tenía una de esas sonrisas “Profident” que hacía que se te cayesen las bragas al suelo.
—Ay, Dios —susurré —Tía, que se está acercando.
Los intensos ojos castaños del desconocido, tan oscuros que parecían negros, nos miraron alternativamente.
—¿Habéis dicho algo? Me ha parecido que me hablabais a mí.
Joder, menuda voz que tenía. Ronca, deliciosamente varonil.
—No, no era contigo… — me limité a balbucear — Es que mi amiga me ha tirado la copa por encima y me ha empapado.
—No mientas, Tere. Acabas de decir que era el tío más bueno de todo el bar y que dejarías que te la tirases aquí mismo si se lo pidieras. Incluso encima de la barra. Bien sabe Dios que lo necesita más que yo —contestó ella en un tono que hizo que me entraran ganas de darle un puñetazo en la nariz.
—¡Joder con las niñas! ¡Cuánta sinceridad! La historia, desde luego, es de lo más sugerente. Sigue. Empieza a ponerse interesante la cosa —. Dijo Rafa sin inmutarse.