CUANDO TU MUJER SE ARREGLA PARA OTRO. (Confesiones de un cornudo) 3 #13
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— Vamos a las escaleras – nos dijo Guillermo – que ahí estás incomoda que no haces pie – dijo echándose a nadar hacía la zona de entrada, menos profunda.

Adriana me miró, pero no dijo nada y fue tras él.

Guillermo se puso en la zona menos profunda donde el agua llegaba por la cintura.

Sin embargo, Adriana se quedó un poco alejada donde el agua llegaba a tapar su pecho.

Los ojos de Guillermo buscaban claramente las tetas de mi mujer, que se alejó de él un poco más.

—La verdad es que estos son unos sosos. Siempre se acuestan temprano. De jóvenes eran francamente marchosos, pero con la edad, se están echando a perder. – dijo él haciendo un gesto con la cabeza hacia los apartamentos.

—La verdad es que son más parados que vosotros. No tienen nada que ver contigo y con Nuria –le dije yo.

—Si se enteran de que hemos estado fumando hierba se escandalizarían – me dijo.

—Hablad más alto que no os oigo – nos pidió Adriana más alejada.

—Anda vente aquí – le dijo Guillermo tendiéndole la mano – Siéntate ahí que estaremos más cómodos – insistió señalando la escalera.

—Da igual – dijo ella – acercaos vosotros.

No sé cómo, pero en ese momento me armé de valor y dije algo que sabía que me podía traer consecuencias.

—Es que a Adriana le da vergüenza porque ese bikini se transparenta un poco al mojarse. No quiere que la veas – Nada más decir eso Adriana me fulminó con la mirada.

—No creo que nos vayamos a asustar por eso ahora – dijo Guillermo aliviando la tensión de la mirada de Adriana – Pero no te preocupes, si no quieres no pasa nada. Nos acercamos nosotros.

—No – le cortó Adriana – Si a Jose no le importa a mí menos – Dijo con una mirada retadora hacia mí – Ya me las han visto muchos en la playa, y parece que a él no le importa, así que por uno más, no pasa nada. – y echo a nadar a las escaleras.

Cuando paso junto a mí, nos miramos. En su boca se dibujó una sonrisa irónica, o tal vez retadora.

Se me aceleró el corazón. No sabía si había sido buena idea decir lo del bikini, y la actitud de Adriana evidenciaba que me lo iba a hacer pagar.

Llegó a las escaleras, subió el primer peldaño.

El agua le llegaba solamente a la cintura.

Se quedó unos segundos de espaldas a nosotros y por fin se giró.

Nuestras miradas se dirigieron inmediatamente a sus tetas.

Se veían perfectamente sus pezones a través de la tela. Los tenía totalmente de punta.

—Se transparenta todo— dijo Adriana – Pero a mi querido esposo, parece no importarle que me veas así.

—La verdad es que sí – confesó Guillermo – No queda nada a la imaginación – dijo mirando fijamente aquellos dos pitones erectos.

—La verdad es que en la playa no lo usé porque me quité la parte de arriba pero sí que no tapa absolutamente nada.

—Vaya, vaya, así que te quitaste la parte de arriba… que suerte quien estuviese por allí – le lanzó Guillermo.

—Bueno en realidad fue Jose quien me la quitó.

—Anda Jose ya podías hacer lo mismo aquí – dijo guiñándole un ojo a Adriana para que no se enfadase.

—Aquí se cortaría – me retó Adriana – Ya te dije antes que se pone muy gallito, pero después se caga. Perro ladrador…

—Yo no me corto para nada – me defendí, entrando en su juego – Si quieres te lo quito ahora mismo.

—Haz lo que quieras. Si a Guillermo no le incomoda me da igual. Para lo que me tapa…

—Por mí no hay ningún problema. ¿Lo hay para ti? – le preguntó Guillermo mirándola a los ojos.

Sin comerlo ni beberlo, Adriana me había puesto en una situación embarazosa.

Podía acobardarme y no hacer nada o directamente ir y quitarle el bikini para que mi mujer le enseñase las tetas a un tío al que realmente no conocíamos de nada, pero que era evidente que estaba encaprichado de ella.

Me excitaba la idea, pero también me incomodaba ser yo quien mostrase tan fácilmente a mi mujer.

Era como si yo le estuviese poniendo en bandeja sus tetas a otro tío, en una situación completamente diferente a un topless en la playa y me ponía nervioso, aunque la realidad, es que deseaba hacerlo.

Me acordé que un rato antes ya se las había enseñado en foto.

Me armé de valor y me dirigí hacia Adriana.

Era evidente que estaba achispada por el alcohol y el porro, porque me miró retándome.

—¿Vas a hacerlo o te vas a rajar como siempre? —Sus ojos se clavaron en los míos y no se apartaron.

Tal vez fuese aquella mirada, o la actitud de Guillermo, pero me decidí. Adriana se giró y quedó frente a nuestro vecino. Me situé a su espalda, y le deshice el lazo quedándome con la parte de arriba del bikini en la mano.

Ella estaba de pie en las escaleras, con el agua por la cintura, con sus perfectas tetas al aire.

Miraba a Guillermo con la misma mirada que me había puesto a mí, y él miraba sus tetas con cara de deseo.

Yo estaba con el corazón desbocado sujetando su bikini en mi mano.

Me eché a un lado para poder ver la cara de Adriana que giró la cabeza al verme.

—¿Ya estáis contentos? – me preguntó con cierto aire de superioridad – Ya me ha visto las tetas.

—Espectaculares – dijo Guillermo – deja al chico que presuma – dijo sin dejar de mirarlas.

—Ah, ¿eso es lo que quieres? ¿presumir de mujer?... entonces querrás que haga esto — y subió dos peldaños más hasta que el agua solamente le llegaba por la rodilla,

Ahí estaba con sus dos tetas al aire y ahora con una braguita que transparentaba absolutamente su coño a la vista de Guillermo.

Se veía perfectamente su rajita depilada.

Sus labios oscuros. Guillermo la miraba embobado.

Ella le dejaba observar a placer. Finalmente se dio la vuelta y salió de la piscina.

Cogió su toalla y se encaminó a nuestro apartamento.

—Me voy a la cama – y se giró yéndose hacia a casa — ¿Vas a venir o también prefieres que lo haga él? — y sin esperar respuesta subió las escaleras de casa.

Guillermo y yo nos quedamos alucinados viendo como Adriana desaparecía por las escaleras.

¿De verdad Adriana había dicho que si prefería que fuese Guillermo?

No me lo podía creer. Una cosa era que me gustase exhibirla y otra que se la follasen.

¿Y ella quería o simplemente me estaba humillando?

Nunca se había mostrado abierta a ese tipo de experiencias, pero aquellas vacaciones, algo estaba cambiando entre nosotros.

Era evidente que estaba borracha y había fumado pero la seguridad con la que había pronunciado aquellas palabras me hacían dudar si de verdad lo deseaba.

—¿Me dejas ir? –me suplicó entre susurros Guillermo. —Me gustaría ver su reacción si me ve aparecer en vuestro apartamento.

—Guillermo, está borracha. – me negué – Jamás Adriana había dicho una cosa así. No habla en serio.

—¿No te gustaría comprobarlo? ¿Saber si realmente es lo que quiere?

— No… de verdad… no me parece buena idea. Creo que esto se me ha ido de las manos…

—Así sabrás a lo que atenerte. Además, si no habla en serio, me marcharé y punto. ¿No te corroe la duda por dentro?

—Una cosa es el morbo de enseñar y otra que te la folles. No estoy preparado para eso. Además, Nuria te estará esperando. Imagina que se entera.

—A Nuria no le importará. Te lo aseguro. No es la primera vez que hacemos ese tipo de cosas. Nunca ha habido problemas entre nosotros.

—Guillermo, por favor, hoy no… esta borracha... luego se arrepentiría y no quiero problemas… Además, ¿eres consciente de lo que me estás pidiendo? Es muy fuerte, tío… venga salgamos del agua – dije empezando a subir las escaleras.

—Lo sé. Hay que tener una mente muy preparada para soportar algo así. Pero insisto en que, de esa forma, saldrías de dudas respecto a lo que puedes esperar de tú esposa.

—Ya… joder… no me lo pongas más difícil. Hagamos una cosa… — le dije tratando de sacármelo de encima —Hablaré con ella y si de verdad quiere acostarse contigo, te avisaré. Te doy mi palabra.

—Tienes razón. Creo que me he pasado. Perdona por haber insistido tanto. Yo también estoy algo borracho. Será mejor que nos vayamos todos a la cama antes de que generemos un problema. Sólo te pido que mañana me cuentes todo lo que pase ahí dentro.

Llegué arriba de las escaleras y vi como Guillermo recogía todas sus cosas y se marchaba hacia su casa con pasos inseguros.

Entré silenciosamente en casa, me quité el bañador y lo dejé colgado antes de subir totalmente desnudo.

Había luz en la habitación. Adriana estaba en el baño completamente desnuda.

Secándose las puntas del pelo que se le habían mojado al bañarse con una toalla.

Estaba tranquila, y me sorprendió la normalidad con la que me miró.

Esperaba que me fuese a montar un pollo por lo sucedido abajo, pero simplemente me miró a la polla.

– Joder cómo vienes. Te pasas el puto día empalmado – No contesté nada, me acerqué a ella y la empecé a morrear y a sobar con pasión desenfrenada.

Ella me correspondió con su lengua y se dejó hacer.

Era evidente que estaba caliente perdida.

Mis manos iban de sus tetas a su coño, a su culo, le apretaba y ella me correspondía metiendo más la lengua en mi boca. Su coño chorreaba flujos.

La cogí y la senté en la encimera del lavabo.

Abrí sus piernas. Ante mí se mostraba el paraíso de su coño depilado que rezumaba jugos.

Esos labios salidos totalmente brillantes por el calentón que llevaba encima por todo lo que había pasado esa noche.

No hacía más que un rato que había estado masturbándola en el coche mientras le miraba la polla a un desconocido.

Luego había enseñado las tetas e incluso el coño a Guillermo.

La veía como a una desconocida, pero todo lo sucedido me había puesto como una moto.

Observe durante unos segundos su coño. Luego su cara.

Una cara de vicio como nunca le había visto y que me hacían desear que disfrutara más y más.

Me agache de rodillas en el suelo. Su coño quedó a la altura de mi cara.

Me llegó su aroma a excitación. Acerque mi cara y aspire fuerte inhalando el olor de su coño excitado Ella echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.

Saqué la lengua y la pasé de arriba abajo por toda su raja recogiendo con mi lengua todo el néctar acumulado en sus labios.

Adriana gimió como nunca y cerró los ojos echando la cabeza más hacia atrás e invitándome a continuar.