Bendito Karma CAPÍTULO 39 #3
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CAPÍTULO 39 #3

—Es una larga historia. —Tomo a Nico de la mano y lo llevo hacia el otro extremo del bar, suficientemente lejos para no tener que presenciar eso de cerca. —Le acabo de contar todo a Luciana y lo primero que hizo fue besar a Lucas. Creo que hoy no voy a volver a mi apartamento por si acaso.

—Igual no ibas a volver a tu apartamento hoy.

Levanto una ceja.

—Ah, mira nada más. Ya tienes planes para mí y ni siquiera me preguntaste.

—Mi error fue asumir que después de pasar todo el día pensando en mí ibas a querer irte a otro lado.

—Qué ego tan preocupante manejas.

Nico se sienta en uno de los bancos de la barra. Me quedo de pie rodeándole el cuello con ambos brazos y él me ubica entre sus piernas.

Me da un beso.

Lento.

De esos que no necesitan prisa para desordenarte por dentro.

Sus labios apenas rozan los míos al inicio, pero después me sostiene mejor de la cintura y el beso cambia. Se vuelve más profundo. Más firme. No brusco… solo intenso de esa manera peligrosa en la que uno termina olvidándose de todo alrededor.

Y odio que después de tantos besos, todavía logre que se me olvide hasta cómo respirar por un segundo.

Me separo un poco solo para preguntarle:

—¿Sabías que Valentina se acostaba con Benjamín? Bueno, Luciana todavía lo está comprobando, pero es muy probable que sí.

Nico ni siquiera parece sorprendido, así que me salta la duda:

—¿Sí lo sabías?

—No, solo no me interesa. Mi mente estaba más ocupada pensando en que tú estabas con él y me daba rabia.

Suelto una risa y, aunque intenta sonar sarcástico, sí parece molesto.

—Ah, mira nada más. Pobre Valentina.

—No me importa Valentina. Mi único pensamiento en ese entonces era qué le viste tú a Benjamín.

—Al menos me habló, ya que otra persona no lo hizo y tuvo que esperar que mi ex nos presentara para comenzar a fastidiarme.

—Es que me ponías nervioso.

Me quedo mirándolo fijamente unos segundos.

—¿Te acuerdas de la lista de mentiras que mi abuelo me escribió sobre los hombres?

Nico suelta una risita.

—No me digas…

—Sí te digo. El «Me pones nervioso» es otra más y mi abuelo ya vivió noventa años, por eso le creo.

Nico se vuelve a reír.

—Pues esta sí es verdad. Si no fuera por Benjamín, quizás nunca habríamos hablado… o tal vez sí. Si estábamos destinados a estar juntos, tarde o temprano hubiéramos coincidido.

Me quedo mirándolo un segundo antes de soltar una risa suave.

—Dios… hablas exactamente igual que tu abuela.

Y entonces pasa algo.

Giro apenas la cabeza y me encuentro con alguien observándome fijo.

Ah.

Mierda.

Es la prima de Benjamín.

La misma a la que le alquilé la otra habitación de mi apartamento y gracias a Dios se fue. Ya no está con aquel novio que le conocí, uno de los amigos insoportables de Benjamín, ahora está tomada de la mano de otro.

Su mirada va de mí a Nico lentamente y después, sin disimulo, baja directo a mis brazos alrededor del cuello del doctor de muertos.

¿Debería preocuparme?

¡Nah! A estas alturas, si va corriendo a contarle a Benjamín, pues que Dios le guíe su camino.

Nico se entera de la situación. Mira hacia donde estoy viendo y la reconoce enseguida. La chica solo nos saluda con un pequeño gesto de cabeza y una sonrisa, una que solo yo devuelvo porque, como he mencionado mil veces, a Nico le importa un pepino la gente… incluso cuando la conoce.

Y ella, gracias a eso, no se atreve a acercarse.

Entonces me acuerdo de la situación más comprometedora de este lugar: Luciana.

Luciana y Lucas besándose al otro lado.

Así que yo le escribo un texto rápido diciéndole que la prima de Benjamín está aquí… digo, por si quiere ocultarse… o tal vez quiere que todo mundo lo sepa ya… ni idea.

El mensaje lo lee, pero no contesta.

Tiene otras prioridades, por lo que veo.

Rebecca nos interrumpe y dice:

—¿Quieren ir al palco? VIP, bebidas ilimitadas y más privacidad. Además, arriba se ve muchísimo mejor. —«Mas privacidad» acaba de decir. —Por cierto ¿dónde están tu hermano y su nueva novia?

—¿No se supone que están al otro lado de la barra?

—Estaban.

Carajo.

En fin, le digo a Nico que vayamos al lugar que habla Rebecca. Ella nos guía entre la gente y yo voy tomada de la mano de Nico todo el camino. En ese instante vuelvo a cruzarme con la mirada de la prima de Benjamín quién, al parecer, no ha dejado de vernos y «cuchichear» todo el rato.

Lo más seguro es que ya se lo digo a Benjamín.

Una vez en el palco, comienzo a buscar a Lucas y a Luciana entre toda la multitud. No hay forma de encontrarlos. No contestan llamadas, dejan mis mensajes en leído, y me ofendo cuando Nico le envía un texto a Lucas y a él sí le contesta de inmediato. Cuando lo veo llegar, lo primero que le digo es:

—¿Me ignoraste a mí, pero le contestaste a Nico?

—No te ignoré, pero, de todas formas, da igual a quién le conteste. Ustedes son como una sola persona; es como si te contestara a ti también.

—Ahora sí pareces hijo de político.

Luciana aparece detrás. Me toma del brazo y me dice que quiere hablar conmigo. Lucas se queda con Nico y yo intento hacer memoria de qué otra cosa podría haberse enterado.

—La boda continúa.

Esa no me la esperaba.

—¿Con Benjamín?

—Claro.

—¿Okey?

—Y sigue en pie lo de que tú seas mi fotógrafa. —Me toma por los hombros. —Nina, por favor, dime que sí. Te pago lo que sea.

—¿Entonces la boda sigue?

—Sí y quiero un video de la ceremonia.

Yo me quedo en blanco.

Ella se gira para tomar un par de bebidas y me da una a mí justo cuando la música empieza. A ver, yo tengo que pensarme esto. Camina hacia donde están los chicos y yo la sigo.

—¿Qué estás planeando?

No dice nada por un rato, pero después con una sonrisa malévola me responde:

—Una sorpresa.

Me tomo la bebida de golpe. Nico charla con Lucas y los interrumpimos justo cuando mi hermano toma un par de bebidas y le da una a Nicolás.

Al parecer no lo conoce bien todavía.

—No, gracias. Tengo que conducir —dice cuando Lucas intenta pasarle el vaso.

—Una copa no es nada —responde Lucas, ya claramente demasiado feliz con la vida.

Nico saca el celular con toda la calma del mundo.

—¿Quieres que te enseñe cómo puede quedar tu cabeza después de manejar borracho? Tengo fotos bastante gráficas.

Lucas deja el vaso sobre una mesa inmediatamente.

—¿Sabes qué? El agua también es rica.

Y deja su bebida a un lado.

En fin, la música sube, las luces cambian constantemente y, por primera vez en todo el día, mi cabeza deja de sentirse tan pesada.

Yo sí me tomo un par de bebida o más… solo para no conducir de regreso. El DJ novio de Rebecca cambia de una canción buena, a otra excelente, a otra mejor. Yo me la estoy pasando increíble, pero Nico tiene cara de hombre socialmente secuestrado.

Le tomo la mano y la alzo con la mía para seguir cantando la siguiente canción. Y es justo entonces cuando ocurre.

A ver, esto no me lo esperaba… ni aquí, ni ahora, ni en ningún otro lugar.

Una Kiss Cam ¡Una maldita Kiss Cam!

Ah, no.

No.

La pantalla gigante nos muestra a Nico y a mí justo en el instante en que me hace girar sujetando el brazo que le tengo tomado y termino chocando contra él. Levanto la vista y ahí estamos, enormes frente a todo el lugar: él mirándome con una sonrisa y sus dos manos ahora en mi cintura.

Me quedo en shock.

La reacción del público es inmediata. Los gritos comienzan casi al mismo tiempo y, en cuestión de segundos, una ola de «¡Beso, beso, beso!» invade el concierto. Hasta Lucas y Luciana, a nuestro lado, empiezan a aplaudir y a corearlo.

Entonces Nico sigue la dirección de mi mirada hacia la pantalla y después vuelve los ojos a mí. Okey. Esto no se lo esperaba. Pero, sinceramente, yo tampoco.

Me aclaro la garganta y me acerco a su oído.

—Bésame como si hoy se acabara el mundo.

Y el hombre se lo toma literal. Literal.

La pequeña risa con la que responde me derrite… y al público también. Nico me sostiene el rostro con ambas manos casi al instante, como si hubiera estado esperando exactamente esa invitación, y me besa así, exactamente como le pedí: como si hoy se acabara el mundo.

No es un beso rápido, mucho menos tímido.

Es de esos que vuelven borroso todo alrededor.

El ruido del concierto se convierte en algo lejano; las luces, la multitud y hasta la pantalla desaparecen de mi atención.

Solo siento una de sus manos contra mi mejilla, la otra baja firme a mi cintura, y yo correspondiéndole, claro que sí.

El público explota en gritos y, honestamente, no ayuda en absolutamente nada que Nico siga besándome como si no hubiera una cámara enorme enfocándonos frente a cientos de personas.

Cuando por fin nos separamos, me quedo literalmente sin aire. La gente continúa gritando emocionada, Lucas silba desde algún lado y Rebecca parece estar viviendo el mejor momento de todo el año.

Y yo solo puedo pensar una cosa:

Mierda.

Lo bueno es que la gente olvida rápido y mañana será otro día.