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—¿Ahora qué? – la pregunte incitándola a que siguiera.
—No sé, que por tus comentarios parece que quieras que me hubiese ido con ella y los dos tíos esos…
—No, quiero que estés aquí conmigo. Pero también creo que la vida dura poco, y hay que disfrutarla. Hay que darle morbo a la vida.
—¿Pero qué dices si cada día somos más morbosos? Mira lo que hemos hecho hace un rato en la piscina –Me dijo con cara de vergüenza. – No doy crédito a lo que me he dejado hacer, cielo.
—No te avergüences. A mí me ha encantado y a ti también. No pasa nada.
— Ya, pero si nos llega a pillar alguien me muero de la vergüenza – confesaba ella
—Si nos llega a ver alguno de esos se tira al agua con nosotros. Yo lo entendería.
—Ves lo que te digo, parece que quieras que nos vean.
—Tranquila cariño. Venga vámonos a la cama.
Recogimos las botellas y nos fuimos a la cama.
Mientras ella subía yo dejé todo cerrado.
Subí hacia el baño. La puerta estaba medio abierta.
Pude ver a Adriana sentada en el inodoro haciendo pis.
Una de mis debilidades…. Su camiseta de tirantes marcaba perfectamente sus tetas.
Las braguitas por debajo de las rodillas.
El ruido del chorrito cayendo… daba ganas de tirarse a por ella.
Me fui a la habitación y cogí el móvil. Le saqué un par de fotos, ante su cara de enfado.
—Joder Jose. Lo que me faltaba, me sacas fotos haciendo pis. Eres un puto guarro —me dijo sobándome la polla por encima del calzoncillo, haciendo que enseguida empezase a endurecerse. —¿Para qué quieres tanta foto?
—Ya bueno, la puerta estaba abierta y tenías una posición tan cachonda. Además, ya sabes que me encanta mirarte e inmortalizar esos momentos – le expliqué.
—¿Sí?, ¿y que te gustaría mirar ahora? – me preguntó juguetona, olvidándose del tema de las fotos.
—Ya sabes que tus tetas son la perdición de cualquiera.
Adriana se levantó la camiseta dejándola por encima de su pecho y mostrándome sus perfectas tetas.
—¿Tanto te gustan? – me decía acariciándoselas y pellizcándose levemente los pezones, que rápidamente se pusieron duros.
Me puse en frente de ella. Sentado en la cama y me saque la polla delante de ella mostrándosela.
—¿Tú qué crees? – La dije con la polla totalmente tiesa.
—Ya veo que se pone contenta de verlas.
—Muy, muy, contenta – Le dije empezando a pajearme.
—¿Solo se pone contenta con mis tetas o hay algo más que te ponga? – Adriana iba subiendo en sus insinuaciones y eso que no hacia ni dos horas que se había corrido, pero es lo que le generaba el alcohol.
—Nooo, sabes que le gusta absolutamente todo de ti.
Adriana se sentó en la cama con la espalda apoyada en el cabecero.
Sus piernas flexionadas y abiertas en actitud provocadora, con el mínimo tanga tapando su raja de nuevo empapada.
En frente de ella yo, con la polla sacada pajeándome mientras la miraba.
Adriana bajo su mano derecha hacia su coño y apartando el tanga a un lado me lo mostró.
—¿También te gusta esto?
—Sabes que me vuelve loco— le confesé yo con la polla en la mano. — Y la raja del culo sin un solo pelo… ¡Buff!
—Pues demuéstramelo – me retó mientras empezaba a jugar ella misma con su coño.
Empecé a acelerar más la paja mientras miraba a Adriana masturbarse.
Nunca solía hacerlo, al menos delante de mí, pero esta vez ella había tomado la iniciativa de hacerlo.
Veía sus dedos recorrer con suavidad los pliegues de su coño.
Veía como se humedecían y corrían con extraordinaria facilidad por su raja.
Nos mirábamos el uno al otro como nos masturbábamos.
No hablábamos, solo mirábamos. Hasta que Adriana sin dejar de masturbarse me dijo:
—¿De verdad quieres que haga mañana topless delante de cualquiera que esté en la playa?
Un latigazo de placer recorrió mi polla. De verdad se lo estaba planteando hacer. No podía perder una oportunidad como esta. Iba a sacarle fotos hasta “petar” la tarjeta del teléfono.
—Claro que quiero – le confesé pajeándome más rápido.
—Sabes que me van a mirar las tetas, y aun así quieres que lo haga… — dijo acelerando también ella el ritmo de sus dedos.
—Precisamente ahí estriba la gracia– le dije yo intentando aguantar y no correrme.
—No quiero que luego te enfades. Eres capaz de tener un ataque de celos como cuando éramos novios y salía muy sexy. ¿No te acuerdas?
—No me enfadaré. Ahora me encanta que te deseen – La prometí yo a punto casi de correrme.
—Está bien, si tú quieres lo haré – me dijo.
Eso era demasiado y no iba a aguantar más. Adriana lo notó.
—Vaya, pues sí que te pone cachondo que todos vayan a ver las tetas de tu mujercita en la playa – me provocó.
—Sí, quiero que te vean las tetas – le confesé yo prácticamente sin tocarme ya la polla porque si no me correría y quería alargar el momento.
El chapoteo del coño de Adriana indicaba que ella estaba también prácticamente a punto y jugué mi última baza.
— ¿Y a ti, te pone cachonda enseñar las tetas en la playa?
— No seas cabrón – me decía sin dejar de masturbarse y con los ojos cerrados.
—Contéstame – la apremiaba yo.
—Un… un poco… — confesó finalmente entre gemidos – aunque es porque a ti te da morbo. Me gusta excitarte.
—Si por mí fuese, irías en topless también a la piscina.
—Ni lo sueñes, eso me daría muchísima vergüenza.
—Algún día lo haremos. No pierdo la esperanza. – le insistí.
—Ya veremos. Si me sigues poniendo así de cachonda, no respondo. — me susurraba a punto de correrse.
No aguantaba más, necesitaba correrme. Empecé a darle más fuerte a la paja mirando a Adriana masturbándose también.
—Me voy a correr – la avisé.
—Vale. ¿Quieres echarme la corrida en las tetas? – gimió Adriana. —¿En esas tetas que mañana va a ver todo el mundo en la playa?
—¡Joder, Adri…! Cómo me pone que mañana te vayan a ver las tetas un montón de tíos – la recordé perdiendo ya el control.
—Sí, me las van a mirar mucho. Incluso seguro que alguno, además de ti, me saca alguna foto… – me seguía el juego
—Y…. quiero…
—¿Qué…?
—Pues… — ya no aguantaba más – quiero que les enseñes las tetas también a los vecinos de la piscina.
—Ya veremos…– susurró ella comenzando a correrse.
Escuchar que existía la posibilidad de que enseñase las tetas a los vecinos de la piscina fue demasiado.
Un potente chorro salió disparado de mi polla impactando en una de sus tetas.
Jamás me había salido así de fuerte. Otros dos chorros más salieron pringando su otro seno comenzando a caer sobre su abdomen mientras ella se corría entre jadeos.
Quedamos los dos exhaustos y estuvimos tirados en la cama unos segundos recuperando el aliento.
Adriana se fue al baño a limpiarse y yo la seguí.
Miré como se limpiaba las tetas. En unas horas se las vería toda la playa, pensaba yo todavía excitado por la idea.
Me limpié mientras Adriana se lavaba los dientes.
— Jose, en la piscina no ¿vale? Por favor, no insistas. – me dijo de forma suplicante con el cepillo en la boca.
—¿Y en la playa? – pregunté pensando que se echaba para atrás
—Mañana te lo preguntaré en la playa. Haré lo que quieras. Eso te lo he prometido.
Escupió la pasta, se enjuago y se fue a la cama. Yo me quedé en el baño mandando el nuevo material fotográfico logrado esa noche. Por precaución, silencié el sonido de la aplicación, ante la avalancha de mensajes que seguro que recibiría.