Cerillas Garibaldi La segunda muerte de Carlos Gardel
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La segunda muerte de Carlos Gardel

La madre murió un sábado por la tarde después del almuerzo.

Al día siguiente, tras el papeleo, las hermanas regresaron a casa, porque la sala de velatorio no se abría hasta el lunes.

Tenían que escoger una música para la despedida y seleccionaron la versión del tango Adiós muchachos de Carlos Gardel.

Pocas horas antes de morir, se la pusieron a la madre en el teléfono móvil.

La hermana mayor lo cuenta con un gesto expresivo, como si fuese la enferma, tuviera la cabeza apoyada en la almohada y abriera un párpado al oír la música.

Al día siguiente, en el tanatorio, empiezan las dudas.

Cuando murió su hermano querido, que era músico de free jazz , eligieron uno de sus temas y una selección de canciones preferidas, que habían compartido.

Pero una madre tiene siempre un fondo misterioso.

Las dos hermanas se lo cuentan a la gente que el lunes por la tarde las acompaña en el velatorio, como si buscaran la complicidad y aceptación de vecinos y amigos.

Con los tangos nunca las tengo todas conmigo.

Una vez en Buenos Aires, un cantante de tangos engominado me explicó de qué iba la letra de A media luz , otro de los grandes éxitos de Gardel. La estrofa que dice:

Juncal doce veinticuatro telefonea sin temor.

De tarde, té con masitas, de noche, tango y champán, los domingos, té danzante, los lunes desolación.

Era un lupanar que cerraba los lunes.

Fue una ceremonia breve. Se abrió con un fragmento de Mahler y una lectura del Evangelio según san Lucas.

Me pidieron que dijera unas palabras, pero decliné la invitación.

Tras asperjar agua bendita sobre la caja, por la megafonía sonó el Adiós muchachos , en la versión de Carlos Gardel, con arreglos de guitarra.

El compañero de la hermana mayor le pasó el brazo por los hombros, la hermana mayor cogió por el brazo a la hermana pequeña.

Al salir del oratorio, una vecina recordó que, años atrás, cuando salían de excursión, la madre la cantaba en el coche.

Varios de los asistentes al funeral miramos el móvil para saber la fecha de la grabación: 1927.

Nuestra amiga tenía seis años cuando salió el disco.

La escuchó de niña, en la radio, y de jovencita, en el baile.

La escuchó de casada, en aquel coche que recordaba la vecina, y en la vejez, cuando añoraba a su marido.

Gardel no faltará nunca, siempre habrá restaurantes argentinos y enamorados del tango. Pero la experiencia de toda una vida con esta canción se fue con nuestra amiga, y ese día Carlos Gardel murió también un poco.