Cerillas Garibaldi Neko, que quiere decir ‘gato’
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Neko, que quiere decir ‘gato’

El Ateneo Enciclopédico de Amigos del País se reúne para valorar la cuestión de la chica Gertrudis Nivelles, que asiste a los talleres con una tiara con dos orejitas, un collar con un cascabel y unos guantes peludos con uñas de gato. Cuando pide la palabra, maúlla en japonés: ny āāāāāā .

–¡Nuestros talleres van a parecer el Salón del Manga! –exclama la señorita Salud Rififí, muy alarmada.

–Si Gertrudis Nivelles quiere ser una chica gato, tiene todo el derecho –responde, cabal, el maestro Ramiro Neulafina.

El especialista en cultura pop Estanislao Martínez Ventana aprovecha la ocasión para dictar el inicio de una conferencia: –Es un personaje del anime y del manga llamado nekomimi. Se relaciona con las diosas egipcias Sejmet y Bastet: seres espirituales que representan el empoderamiento femenino.

–¡Pero si a veces viene a los talleres con un delantal y una falda enseñando las bragas! –se desespera Salud Rififí, que reconoce en la chica un estereotipo sexualizado.

–Somos el Ateneo Enciclopédico de Amigos del País y tenemos que respetar la identidad de las personas –concluye el maestro Neulafina, que es partidario de hacer la vista gorda y a otra cosa mariposa.

Fascinado por el caso de Gertrudis Nivelles, el profesor Unrat llega a casa y entra en internet para ponerse al día en el tema de las chicas gato, que, inesperadamente, le interesa muchísimo.

Descubre que en un manga titulado Bake Neko aparece una chica gato «que lucha con otros monstruos mientras procura ir a la moda».

–¡Qué buena idea!

En Boku x Neko unas «chicas gato llegan a una isla paradisíaca y, tomando como referencia unas pinturas rupestres, se enfrentan a fuerzas demoniacas».

En Errant story encuentra al personaje de «un estudiante de magia, acompañado de su gato parlante y alado, que intenta obtener el poder de los dioses para aprobar el curso sin importar que destruya el mundo en el proceso».

–Esto está bien: un poco de destrucción –piensa Unrat mientras pasa, admirado, las páginas de la Nekomimipedia .

A él le gustaría ser un profesor gato. Y cuando el transhumanismo y la modificación genética lo permitan –no cree que vayan a tardar mucho–, no se lo pensará dos veces.

De entrada, se pondrá bigotes. Unos bigotes retráctiles, para no tener que llevarlos siempre.

Los gatos utilizan las puntas del bigote para calcular si pueden pasar por los agujeros.

Él hará lo mismo con las rendijas de la burocracia enciclopedista.

También se instalará orejas móviles. Cuando oiga un ruido, en el taller o en una reunión de la junta, moverá los pabellones auditivos y no se le escapará ni una.

Tendrán que ponerle entre 20 y 30 músculos nuevos, pero eso, para el transhumanismo, que pretende hacernos inmortales, es una nimiedad.

También se modificará los pies y se implantará almohadillas de piel.

Entrará sigilosamente en las habitaciones y oirá cómo los colegas lo ponen de vuelta y media.

Irá todo el día descalzo y, de cara a la jubilación, se ahorrará un dineral en pantuflas.