Bendito Karma CAPÍTULO 33 #3
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CAPÍTULO 33 #3

En fin, me siento en el sofá y enciendo la televisión. Casi me atraganto cuando veo a la persona que aparece en la pantalla. Comienzo a toser. Me voy a morir antes que Lucas y yo ni siquiera tomé hasta quedar inconsciente.

—Por las familias unidas. Por los valores que nos definen como sociedad. Por nuestro Dios todopoderoso.

Le sigue un corte de mi padre cargando a dos niños pequeños que claramente no conozco. Los niños ríen. Él también. Naturalísimo. Actorazo.

¿Qué carajos?

—Creo firmemente que una ciudad fuerte empieza en el hogar. En el respeto, en la responsabilidad y en el amor por nuestros hijos.

La cámara cambia. Ahora está sentado junto a una mujer joven, demasiado joven, que le toma la mano con devoción. Es la misma chica que lo acompañaba ayer. No le calculo más de treinta años. Ella asiente mientras él habla, como si cada palabra fuera una revelación.

—Como buen padre, buen esposo y hombre de fe, sé lo importante que es proteger a nuestras familias.

Buen padre.

Buen esposo.

Hombre de fe.

¿En qué multiverso?

—Nuestra ciudad necesita líderes con temor de Dios, que gobiernen con honestidad, responsabilidad y amor al prójimo. Que no le den la espalda a quienes más los necesitan.

La imagen se funde con él estrechando manos, abrazando ancianos, inclinándose para escuchar a una madre con un bebé en brazos.

—Con la ayuda de Dios, trabajo duro y valores firmes, podemos devolverle la esperanza a nuestra gente.

Sonríe a la cámara. Directo. Seguro.

—Yo soy Rigoberto Beltrán y quiero ser tu alcalde. Porque la familia lo es todo.

Aparece el lema en pantalla:

«Rigoberto Beltrán. Por la familia. Por los valores. Por Dios».

Me quedo mirando la televisión, boquiabierta.

Y yo que creí que ya nada de él podría sorprenderme.

La puerta se abre de golpe y escucho a Lucas:

—Estoy casi muerto. Vomité tres veces, pero qué bueno que mi hermana se ligó a un doctor y salgo a correr en confianza de que al menos me darán primeros auxilios si me da un patatús en plena calle.

Conocí a tu suegro, bastante cool. —Se detiene en seco detrás de mí y dice: —¿Qué diablos?

¿Ese es...? Espera... ¿Candidato a alcalde?

—Ajá. —El anuncio ya terminó, así que le extiendo su celular para que busque él mismo el bendito anuncio, pero ni siquiera tiene que esforzarse: está por todas partes. —Se acaba de llamar a sí mismo buen padre, buen esposo y hombre de fe.

—¿Honestidad? ¿Responsabilidad? ¿Amor al prójimo? —Lucas suelta una carcajada. —Tal vez no debería regresar a Finlandia hasta después de las elecciones, digo... quiero estar aquí para fingir sorpresa cuando se las robe.

Apago la televisión todavía consternada.

—Por cierto ¿Y Nico?

—Fue a su apartamento a cambiarse. Me llevará a la morgue.

—¿Qué?

—Entraré a la morgue. No sé si eso es legal, pero yo no soy abogado y él es el jefe de área. Es mi primera vez viendo muertos así de muertos de frente. ¿Quieres venir?

—Por supuesto que no.

—¡Buh! Qué aburrida.

Ya un poco más recuperada del shock que me causó mi padre tan temprano, le digo:

—Solo no vomites a los muertos, por favor. Y voy a repetirte lo mismo que me dijo Samuel: No me gusta tu amistad con Nico.

—¿Eso te dijo Samuel? —le digo que sí y me pongo de pie. Se carcajea un rato y dice: —Pues perdón, pero no es todos los días que conoces a un médico forense. Además, si no te casas con él me sentiré personalmente ofendido.

—Todo se acaba, Lucas. Y si ustedes siguen siendo amigos será incómodo.

—¿Por qué tiene que acabarse? No puedes andar por la vida pensando en que todos los hombres son Rigoberto Beltrán y tienen tres familias al mismo tiempo.

—Todos los hombres son iguales y eso te incluye.

—¿A mí? Yo nunca he sido infiel.

—Tenías dos novias, Lucas.

—¡En la secundaria! Y fue un malentendido. A esta edad conozco al amor de mi vida y me caso al día siguiente. —Me rio con burla. —Por cierto, necesito el número de tu comadre, Luciana.

—¿Mi...? —Mejor voy a ignorarlo. —¿Para qué?

—Porque me arrastraron inconsciente y dejé el auto en su casa.

Me la pienso dos veces.

—Pero solo para lo del auto ¿Entendido?

—Pues claro. Aunque me muero de ganas por quedarme con algo más de Benjamín.

—¡Lucas!

—Bromeo.

Se mete a bañar y yo salgo al balcón.

Y sí, ahí está Nico... con su padre. Mierda.

Se me había olvidado de que Lucas mencionó que acababa de conocerlo o algo así.

Están tomando café, tranquilos, como una mañana cualquiera.

Los dos me miran al mismo tiempo. Levanto la mano para saludarlos...

a ambos, como si Nico no se quedó toda la noche aquí.

Entonces mi celular me anuncia un mensaje y cuando me lo saco del bolsillo me doy cuenta de que me están escribiendo desde una página: «Rigoberto Beltrán. Por la familia. Por los valores. Por Dios».

Es que hasta me da risa.

Lo que no es tan divertido es el texto:

«Buenos días, hija. Me quedé pensando en nuestro encuentro de ayer y no estoy muy orgulloso de mi comportamiento. Déjame enmendar las cosas. Te invito a comer hoy».

Bloqueado.

Vaya mañana, ¿eh? Y ni siquiera son las ocho.