CAPÍTULO 37 #2
Tengo cosas más importantes por las cuales preocuparme, y una de esas es lo que veo cuando entro a mi propia casa. Lo hago tan rápido que no me da tiempo ni de preguntarme si Lucas ya está despierto… y sí lo está, claro que lo está… demasiado despierto.
En mi cocina.
Con Luciana.
Él preparando un café.
Ella agarrándose de su brazo riéndose a carcajadas por algo que le dice él.
Están muy… muy cerca.
Pero no es todo: Ella lleva una camiseta de Coldplay de Lucas, y Lucas parece que se acaba de levantar de un buen sueño y solo lleva calzoncillos.
Los dos, al verme, se separan de la impresión.
Es Luciana, nerviosa, apenada, sorprendida… no sé, quién habla primero:
—Buenos días, Nina.
—Buenos… días. —Estoy confundida.
—Esto no es lo que parece, lo juro.
Nunca había visto a Luciana despeinada, siempre lleva sus moños perfectos, su maquillaje armonioso, sus trajes que gritan «girl boss» por todas partes. Ahora le estoy viendo las piernas.
—Sí, ya me lo imagino.
—Ayer me pasé de copas, vomité en mi ropa, me desmayé y Lucas me trajo aquí.
—Yo dormí en el sofá —agrega él apresurado.
—Bueno, me voy, se me hace tarde. —Se va a la otra habitación y solo se pone un pantalón. Sale con su bolso Gucci en el hombro y las otras prendas casi colgando. Durante todo este tiempo, yo solo estoy viendo a Lucas, quién finge inocencia tomándose su café. —Fue un gusto verte, Nina.
—Igual. Que te vaya bien.
—Y gracias por todo, Lucas.
Cuando escucho la puerta cerrarse, yo soy la primera en hablar:
—¡¿Qué diablos?!
—Lo que te dijo es verdad. Por cierto, tengo un chisme jugoso. ¿Quieres café?
—¿Crees que nací ayer? Estás en calzoncillos y ella estaba usando tu camiseta de Coldplay.
Parece por fin acordarse de que solo lleva ropa interior, así que toma su pantalón deportivo del sofá y se lo pone mientras dice:
—Luciana estaba borracha. Yo podré ser muchas cosas, pero un aprovechado no. Y no pensé que te aparecerías tan temprano… es más, pensé que no vendrías del todo. Nico canceló mi entrenamiento con él, por ti. Por cierto, ese sofá es muy cómodo.
Yo sigo en shock. Benjamín está en el edificio de en frente peleando con Nico mientras su prometida estaba aquí riéndose con Lucas en ropa interior.
—¿Qué fue lo que pasó?
—Nada, estoy siendo honesto. Oye, ¿por qué no te sientas un rato? Sé que la diferencia no es mucha, pero ahora mismo me estás viendo de esa forma que me intimida y me estás poniendo nervioso. ¿Te sirvo café?
—Conozco a Luciana, nunca se emborracha.
—Cualquiera lo haría si se entera que su prometido le estuvo poniendo el cuerno.
—¿Qué?
—No te preocupes, no cree que fueras tú. Sospecha de Valentina.
—De nuevo, ¿Qué?
—Es el chisme jugoso que iba a contarte, pero te concentraste más en Luciana.
—Sí, porque no todos los días te encuentras a tu hermano en calzoncillos con una mujer que resulta ser la prometida de tu ex. En fin, ¿por qué Valentina?
—Encontró unos estados de cuenta de Benjamín, con cargos de hoteles lujosos a los que ella nunca ha ido, entonces investigó un poco y se encontró con depósitos de Valentina a la cuenta de Benjamín que correspondían exactamente a la mitad de los gastos de esos hoteles.
Revisó las redes sociales de los dos y fue en el perfil de Valentina que encontró fotos en esos lugares.
No fue cuestión de una vez. Tampoco es reciente.
¿Alguna vez fuiste tú a uno de esos lugares… ?
—¿Con Benjamín? —lo interrumpo. Me rio, porque yo ni de coña le pagaría la mitad a Benjamín para que él disfrute de esos hoteles caros que le gustan. Pero la risa se me va de golpe, porque el recuerdo de la noche que me dejó en aquel restaurante me llega como una ola:
Ambos llegaron tarde, recién bañados, con excusas del tráfico.
Eso no es coincidencia.
—¡Qué hijos de su puta madre!
—Palabras de Luciana: Qué bueno que Nina le bajó el novio a Valentina.
—¡Yo no le bajé el novio a nadie! Nico ya la había dejado.
—Es casi lo mismo.
—¡No es lo mismo! A ver, Valentina no solo se estaba comiendo a Samuel, también a Benjamín al mismo tiempo. No entiendo por qué teniendo a Nico necesitaba dos más.
—Porque tu novio no se la ponía fácil. Hasta llegó a pensar que Nico quizás era gay. —Lucas suelta una carcajada. —Eso me lo dijo Luciana, que no lo sepa Nico… por favor.
—O sea, que Valentina y Nico no…
—Según Luciana, nunca.
—Ahora todo cuadra. Es que si hubiera estado con Nico, Samuel y Benjamín pasaban a la historia.
—Eso me queda clarísimo… antier estaba borracho, no sordo. Y, oye, yo soy menos romántico que un lunes a las 6 a.m., pero siento que Nico solo estaba esperando la primera cagada de Benjamín para tener la excusa perfecta para caerte… porque ganas no le faltaban.
—Tú qué sabes.
—Soy hombre. —Le da un sorbo a su café como si acabara de dar una explicación científica. —Y le gustas desde que te vio por primera vez en el balcón. Le parecías egocéntrica, pero interesante. No me lo dijo así literal, obvio. Pero lo mejor de todo esto, es que es exactamente lo que te pasó a ti.
—Espero que tú no le hayas dicho nada.
—¿De las fotos que me enviabas de él? ¿Qué te quejabas, pero querías cogértelo? ¿Qué te parecía fascinante? Ah no, tu secreto está a salvo conmigo, hermana.
Es demasiado temprano para estar soportando a Lucas, ya me acordé porqué le dije que sí aceptara ese trabajo en Finlandia. Le quito su café y me lo bebo casi de golpe, ya sé que toma el café medio frío. Voy a defenderme, pero entonces su celular suena y cuando ve el mensaje arruga el gesto.
—Tu padre está aquí.
—¿Mi…?
—Rigo.
No puede ser.
—¿Qué diablos hace aquí?
—Quiere desayunar con nosotros.
—No, definitivamente no.
—Dice qué si no bajamos, vendrá a tu apartamento.
—¿Cómo sabe dónde vivo? ¿O que tú estás aquí?