Tectónica de placas
Más adelante los sismógrafos registraron los momentos culminantes de los conciertos de Robin T-Shake en el Odeón de Agripa y de Perdita Flanagan en el Actromadol Stadium.
Si asisten al concierto sesenta o setenta mil personas, que pesan unos setenta kilos de media y que saltan quince centímetros con una fuerza de...
«¡Cuánta energía sísmica! –exclamó una eminencia publicitaria–.
¡Es la fuerza de la gente, el latido del mundo! »
A partir de ahí el impacto de cualquier gran acontecimiento se midió con la escala de Richter: además de los conciertos (que tuvieron más patrocinadores de marcas de zapatillas que nunca, de los modelos con más suspensión), los clásicos del fútbol, los Juegos Olímpicos y las campanadas de Fin de Año.
Los ayuntamientos de los pueblos en todo el mundo instalaron pequeñas estaciones sismográficas para calcular las vibraciones acústicas y los saltos de las multitudes en las fiestas mayores, que se consideraban un éxito de la corporación municipal.
Un científico del Atlantic Northeast Seismograph Network salió a aguar la fiesta.
Advirtió que los terremotos se producen bajo tierra, que se calculan teniendo en cuenta la magnitud y la distancia en relación con el observatorio y que los terremotos musicales que tanto gustaban a los organizadores de conciertos y a sus patrocinadores no eran verdaderos terremotos.
La gente se ofendió tanto que no paró de saltar hasta provocar una grieta que cruzaba perpendicularmente un continente del hemisferio norte: crac.