Cerillas Garibaldi Adrian Newey, mon frère
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Adrian Newey, mon frère

A los pocos días, todavía bajo la embriaguez de la novedad, las entrevistas y los comentarios halagüeños, un amigo le mandó un mensaje de WhatsApp:

«He pasado por el Mesón de las Letras, he buscado tu libro, no lo encontraba, se lo he pedido a una dependienta ¡y lo tenían en la sección de agricultura!»

El escritor se lo toma medianamente bien.

Comprende que la metáfora de la chirivía pueda despistar a los libreros de las grandes superficies como el Mesón de las Letras.

Al ver a su amigo tan alterado, y no tanto porque él tenga un gran disgusto, llama al director comercial de la editorial, que le dice que enseguida estará solucionado.

Unas semanas más tarde, una amiga le telefonea para decirle que ha visto su libro en la sección de horticultura del Museo de los Libros, una librería que mueve el cotarro.

–¡Qué quieres que le haga! –le dice el escritor–. En cambio, en la librería La Desgraciada lo tienen en el escaparate, y en la nueva A mí qué me cuentas, de Sant Ginés de Mar, la recomiendan en un pódcast.

Vuelve a hablar con el director comercial que, de momento, lo soluciona.

El escritor intenta no hacerse mala sangre. Le gusta la cubierta con la caja y las letras rojas: La chirivía.

Durante la cena, habla con su hijo de la temporada de la Fórmula 1. Esos días se presentan los nuevos bólidos y, aunque no se puede comparar con la expectativa de hace unos años, cuando los coches eran más diferentes entre sí y más coloridos, están al corriente de los lanzamientos.

–Del equipo Williams, Adrian Newey pasó a McLaren y ganó un par de veces el Campeonato del Mundo –dice el hijo.

El padre, con tanta verdura, no lo recordaba.

Newey es el ingeniero más importante de las últimas décadas, diseñador de los Red Bull que lo ganan todo.

Para comprobar si pasó por McLaren, padre e hijo entran en internet y descubren que en 2019 publicó un libro titulado Cómo hacer un coche .

En el Mesón de las Letras lo tienen en la sección de hobbies .

–Adrian Newey, mon semblable, mon frère –exclama el escritor mientras se limpia una lágrima con la servilleta.