CAPÍTULO 39 #2
—¿Cómo en citas? Porque el último depósito es de cuando Benjamín y yo ya estábamos juntos o eso se supone. Yo estaba a días de mudarme aquí, incluso un par de días antes viajó a ayudarme a hacer las maletas.
Maldito Benjamín.
Dos días antes me dijo que iba a viajar a otra ciudad por trabajo.
A la mierda, voy a contarle todo.
¿Qué puede pasar? Estamos rodeadas de gente. Técnicamente no puede matarme.
—Yo tuve una relación con Benjamín —suelto finalmente—. Duró un año. Hasta ese día.
Luciana parpadea.
Una vez. Dos veces.
—¿Qué?
—Ese día del último depósito en su cuenta bancaria Benjamín me dejó en un restaurante.
Sola. A más de una hora del centro de la ciudad.
No llevé mi auto, le tenía pánico a conducir y él lo sabía.
Se molestó porque dije que soy fotógrafa frente a sus amigos médicos y porque él pagó la cena, así que le transferí todo lo que gastó por ambos.
Parece intentar procesar demasiada información al mismo tiempo.
—¿Cómo? ¿Un año?
—Yo también me pregunto ¿Cómo? —Me rio sin ganas—. Honestamente me dio pena hacerlo yo misma que dejé que él lo hiciera y por eso es que duramos un año.
—¿Pena?
—Sí, cuando intenté terminarlo por primera vez se le ocurrió la grandiosa idea de contarme de cómo fue el día que su mamá murió.
La segunda vez su padre casi se desvive a sí mismo, así que tampoco pude terminarlo.
La tercera vez solo lo miré a la cara y no me atreví, pensé que había pasado por mucho, pero lo más seguro es que se andaba revolcando con Valentina.
—No puedo creerlo… —susurra—. Tú eras como… la novia oficial.
—No es como que me de orgullo.
—¿Toda su familia sabía?
—Sí.
La expresión de Luciana cambia lentamente.
—¿Y Valentina?
—Quizás sí, pero ella fingía que no.
—Qué hijos de su puta madre.
Y entonces empieza a llorar.
De verdad llorar.
Lágrimas grandes, silenciosas primero, hasta que termina soltando un llanto ruidoso y yo entro automáticamente en pánico porque no sé qué demonios se supone que haga ahora.
¿Le sobo la espalda? ¿Le doy otra bebida? ¿Le limpio las lágrimas? ¿La saco del club y fingimos nuestra muerte?
Las chicas de la revista nos están viendo desde lejos con cara de «¿qué demonios pasó?» y yo solo me encojo de hombros mientras Luciana sigue llorando.
El bartender, probablemente acostumbrado al drama femenino de lugares como este, me pasa un pañuelo y le pone otra bebida enfrente sin hacer preguntas.
—No puedo creer que Benjamín me hiciera esto —dice entre lágrimas—. Yo le conseguí ese ascenso. Mi padre es amigo de su jefe y yo fui quien le pidió que lo ayudara… y mientras tanto él estaba revolcándose con Valentina o contigo.
—No, conmigo no. —Levanto las manos rápido—. Teníamos meses sin… bueno, sin hacer cosas de novios. Siempre estaba «muy ocupado» y no me iba a poner disponible solo cuando a él se le antojara. Definitivamente no.
—¿Qué le viste? Bueno, creo que sé la respuesta: la cara de oveja al principio hasta que comenzó a sacar las garras.
—Sí, eso exactamente. Y también creo que nos unió el trauma. Yo perdí a mi madre de pequeña, él acababa de perder a la suya, así que ya sabía lo que se sentía. Acepté la primera cita por lástima.
Luciana se limpia las lágrimas con el pañuelo y me mira directo a los ojos.
Ahí viene otra pregunta… de las incómodas.
—Dime la verdad, Nina…
—Por supuesto.
—Desde que está conmigo «oficialmente» —hasta hace comillas con las manos —¿te ha buscado? ¿Te ha dicho que te extraña? ¿Te ha pedido volver con él?
Y yo no sé qué responder.
Mierda.
Bueno, a estas alturas es peor una mentira.
—Sí.
Eso solo consigue que llore más fuerte.
Tanto que el bartender me mira con lástima antes de empujar otra bebida hacia nosotras.
—Tiene fotos tuyas en una carpeta en su celular —dice de repente, todavía llorando. —Muchas fotos. Demasiadas. En ninguna aparece él. Entonces pensé que era un maldito acosador y yo solo venía a advertirte.
—¿Fotos mías?
—Sí.
Ah.
Perfecto.
Qué maravillosa noche estoy teniendo.
Luciana se limpia las lágrimas una vez más, intentando respirar hondo.
—¿Puedes borrar esa carpeta, por favor?
—Ya la borré. Bueno… —dice al final, soltando una risa triste —la vida sigue, ¿no?
Y justo en ese momento aparece Lucas.
Porque el universo jamás desperdicia una oportunidad para empeorar una situación.
Lucas se acerca relajado y apenas abre la boca para saludarnos cuando Luciana me mira y dice:
—Perdón.
—¿Por qué?
Y entonces ocurre.
Luciana se gira hacia Lucas, lo mira apenas un segundo y, antes de que cualquiera de los dos pueda pensarlo demasiado, se le abalanza encima y lo besa.
Pero no es un beso rápido, no uno torpe por el alcohol. Lo besa de verdad. Yo me
quedo congelada. Las chicas al fondo se quedan congeladas. Lucas también entra en shock… exactamente medio segundo, porque después cierra los ojos y le sigue el beso como si llevara meses imaginándolo.
Como si Luciana acabara de hacer exactamente lo que él quería que hiciera desde que llegó al club.
Incluso le sostiene el rostro entre las manos, lento, firme, completamente metido en el momento.
Dios mío.
¿Y ese beso qué demonios fue?
Y esto que hoy pasé horas fotografiando gente haciendo cosas bastante cuestionables frente a una cámara, pero esto… esto tiene una tensión absurda. De esas que hacen sentir que uno está viendo algo que definitivamente es ilegal.
Se separan apenas unos centímetros, todavía demasiado cerca el uno del otro, y Luciana le dice algo rápido. Lucas me señala a mí. Ella me mira. Yo sigo sin entender absolutamente nada. Lucas responde algo más. Luciana vuelve a llorar.
Ah.
Perfecto.
Así que probablemente acaba de preguntarle que si él sabía lo de Benjamín.
Empiezan a discutir, pero la música está demasiado alta y no logro escuchar nada, así que termino levantándome y acercándome justo cuando Luciana dice:
—Entonces todo este tiempo sabías que tu hermana fue novia de Benjamín.
—Al mismo tiempo que tú, sí —responde Lucas sin el menor rastro de culpa—. Pero no me correspondía a mí decírtelo. Aunque, si quieres vengarte, cuenta conmigo.
—¡Lucas!
Ambos me miran.
—¿Qué?
Miro a Luciana con vergüenza.
—Perdónalo, no sabe lo que dice.
Voy a tomarlo del brazo para llevármelo lejos cuando Luciana me interrumpe:
—No, sí es una buena idea.
Y antes de que pueda reaccionar, vuelven a besarse.
Frente a mí.
Otra vez.
Las chicas de la revista al fondo parecen a punto de desmayarse, para ellas esto es como estar viendo un reality show en vivo.
Yo me quedo ahí parada sin saber qué hacer.
¿Me quedo con ellos? No. Definitivamente no.
¿Me quedo sola? Tampoco.
Así que termino caminando hacia las chicas. Apenas me acerco, Rebecca pregunta:
—¿Qué demonios pasó?
—Le conté a Luciana que Benjamín y yo salíamos al mismo tiempo que él estaba con ella. Ah, y aparentemente la ex de Nico también se acostaba con Benjamín, no solo con Samuel. Honestamente, sí parecíamos un grupo de swingers.
Las tres me miran horrorizadas.
—¿Sabes qué? —habla Rebecca—. A nosotras nos señalan por «mala reputación» cuando yo llevo una década con el mismo hombre.
Deborah tiene un matrimonio estable y dos hijos, y Anastasia apenas está empezando a salir con alguien después de cuatro años sin tocar un pito.
Pero claro, como nosotras posamos en ropa interior, entonces la sociedad decide que somos las descarriadas.
Y Anastasia agrega:
—Y nosotras jamás nos acostaríamos con el prometido de nuestra mejor amiga.
—Jamás —repite Deborah.
Yo me quedé procesando lo anterior y miro el vientre de Deborah, planísimo, con tabletas de chocolate y mi pregunta es… ¿Cómo?
—¿Tienes dos hijos?
—Sí. Gemelos, dos años.
—¿Y también esposo?
—Sí. Ya no debe de tardar en llegar.
—Oye… —dice Anastasia lentamente— pero sí entiendo a Luciana, eh. Tu hermano está muy guapo.
—¡Ana!
—¿Qué? Está mejor que el rancio de tu ex.
Yo ni siquiera me atrevo a mirar hacia la barra.
—Toma… —me dice, dándome una bebida que parece aguardiente. —No te preocupes, no tiene alcohol.
—Voy a fingir creerte solo porque necesito olvidarme de la conversación con Luciana y ese beso que le dio a Lucas cuando, hasta donde sé, sigue comprometida.
—Sí, bendito karma… ¿no?
Las tres se ríen y en ese momento dos chicas se acercan al grupo. No son de la revista, no las conozco; pero amigas de ellas sí son. Me presentan con ambas y el saludo es rápido, porque una de ellas… rubia y bastante bronceada, le pregunta a Rebecca:
—¿Quién es ese que está hablando con tu novio?
Rebe frunce el ceño.
—¿Con mi novio? No lo he visto en un rato, se está preparando para el show.
Entonces ellas señalan hacia un lugar y todas voltean, hasta yo.
—El alto, con tatuajes.
Por supuesto, hablan de Nico.
Al parecer se encontró con el novio de Rebeca y Nico sí es amable cuando quiere.
Deborah aclara rápido:
—Él no… ese es el… un amigo de Nina.
Las dos chicas sonríen al instante.
Ah, no.
No me gusta esa sonrisa.
—¿Es tu amigo? —pregunta una de ellas.
Y la otra se apresura:
—Pero no novio-amigo o algo así ¿Verdad?
—No es mi novio.
Se saca el celular y descaradamente, dice:
—¿Me das su número?
No sé qué cara hago exactamente, pero las chicas a mi alrededor se ponen serias de inmediato.
—Mejor no —dice Rebecca rápidamente antes de agarrarlas del brazo—. Vengan, les presento a alguien más.
Y prácticamente se las lleva arrastrando.
Después queda un silencio entre Anastasia, Deborah y yo.
Yo finjo demencia tomándome la bebida que parece aguardiente de un solo trago.
—Bueno… ahí viene tu «no» novio —dice Deborah, tomando su copa y Anastasia hace lo mismo. —Nos vemos más tarde en el palco.
Solo unos segundos después siento un brazo rodearme la cintura.
—¿Qué está pasando ahí? —pregunta. Me giro un poquito hacia él y sigo la dirección de su mirada.
¡Ah! Carajo. Luciana y Lucas están besándose… de nuevo… en la barra, como si estuvieran a punto de filmar una escena pornográfica de televisión.