Bendito Karma CAPÍTULO 38 #3
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CAPÍTULO 38 #3

Escucho papeles moverse del otro lado de la línea y alguien le dice algo que no alcanzo a entender. Nico responde que va enseguida.

—¿Estás ocupado? —pregunto, y apenas lo digo me doy cuenta de lo estúpida que suena esa pregunta para un forense.

—Tú eres más importante. Solo estoy esperando que llegues sana y salva hasta tu oficina.

Algo en mi pecho se encoge de una forma ridículamente suave.

—Pues ya estoy aquí.

—Entonces te veo esta noche.

—Claro que sí.

Cuelga. Me quedo mirando la pantalla del teléfono unos segundos más de lo necesario, sobrepensando demasiado. Y, por primera vez en horas, ya no es Rigoberto lo que ocupa mi cabeza… es Nico.

Quizás sí debería guardar distancia… esta vez de verdad.

Porque el día que decida irse, voy a sufrir más de lo que quisiera admitir. Y eso es exactamente lo que no quiero.

—¡Por fin! Pensamos que te habían secuestrado.

Levanto la mirada y ahí están las tres modelos. Anastasia, con el café en la mano y cara de no haber dormido nada; Rebecca, revisándose las uñas como si el mundo dependiera de ello; y Deborah, que apenas me ve sonríe como si acabara de encontrar chisme entretenido.

—Nos preocupamos —ahora es Rebecca—. Tú nunca llegas tarde. Hasta Alfonso preguntó por ti.

Miro mi reloj… p… madre, sí que es tarde. No me di cuenta.

—¿Y llegaste a pie? —Ahora Deborah. —¿Qué pasó con tu auto?

—O tu novio.

—Nico no es mi novio aún.

Las tres hacen un ruido exagerado al mismo tiempo.

Y yo me arrepiento de haber abierto la boca.

—Espera, espera… ¿«aún»? —Anastasia casi se atraganta con el café—. Nina Beltrán, ¿estás admitiendo sentimientos?

—Ese «aún» no significa nada.

—Significa mucho, no dices no he comido aún si no piensas comer del todo ¿No?

—Quiero entender algo —dice ahora Rebecca—. ¿Cómo es que todavía no le has propuesto matrimonio a un tipo que está más bueno que el pan, que además es forense y dejó a la novia por ti?

—No dejó a la novia por mí. La dejó porque se estaba acostando con otro.

—¿Y crees tú que no la hubiera dejado por ti, aunque no se hubiera estado acostando con otro?

—Nico no es así.

—Los hombres son así.

—Y por cierto ¿Qué pasó? —pregunta Anastasia esta vez, un poco más suave—. ¿Por qué llegaste caminando?

—Porque mi padre me trajo.

Las tres se quedan calladas al instante.

—Ah.

—Sí… «ah». Cualquier encuentro con mi padre me genera ansiedad y le dije que mejor me dejara en la otra cuadra, porque el tráfico está pesado y no soportaba otro segundo más con él.

De nuevo:

—Ah.

Y Rebecca:

—¿Mal Padre?

—Político.

Otro «Ah».

Entro a mi oficina y dejo el bolso sobre la silla. Las chicas me siguen mientras saco una de las cámaras de su estuche y reviso el lente rápidamente antes de colgármela al hombro.

—¿No deberían estar en peinado y maquillaje? —pregunto sin levantar mucho la vista.

—Sí, pero Alfonso cambió el horario —dice Deborah—. Te estaba buscando porque habrá filmación de contenido adulto y necesita fotos de los actores, bueno… de todo. Pero, al parecer, no quieren al otro fotógrafo, a la jefa de jefes dice que le gusta más tu estilo.

—¿Filmación de contenido adulto? O sea… porno… en vivo.

—Ajá.

Al parecer hay una nueva habilidad que tengo que desarrollar.

—Por cierto… —dice Rebecca, dejándose caer en mi silla del escritorio —dejando de lado tu crisis emocional y tu evidente problema con tu no novio ¿tienes algo que hacer hoy?

—Probablemente no. El doctor de muertos trabaja hasta tarde y mi hermano anda demasiado entretenido desde que llegó, entre la campaña de la fábrica de tabaco y la casi esposa de Benjamín. Prioridades cuestionables, si me preguntan.

Rebecca se endereza de inmediato.

—¿El rancio de tu ex?

—Ese mismo.

—¿Tu hermano se quiere coger a la prometida del rancio de tu ex?

—Pues yo creo que eso es recíproco.

Las tres sueltan una carcajada y es Deborah la que dice:

—Nunca vi al karma cobrarse todo tan rápido.

—A ver, Lucas no es tan descarado… quiero decir, habla mucho… pero sé que no lo haría… y a Luciana, ya la conocen… bueno… no parece del tipo que se acuesta con otro estando prometida.

—Bueno, eso no lo sabes.

—Me encanta la telenovela de la vida de Nina —habla ahora Deborah soltando una nueva carcajadita. —Tiene temporadas, nuevos personajes y de todo.

Yo la miro con desdén. Rebecca se pone de pie y dice:

—Llévalos a ambos, hoy… digo, a tu hermano y a la prometida de tu ex. Mi novio dará un concierto. También lleva a tu no novio descuartizador. No querrás ser la única soltera.

Cuando voy a replicar, mi teléfono suena.

Luciana.

Es Luciana.

Como si el universo le dijo que yo estoy hablando de ella.

Contesto intentando que mi voz no suene rara.

—¿Hola?

—Nina, perdón por molestarte. Creo que dejé uno de mis aretes en tu casa. Lucas me dijo que hoy trabajaba hasta tarde, así que quería saber a qué hora vas a estar allá para pasar a buscarlo.

Las tres chicas frente a mí ya están escuchando descaradamente.

—Invítala —susurra Deborah.

Es que aman el chisme.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—¿Qué… pasa? —Luciana ahora. Entonces me concentro en el teléfono y me alejo unos pasos.

—Las chicas están aquí conmigo. Ya las conoces, las modelos.

—Oh, sí.

Las tres siguen molestando detrás de mí.

—Bueno, me invitaron a un concierto. El novio de Rebecca es DJ… —lo siguiente que digo me cuesta —y quieren que también vayas tú.

—¿Yo?

—Sí, tú.

Hay un pequeño silencio al otro lado.

—Ya me emborraché ayer y fue bastante malo. A los treinta y dos ya necesitas diez días hábiles para recuperarte de unas cuantas copas de alcohol.

Las tres chicas sueltan una risita y Anastasia me quita el teléfono.

—No te preocupes, yo sé tips para que mañana amanezcas como nueva.

Pensándolo bien… yo necesito que me cuente lo de Valentina. Tomo mi celular de regreso y, ahora con más confianza, le pregunto:

—¿Qué dices? ¿Vienes? también voy a invitar a Lucas, lo más seguro es que diga que sí.

Y es increíble cómo algo en su tono cambia de inmediato.

—Bueno… sí, pero antes de que llegue Lucas, me gustaría hablar contigo. Es algo sin importancia, pero que necesito sacarlo de mi cabeza antes de comenzar a hacerme una película. Tú me entiendes.

Mierda. Estoy segura de que se enteró de algo. Si fuera lo de Valentina no me lo dijera así, digo… no somos tan amigas, ¿qué tal si ya sabe que Benjamín y yo…? Bueno, en todo caso, ella era el cuerno; aunque no lo sabía.

—Sí… claro que sí.

—Bueno, me envías la ubicación por favor y nos vemos allá.

Bueno… al parecer, lo del arete solo era una excusa.