CUANDO TU MUJER SE ARREGLA PARA OTRO. (Confesiones de un cornudo) 3 #14
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Empecé a lamer con más ganas. Jugueteaba con mi lengua en su clítoris unos segundos y luego bajaba a la entrada de su coño a recoger todo lo que salía de él y volvía a la carga.

De vez en cuando mi lengua se escapaba más abajo hasta su culo.

Recorría desde el estrecho agujerito de su culo hasta su coño.

Lo hacía con deseo y Adriana lo disfrutaba.

Introduje un par de dedos en su vagina mientras mi lengua se centraba en su clítoris.

Mis dedos jugueteaban en su interior mientras mi lengua cada vez lamía con más velocidad.

Adriana se espatarraba todo lo que podía y gemía como nunca la había oído.

Introduje un dedo en su ojete. Sus gemidos me anunciaron que estaba a punto de estallar.

Mis dedos se movieron más rápido a la vez que se le aceleraba la respiración y empezaba a correrse.

Mis dedos seguían haciendo estragos en el interior de sus dos agujeros.

El orgasmo estaba siendo brutal. Cerró las piernas aprisionando mi cabeza y me empujó más adentro para que no dejase de lamerla y entonces ocurrió.

Saqué los dedos y al hacerlo un chorro de un líquido caliente y transparente salió disparado de su coño impactando contra mi cara empapándome también el pecho y mojando incluso el suelo.

Adriana sin decir nada apretó con una mano mi cabeza hacia su coño de nuevo, mientras yo volví a lamer recogiendo los restos de su corrida y notando los últimos latigazos de su brutal orgasmo.

Poco a poco sus fuerzas fueron disminuyendo y aflojando la presión que hacía sobre mí hasta que me liberó completamente suspirando para coger todo el aire que su cuerpo demandaba.

Me fui incorporando poco a poco. Las piernas me dolían de tanto rato de rodillas, pero me daba igual. Quedamos el uno frente al otro. Yo de pie. Ella sentada espatarrada conmigo entre sus piernas. Me miró con aquella mirada que yo no conocía, llena de vicio y calentura y me dijo:

–Fóllame de una puta vez, joder.

Fue una orden directa. Carente de cualquier sentimiento.

Adriana solo necesitaba una polla dentro.

Creo que en ese momento le hubiese dado igual la de quien fuese.

Yo acepté el reto y puse mi polla en la entrada de su coño, la restregué un poco y enseguida se la metí.

El calor que desprendía ese coño no lo había sentido nunca.

Mi polla dura y aun fría por el baño en la piscina notaba el contraste de temperatura de una manera que nunca antes había experimentado.

Empecé a follármela. Quería ir despacio, pero me era imposible.

Los movimientos de Adriana hacían que cada vez fuese más rápido.

–Fóllame más duro, cornudo cabrón. Necesito sentirme llena.

Que me hubiese llamado cornudo me sorprendió y me quedé un momento inmóvil. Nos miramos a los ojos unos segundos. Su cara de vicio me volvía loco.

– Me encanta que seas tan puta – y la besé.

Un morreo sucio. Mi boca con todos los restos de la comida de coño que la acababa de hacer pero que ella aceptó gustosa.

Nuestras lenguas se juntaron. Me la ofrecía para que se la chupara y yo lo hacía con ganas mientras me la follaba.

No nos importaba nada en ese momento. Solo estar lo más posible uno dentro del otro.

Bajé un poco el ritmo para no correrme en ese mismo instante y nuestras lenguas por fin se separaron.

—Le has enseñado mis tetas a Guillermo – me dijo mirándome a los ojos y analizando mi respuesta mientras seguía follándomela.

—Sí... era lo que tú querías, ¿no? — le dije bajando aún más la velocidad, pero haciendo más profunda las penetraciones.

—Eras tú el que quería – insistió ella como con superioridad – Reconócelo, querías que Guillermo me viese las tetas, ¿verdad?

— Sí, joder, sí – le reconocí. Me daba igual todo.

Solo quería sentir a Adriana disfrutar y era absurdo negar que yo había enseñado con placer las tetas de Adriana a Guillermo.

Lo había hecho porque deseaba que se las viese.

Me jodía haberlo hecho y sin embargo me excitaba.

– Le han encantado tus tetas. ¿Te ha gustado que te las haya visto?

– le pregunté penetrándola más despacio pero también más profundamente.

—Me da morbo que a ti te de morbo.

—Pero le has enseñado más que las tetas… y eso no te lo había pedido yo.

—Es que estaba muy cachonda… ¿se me ha visto mucho?

—Adri, se te ha visto todo el coño… mmm… Guillermo ha visto tu coño, te ha visto las tetas y el coño – le repetí cachondo perdido. —Me pidió que le dejase subir a follarte.

— ¿Qué dices?

— ¿Qué esperabas? Después de lo que has dicho, quería que le dejase subir. Me lo ha pedido. Y ha insistido, hasta hacer la situación incómoda.

— Mmmm… y tú ¿querrías que me follase? – otra vez clavó sus ojos en los míos, buscando una respuesta.

—No sé… sería morboso… verte follando con el…. pero la clave, es si a ti te gustaría follártelo. ¿Realmente lo habrías hecho si le llego a dejar subir?

—Jose, no empieces con eso… —suplicó.

—Contéstame ¿te lo habrías follado? – le insistí.

— Sí, joder, sí me gustaría follarme a Guillermo – confesó finalmente – ¿Es eso lo que querías oír? Creo que me habría follado a cualquiera con la calentura que llevaba encima.

— ¿A cualquiera? ¿sabes que estás hablando como una zorra?

— Solamente estoy comportándome como mi marido quiere que me comporte. Parece que quisieras que me convirtiese en una puta para ofrecerme a quién desees. ¿No es así, puto cornudo?

Escuchar eso hizo que casi me corriese. Saqué la polla de su coño totalmente pringosa de sus flujos.

La hice bajar del lavabo y le di la vuelta.

De pie con las piernas flexionadas, mirando hacía el espejo donde nos veíamos los dos reflejados.

Metí la polla entre sus piernas buscando la entrada de su culo.

Enseguida me introduje de nuevo dentro de ella.

Veía su cara de vicio reflejada en el espejo mientras mi polla la penetraba con fuerza.

Sus tetas se movían con cada empujón que le daba.

—Seguro que ahora se está pajeando pensando en ti… en tus tetas… nos tenías a los dos empalmados.

—¿Tú crees que se estará pajeando?

—Seguro … pensando en tus tetas y en tu coño… y tú aquí deseando follártelo ¿Verdad?

—Jose… no sigas…

—Te lo quieres follar zorra. Si le llamo ahora y viene ¿te lo follarías? – estaba tan excitado, que me sentía dispuesto a llamar a Guillermo para que viniese. Ahora mismo solo quería verla follar con Guillermo. Estaba como poseído.

—Eso es lo que quieres, ¿verdad? – me dijo ya de forma seria – Llámale. Échale huevos, ¡cornudo! – me retó – Llámale y que se folle a tú mujer… te encantaría verme con su polla dentro… confiésalo… ¿Quieres que te haga cornudo?

Escucharla hablar de aquella forma hizo que inevitablemente me corriese.

Le saqué la polla y empecé a correrme casi sin tocarme.

Mi polla empezó a escupir chorros de semen por todo su culo y espalda.

Jamás me había corrido con tanta potencia.

Mi corrida escurría por la parte baja de su espalda hasta su culo y se metía entre sus nalgas.

Creo que fue la mejor follada de mi vida.

Por fin nos incorporamos. Nos miramos. Adriana se miró en el espejo girándose – Joder, cómo me has puesto – se quejó riéndose – cada vez se nos va más la cabeza. –Yo seguía recuperándome de aquella brutal corrida, tratando de que el corazón se me tranquilizase.

—Esto se nos va de las manos, Jose. Hemos estado a punto de meternos en un lío de cojones.

La miré, y la besé en el cuello – Lo que pasa en vacaciones, se queda en vacaciones...

—Temo que demos un paso en falso del que no podamos retroceder.

—Eso no pasará. Somos una pareja madura y consolidada. Cualquier cosa que vaya a suceder, será porque lo hemos hablado antes.