3 #8
—No. Con semejante tranca me habría reventado. El culo me lo estrenaste tú, cielo. Por ahí era virgen. ¿De verdad te pone que te cuente estas cosas?
—No te imaginas cuánto. —¿Le hacías mamadas? – le pregunté imaginándomela con aquella polla enorme en la boca.
—Claro.
—¿Le dejabas que se corriese en tú boca?
—Madre mía, Jose… cómo estás… —susurraba en mi oído, entre beso y beso — Tienes la polla como una piedra… —me dijo mientras me pajeaba. —No puedo creerme que te excites cuando te cuento cómo follaba con mi ex…
—Ya lo ves… —casi jadeé sintiendo su mano haciéndome una paja lenta. —Y te follaba muy duro, supongo.
—Sí… —dijo ella. —Me la metía hasta casi hacerme daño.
—Te ponía a cuatro patas …
—Sí… Dios mío, Jose… Estamos locos.
—¿Te gustaría encontrártelo y tirártelo de nuevo?
—Jose…
—¿Te gustaría?
—Pues la verdad es que no. La cosa no terminó nada bien con él. Era un imbécil.
—¿Y te comía el coño? —insistí algo decepcionado por la contestación anterior. —Y supongo que con él también te correrías como una fuente. ¿No?
Adriana, tenía la característica de que se solía correr soltando una cantidad inusual de líquido, y cuánto más cachonda estaba y más intenso era el orgasmo, más líquido soltaba.
—Siempre he soltado mucho líquido al correrme. Con él no era diferente.
—Joder, me estás poniendo malo — murmuré, mientras bajaba para capturar un pezón con los labios, succionando con una presión que la hizo jadear y arquearse contra mí, Mis manos bajaron a su culo,
apretándole con fuerza las nalgas mientras la empujaba tumbándola boca arriba con un movimiento que la dejó abierta y vulnerable, con las piernas separándose instintivamente.
—Sigue... cuéntame más de ese cabrón, ¿qué te hacía? Le pedí mientras le lamía el otro pezón, mordisqueándolo lo justo para que ella se retorciera - Dime qué te hacía con esa polla de tan enorme tamaño... ¿cómo te follaba? Adri.
Ella rio entre jadeos.
—Una vez me lo hizo en la playa Me puso de rodillas en la arena, y me la metió en la boca.
Me hizo que se la chupase hasta que me ahogaba con ella...
llenándome la garganta hasta que las lágrimas me corrían por las mejillas.
Y luego me follaba sobre la arena, duro, sin piedad, con su polla abriéndome el coño.
Le di un mordisco en el pezón mientras añadía un segundo dedo a su coño,
—... ¿te gustaba que te follara así, como a una puta en la playa?
—Sí... me encantaba — jadeó, cogiéndome la polla para guiarla hacia la entrada de su vagina—.
Era muy brusco, me agarraba del pelo y me la clavaba hasta el fondo, con aquel mástil rozándome por dentro como si quisiera partirme por la mitad, follándome rápido y profundo hasta que me corría como una loca.
Soy muy guarra cuando estoy borracha, ya lo sabes...
Y él se encargaba de que yo bebiese. Me ponía súper mojada…
—¿De verdad crees que esto quedará así? —le dije, penetrándola de un solo golpe.
—...yo le decía que hiciese lo que quisiera conmigo… Y no creas que había que decírselo dos veces.
—Eres una guarra… —gruñí excitado, mordiendo su pezón mientras aceleraba el ritmo, con mis caderas chocando contra las de ella.
—Me follaba en la playa, de rodillas, con la arena clavándose en la piel. Con él hice mi primer sesenta y nueve. Me metía la polla hasta la garganta, me ahogaba con ella mientras me chupaba el coño...
—Joder, Adri... ¿Te gustaba que te follase la boca?
—Sí, me corría gritando, con su semen en la boca.
—Dime que te follaba mejor que yo —le dije, bajando la mano para frotarle el clítoris.
—Sí. Me follaba mejor que tú ...me la clavaba sin piedad, hasta que me corría. Y yo le pedía más, siempre más...
—No vas a ponerme celoso, — dije embistiendo con más fuerza, —. Pero sigue... dime cómo te hacía gemir.
—Me hacía gemir como una puta, Jose. Su polla gruesa rompiéndome por dentro, follándome hasta que no podía más. Tú... tú me follas con amor, mi vida, pero él era un animal, y a las chicas malas, nos gusta que nos lo hagan duro.
—Eres mía, guarra —gruñí, acelerando hasta el límite, y con el pulgar presionando su clítoris—. Córrete para mí...
—¡Jose, no te corras dentro! —jadeó ella, convulsionando alrededor de mi polla, con espasmos que me llevaron a un intenso orgasmo. Apenas tuve tiempo de sacársela y me corrí sobre sus pechos dejándola empapada con una corrida caliente y espesa.
Nos quedamos exhaustos mirando al techo. Solamente se escuchaban nuestras respiraciones entrecortadas.
—Te he visto muy excitado escuchando mis historias de sexo con Fiti —dijo ella, girando la cabeza para mirarme. Tenía el pelo pegado a la frente sudorosa. —Eres un cerdo.
—La verdad es que me he puesto como una moto.
Ella sonrió pícara, rodando sobre un codo para rozar mi pecho con los dedos.
—Tengo muchas más historias, pero no te las contaba porque temía que te pudiesen molestar.
—¿Más historias? ¿Con Fiti?
—Con Fiti, y con otros. En la Uni, me tiré a bastantes tíos. ¿Qué pensabas, que era una cándida estudiante de ADE?
—Pues te lo tenías muy calladito. Primera noticia.
—Ya te pondré al día. Y más con el efecto que te causa que te hable de esas cosas. — dijo besándome con ternura.
Intimando con los vecinos.
Pese a lo tarde que habíamos llegado a casa la noche anterior, nos levantamos temprano al día siguiente.
Había algo extraño entre nosotros, una tensión o cierta vergüenza por lo sucedido que no nos dejaba ser nosotros mismos.
Adriana me besó como siempre y se fue corriendo al baño diciendo que se meaba y que la preparase un café.
Me fui a la cocina y preparé el desayuno.
— Joder tío estamos fatal. Lo de anoche creo que… No sé. ¿Tú estás bien? – me dijo al regresar, rompiendo el silencio.
Salimos a desayunar al jardín.
—Estoy tan sorprendido como tú, pero estoy bien. Hoy estoy cansado. No iré a correr. Así aprovechamos y nos vamos a alguna de las calitas que nos comentó Guillermo. – Le dije.
—Perfecto. Así descansamos que esta noche hay cena con la tercera edad – me dijo Adriana en bajo por si nos escuchaba alguno de los vecinos que también acudiría a la cena.
—Sí, sí... Estos tienen un peligro... Tienen más marcha que nosotros. Que no te engañe la edad.
—Nosotros últimamente tampoco es que estemos demasiado carentes de marcha. No recuerdo una racha tan intensa ni cuando éramos novios. Pero no quiero que acabemos cometiendo una locura. La cosa casi se sale de madre anoche. – dijo Adriana muy seria.
—¿Locura? ¿Tal vez quieras llamar a tu nuevo amigo? – la reté volviendo al juego de los dobles sentidos.
—Ni me lo recuerdes. Además, no era mi tipo. Ya lo sabes.
—¿Y cuál es tu tipo?
—No lo sé, pero desde luego esa clase de tíos no. Y venga termina y recoge esto que me voy a preparar — me dijo dando por zanjada la conversación.
Recogí todo mientras Adriana se preparaba. Cuando ya estaba terminando Adriana bajaba ya con el bikini blanco que iba a estrenar.
—Cari, este blanco, no sé yo… – me decía enseñándome un bikini que apenas era capaz de mantener dentro sus tetas.
—¿Qué dices? ¡Estás espectacular! – Le dije yo verdaderamente admirado por el cuerpazo que le hacía el diminuto bikini, cuyo color blanco, contrastaba con su recién adquirido bronceado.
—Me da mí que hasta se transparenta. Mejor me pongo el rojo.
—Ni se te ocurra. Te queda de muerte. Adónde vamos no suele haber mucha gente. Y para lo que te va a durar puesto…
—En eso llevas razón — dijo entre risas mientras se ponía una faldita corta encima.
Nos fuimos a la cala que me había indicado Guillermo.
Algo más alejada de lo que pensaba ya que la carretera no era muy buena, pero el sitio merecía la pena.
El coche había que dejarlo a unos cien metros del acceso a la playa.
Cogí la sombrilla y las sillas y Adriana se encargó de las toallas y la cesta de la comida y las bebidas.
Cuando llegamos a la orilla había mucho sitio donde elegir puesto que solamente había un par de familias, algún matrimonio suelto, un grupito de cuatro chicos, y otro grupito mixto.
Fui a poner la sombrilla cerca de uno de los matrimonios, pero mientras miraba el sol Adriana me dijo que prefería alejarse de la gente, indicándome un hueco relativamente alejado del grupito de chicos.
—Prefiero no estar tan cerca de esos.
Al vernos pasar los chicos clavaron sus ojos en Adriana que llevaba solamente la falda y la parte de arriba del bikini.
Yo puse la sombrilla mientras observaba cómo ellos se daban codazos unos a otros y hacían gestos con la cabeza indicándose que miraran a la que acababa de llegar.
No fueron nada discretos, pero eran unos niñatos.
A su edad seguro que hubiese actuado igual.
Procedimos con el ritual diario de la crema solar. Adriana me dio bien por la espalda y yo por el resto del cuerpo. Luego al revés. Cuando llegó mi turno le dije:
—Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿no?
—¿Seguro?, están los chavales esos esperando como locos.
—Bueno ¿y cuál es el problema? A mí me pone que te miren. – Le solté de forma muy segura
En ese momento procedí a tirar del cordón y dejar sus tetas al aire delante de los chavales, que, en vano intentaban disimular.
Extendí bien la crema por su espalda mientras Adriana lo hacía por sus pechos ofreciendo un verdadero espectáculo a aquellos jóvenes de hormonas disparadas.
Estuvimos unos diez minutos tomando el sol, pero pegaba tan duro, que le dije que iba a bañarme.
Ella decidió acompañarme. Comenzó a colocarse la parte de arriba del bikini.
—No te tapes. Vete así. – Le pedí.
—¿Qué dices? Se van a poner las botas. – dijo ella fingiendo estar escandalizada.
—No te hagas ahora la pudorosa. Llevas enseñando cacho desde que empezamos las vacaciones.
—Para tú satisfacción. No lo olvides.
—Tampoco parece que a ti te genere demasiados problemas, por no decir que te pone cachonda. – le dije.
Ella me dio un golpe suave en el brazo.
—Eres un puto guarro. Venga pues… iré con las tetas al aire. Si crees que me voy a cortar, estás muy equivocado.
Fuimos los dos andando de la mano hasta el agua sabiéndonos observados, sobre todo por aquellos chavales.