Bendito Karma CAPÍTULO 41
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CAPÍTULO 41

M iro a Benjamín durante unos segundos, intentando procesar su reacción. Qué curioso. ¿No es él quién me dejó por alguien más y está a punto de casarse? Quizás ni siquiera se case, pero aun así… ¿cómo ha llegado a la conclusión de que puede irrumpir en mi oficina y exigirme explicaciones?

—No lo voy a repetir otra vez. Vete de mi oficina o llamo a seguridad. Sabes que yo paciencia tengo muy poca.

Incluso miro mi reloj y después a él.

Ahora parece que va a llorar. Se le ponen los ojos vidriosos, traga saliva y se masajea el entrecejo.

Qué bonito. Qué tierno. Qué absolutamente DELIRANTE.

—¿Por qué, Nina? ¿Por qué?

¿Ese nudo en la garganta es mi imaginación o en realidad sí quiere llorar? Vueltas que da la vida, supongo.

—Porque besa bien.

Suspira largo y pesado. Miro cómo aprieta los puños e intenta controlarse.

—Entonces sí eres tú.

—Sí soy yo.

—Es que no puedo creerlo. ¿Por qué Nico? ¡Hay miles de hombres allá afuera! ¿Por qué Nico?

—Tú me dijiste que cualquier hombre que no fuera Samuel ¿Te acuerdas? Bueno, él no es Samuel.

—Pero… —se detiene. Se limpia rápido una lágrima. Esta función no debería estarla viendo gratis. —¡Pero no Nico! Nico es mi mejor amigo ¿Cómo voy a dormir ahora sabiendo que mi novia…

Yo lo interrumpo de inmediato.

—Hey, hey, hey… Yo no soy tu novia. Lo dejaste bien claro el día que me dejaste en aquel restaurante…

—¡Ya BASTA con eso del restaurante! ¡Te pedí perdón mil veces, Nina! ¡Es verdad! ¡Soy un idiota! ¡Me equivoqué! Pero besarte con mi mejor amigo en público… eso no te lo perdono.

Yo suelto una risita irónica.

—¿Y quién te está pidiendo perdón?

Me vuelvo a reír y abro mi laptop. Lo primero que me aparece es una noticia del maldito video y la vuelvo a cerrar.

—Dime la verdad… ¿Qué es lo que hay exactamente entre Nico y tú?

—Eso no te importa.

Guarda silencio un momento. Se traga otro nudo en la garganta y dice con la voz quebrada:

—Sí me importa. Sabes que sí me importa. Nina, yo te amo. Es la verdad. Sé que fui demasiado estúpido e insensible y solo pensé en mí mismo. Luciana me da la comodidad que necesito, pero la que está en mi cabeza eres tú.

Ah, mira… es que todavía es más imbécil de lo que pensaba. Lo siguiente que hace no me lo esperaba ni en mil años, ni en mis peores pesadillas, ni en mis momentos más humildes: se deja caer el suelo de rodillas… casi llorando.

Qué suerte que cerró la puerta.

—¡Levántate!

—Te estoy pidiendo perdón de rodillas, Nina.

¿Qué más tengo que hacer para que vuelvas conmigo?

No soporto la idea de verte con alguien más ¡No soporto la idea de verte con Nico!

¡No soporto la idea de verlo a él contigo!

¿Es que cómo pasó? ¿Desde cuándo? —Hace una pausa y es como si de pronto una idea se le pasó por la cabeza: —ustedes pasaban mucho tiempo juntos… sí, ahora entiendo todo...

Yo lo interrumpo de inmediato:

—¡Idiota! Ni se te ocurra hacerte la víctima que quién nos dejaba a solas eras tú. Tú mismo te inventabas problemas laborales, juntas, llamadas de último minuto, y te ibas. Me dejabas plantada con Nico. Aun así, él era un caballero… y yo demasiado tonta.

—¿Cómo que demasiado tonta?

—Que debí aprovechar. Debí quitarme las ganas desde el principio. Igual tú me estabas poniendo el cuerno con Luciana.

—¡Que yo no te puse el cuerno con ella!

—¿Estás seguro? —Entonces me pongo de pie y rodeo mi escritorio. —Mira, si eres completamente honesto quizás podría considerar tu oferta. Después de todo fue todo un año el que compartimos juntos ¿Por qué tirarlo a la basura?

Obvio que ni de coña volvería con Benjamín. Ni que se esté arrastrando por el suelo. Recuesto mis caderas sobre el escritorio y él se pone de pie.

—¡Es que te juro que nada pasó como crees!

Primera mentira y todavía no comenzamos.

—Ya sé todo, Benjamín. Si intentas decir una sola mentira, te largas. Y si no te quieres ir, seguridad te va a sacar a patadas y es mejor que te ahorres esa vergüenza.

Benjamín es alto, no tan alto como Nico, pero sí me lleva varios centímetros, aunque use tacones. Aun así, no es intimidante. Mucho menos ahora que tiene los ojos llorosos y cara de que no durmió toda la noche.

—Está bien. Adelante.

—¿Cuántas veces estuviste con Luciana antes de terminar conmigo?

La respuesta se la piensa bastante, así que aquí viene otra mentira.

—Una vez. Fue para el cumpleaños de mi hermana, le dije que no te invitara porque Luciana iba a estar ahí.

—¿Una vez? ¿Estás seguro?

—Solo una, te lo juro.

—Te voy a dar una segunda oportunidad y la última, solo porque hoy estoy de buenas. ¿Solo una vez? ¿Estás seguro?

Guarda silencio. Baja un poco la mirada y dice:

—Okey, tres o cuatro. No sé. ¿Quién cuenta cuántas veces se acuesta con alguien? Pero no significó nada. Fue más por compromiso. El padre de Luciana conoce a mi jefe y ella me dijo que podía recomendarme con él para un mejor puesto.

—¿Entonces preparaste una pedida de matrimonio y una boda solo por pura conveniencia? Eres peor de lo que pensé.

—No… es que… a ver… dicho así suena bastante mal, pero es que Luciana tampoco es monedita de oro. Es manipuladora, cruel, caprichosa…

Entre más habla, más estúpido se escucha. Suena exactamente a todo lo que decía sobre mí. Quiero sacarlo a patadas yo misma, pero entonces me acuerdo de la pregunta más importante y lo interrumpo:

—¿Y con Valentina?

Se pone tenso.

—¿Qué pasa con Valentina?

—¿Cuántas veces me pusiste el cuerno con Valentina?

—¿Con Valentina? ¿Estás loca?

—El día que me dejaste en aquel restaurante. Valentina y tú llegaron tarde, recién bañados, con la misma excusa y casi al mismo tiempo. ¿Estabas con Valentina antes o no? Como te dije, ya sé todo. Una sola mentira y te largas. Yo no soy estúpida, Benjamín.

Él traga saliva.

—No metamos a Valentina en esto.

—¿Eso es un sí?

—No de la forma que tú crees.

—Ah, ¿no? Estabas en su apartamento. Ella te envió una foto y tú corriste a buscarla.

De pronto se pone pálido.

—¿Quién…? ¿De…? ¿De dónde sacas eso?

—Ya te dije, lo sé todo. ¿Y sabes qué es lo peor? Que en ese momento era la novia de tu «mejor amigo» aún.

—¡Pensaba que Nico era gay! ¿Okey? Valentina me contaba lo frío y distante que era, ni siquiera podría considerarse que fue su «novia».

Valentina necesitaba a Nico porque su papá insistía en que se casara con un médico, entonces Nico aceptó salir con ella.

Pensé que lo hacía para guardar las apariencias.

Yo me río fuerte y esta vez es de verdad.

—Pues Nico no es gay.

—Eso me queda claro. Ahora que estoy siendo completamente honesto contigo, quiero que tú hagas lo mismo. ¿Qué es lo que tienes con Nico?

—Me acuesto con él.

—¿Qué?

—Ya te lo había dicho ayer ¿Te acuerdas?

—¿Te acostaste con mi mejor amigo?

—Me acuesto con él. En presente. La última vez fue hace no más de doce horas.

—Creo que nunca había visto a Benjamín ponerse tan rojo, molesto, consumido por la rabia.

—Es que me dio curiosidad ¿Sabes? Y esa curiosidad la tenía desde que tú y yo estábamos juntos.

Desde antes de saber que era tu amigo, de hecho, porque lo miraba desde mi balcón todos los días.

—¿Qué estás diciendo?

—Siempre me generó esa inquietud de saber cómo sería estar con un hombre como él.

Así que gracias por dejarme en ese restaurante.

Solo por eso te perdono. Si no hubieras hecho todas esas estupideces, yo jamás me habría atrevido a divertirme con tu «mejor amigo».

Y ya que nos estamos confesando… volver contigo sería como cambiar un banquete por comida recalentada.

Se enfurece. Bastante. Tanto así que tira las cosas que hay sobre mi escritorio.

La laptop se salva por poco. Entonces esta vez no se lo aviso, tomo el teléfono de la oficina para llamar a seguridad y lo pongo en altavoz, pero justo en ese momento el bendito teléfono suena y atiendo ahí frente a Benjamín.

Aunque está de espaldas ahora mismo, sosteniéndose la cabeza.

Todo un drama queen si me preguntan.

—Mi amor, dejaste tu bolso en mi camioneta. Estoy afuera.

Es la voz de Nico, por supuesto.

Benjamín la reconoce de inmediato. Lo veo tensarse antes de girarse hacia la puerta. Sale de la oficina, y un segundo después, el portazo sacude las paredes.

¿Qué mierda?

Voy detrás de él.

Desde el ventanal del pasillo distingo la camioneta de Nico y, evidentemente, Benjamín también. Acelera el paso de inmediato. Sale del edificio con zancadas largas, rápidas, decididas.

¡Estamos frente a mi lugar de trabajo, joder!

Y también frente al suyo, indirectamente, porque su agencia maneja las cuentas de esta revista.

Definitivamente, Benjamín es mucho menos inteligente de lo que creí, porque ¿qué demonios piensa hacer cuando llegue hasta Nico? ¿Montarle una escena? ¿Exigir explicaciones? ¿Preguntarle si es verdad que se acostó conmigo?

¿O recordarle que se supone que son mejores amigos?

Porque, si ese es el plan, llega bastante tarde.

Y bastante después de que dejara de ser asunto suyo.

—¡Tú! Miserable.

Acaba de llamarle miserable a Nico.

No sé si el doctor de muertos lo escuchó... bueno, parece que sí, porque se está bajando de la camioneta.

¡Se está bajando de la camioneta!

—¿Cómo me llamaste? ¿O solo escuché mal?

—Escuchaste bien. Miserable. Eras mi mejor amigo, Nico. ¡Mi mejor amigo! ¡Y te acostaste con mi novia!

—¡Alto ahí!

Mi voz sale más fuerte de lo normal.

Mucho más fuerte.

—Vuelves a decir que soy tu novia y me aseguro personalmente de que no vuelvas a poner un pie en esta revista. ¿Me escuchaste? Jamás.

—¡Tú no te metas, Nina!

—A ver… —Nico le habla a Benjamín. —A Nina no le vuelves a hablar así ¿Entendido?

—Ah sí, claro. Todavía te importa cómo le hablo, al parecer. Ahora lo recuerdo mejor. «No le hables así a Nina». «Entonces rompe con ella». «Si tanto te quejas, ¿por qué simplemente no la dejas y ya?». ¡Lo que tú querías era acostarte con mi novia! Por eso insistías tanto en que terminara con ella.

De lo que uno se entera.

—¿Le decías que terminara conmigo?

—Sí. Se la pasaba todo el tiempo quejándose.

Benjamín lo interrumpe: