El bullying y la guerra de los coches
–Qué mono, con la rayita aerodinámica que lleva en el costado.
–¿No ves que eso de las rayitas aerodinámicas ya no se lleva?
El Volkswagen Passat, amedrantado, sólo acierta a decir: –¿Y no podría ser que esos parachoques monumentales fueran como las rayitas aerodinámicas, una ilusión? La ilusión de la seguridad.
–¡Desgraciao, desgraciao, desgraciao! –cantan todos los coches de la caravana, y un Land Rover Discovery Sport que ha llegado a última hora grita: –¡Mindundi!
El semáforo pasa de rojo a verde y se oye la reconexión de un motor eléctrico.
–¡Adiós, matao!
Cuando el Renault Talisman llega a casa, un edificio de varios pisos, se abre la puerta del garaje y entra por los pelos.
–Qué asco de aparcamiento. Lo construyeron en la época de aquellos Seat canijos. Habrá que darles un toque a nuestros sirvientes, a ver qué piensan hacer –les dice a los otros coches aparcados en el sótano.
Cada coche tiene un sirviente –algunos dicen que es un esclavo– que se encarga de darles de beber, se ocupa de los neumáticos y los lava a pesar del cambio climático.
–¡Este aparcamiento es un asco!
Un BMW 330 D se suma a la protesta: –¡Qué asco! ¡Qué asco! De entrada, tendrán que reconvertir los aparcamientos. Hacer de dos plazas una, para que podamos respirar un poco.
–¡Respirar! –dice un Peugeot 507 inmenso–. Y los aparcamientos que no se puedan reconvertir, a la picota. ¡Que construyan otras casas, con los aparcamientos adecuados!
–Sí, sí, sí, ¡otras casas, aparcamientos amplios! –grita otro Renault Talisman, de un gris oscuro metalizado, encajado tras una columna roja y blanca.
–¡Y calles nuevas, nuevas carreteras, rotondas más espaciosas! ¡No cabemos todos!
–¡Rotondas, rotondas, rotondas más espaciosas! –remata el coro.
–¡Que nos dejen crecer más! –berrea un Subaru Outback, histérico.
Los coches encienden los motores, suben la rampa, se abre la puerta abatible y salen a la calle, donde se incorporan a decenas de Renault Trafic, Ford Ranger y Hyundai Genesis que han empezado la revolución.