Cerillas Garibaldi Silly symphony
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Silly symphony

Todos los cables empiezan a estirarse y a retorcerse, exploran las paredes del cajón y se deslizan por encima del disco duro de sobremesa abandonado y del lector de CD externo.

Se producen los primeros enroscamientos tímidos.

Pero el señor entra en el cuarto de baño para hacer otro pipí.

En el interior del cajón mal ajustado un rayo de luz ilumina cables y conectores, que se quedan inmóviles hasta que el señor vuelve a la cama.

Un cable LAN doble adaptador para televisor led empieza a atornillarse con un transformador del año de la nana.

Es un apareamiento magnífico de tubos gruesos, negros, lustrosos, con la goma un poco gastada.

En el momento más intenso del abrazo, el cable LAN , que no se ve tan mal comparado con las ruinas que andan por el cajón, se estira hasta tocar los tres extremos del cable de una cámara fotográfica digital desfasada.

Se acarician sinuosamente, se agarran con un par de nudos fuertes, pero la cabeza del cable LAN , que nunca está satisfecho, corre a enroscarse con el cable de un transformador y con unos auriculares retro.

–¡Niño, qué banana!

Unos auriculares de iPhone jovencitos, delgados y blancos, se enamoran de un euroconector y lo abrazan apasionadamente con los dos hilos.

El euroconector, sin pensar en la diferencia tecnológica que les separa, los agarra con ganas.

Un cargador de móvil sabiondo dice que no ve mal que un cable vejestorio se retuerza con un cable joven, siempre que no se trate de un patrón.

Mientras tanto, los auriculares de iPhone han formado un ovillo con el cable de USB A a USB B y con unos auriculares de walkman .

Un USB micro B se acerca a la entrada de un disco duro que no es el suyo.

En el último momento, da marcha atrás. Se enrolla con un mini USB , pero cada tanto regresa hacia el disco duro y le pasa la clavija por la obertura, tiernamente, sin decidirse a entrar.

–¡No me hagas breadcrumbing ! (ir repartiendo migas emocionales sin concretar nada).

Las rotaciones, los barullos, las lazadas y las circunvalaciones duran toda la noche. Cuando, al día siguiente, el señor abre el cajón de la tele en busca de un cargador, encuentra una gran bola de hilos.

–¿Cómo puede ser que los cables se enreden solos?