Cerillas Garibaldi La genética
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La genética

El hombre se acerca al espejo para verse bien la cara. La mujer pasa por detrás y mira su reflejo por encima del hombro.

–Cada vez me parezco más a mi padre.

–No digas tonterías: siempre has sido igual que tu madre.

–Sí, cuando era más joven y estaba más gordito me parecía a ella, pero desde que he adelgazado tengo la misma cara que él.

–¿Qué te pasa?

La mujer vuelve atrás para inspeccionarlo.

–No sé cómo te miras.

Sale y vuelve a entrar.

–Ahora que lo dices, te ha cambiado el perfil. Estás más fibrado.

–¡Acero puro! –dice el tipo intentando marcar bíceps, como hacía siempre su padre. Marca una bola patética.

–La bola no, pero tienes unas entradas...

Su padre decía siempre que se parecía al actor Clark Gable.

–Joder, sí. ¡Menudas entradas!

–Sólo te falta el bigotito.

Su padre lucía un bigotito delgado sobre el labio, como un galán de los años cincuenta. En el momento de la transición, lo cambió por un bigote cuadrado, de mexicano de película. Se lo dejó para disimular que se estaba arreglando la boca.

–Te has achicharrado el cogote... El cogote quemado te hace viejo. Pareces de los Baños de San Sebastián. Y tienes arrugas en el cuello.

–¿En el cuello?

El hombre que ha empezado a decir que se parecía a su padre para hacerse el interesante constata asustado la deriva de la conversación.

–¡Sí, en el cuello!

Recuerda que, cuando ya era muy mayor, pero se mantenía fuerte, su padre se daba tirones debajo de la barbilla para alisar la piel. Él lo hace también, de manera automática: gira la cara y se tensa el cuello desde detrás de la oreja. Se horroriza.

–Esas muecas crispadas que haces, apretando los dientes: se te marcan las patas de gallo. Te lo digo porque te quiero: no hagas esas muecas.

De pronto, el hombre siente unas ganas terribles de tomarse un Ron Negrita. Su padre bebía siempre Ron Negrita, a veces, mucho.

–Y esa manera de comer que tienes, a todo trapo. Se te marcan las líneas de expresión.

Piensa que debería ponerse un reloj Casio, de aquellos digitales, con la correa metálica.

–Te encuentro guapo, pero esto tendrías que vigilarlo.

Sopesa bajar al bar y comprar un paquete de Winston. ¿Todavía existe Winston de contrabando, como cuando era niño y su padre le mandaba a comprárselo?

–Ya tienes una edad y con esas camisas de flores estás dando la nota.

Va hacia el tocadiscos y pone en la pletina una cinta de casete con el pasodoble «Pepita Creus», se acerca a la mujer y la saca a bailar.