Bendito Karma CAPÍTULO 33
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CAPÍTULO 33

E ste es el fin de mi dignidad, definitivamente.

Lucas suelta la pregunta con esa sonrisa de quien está demasiado cómodo socializando con la persona que no debe y ajeno al hecho de que yo prefiero evaporarme ahora mismo.

Yo, por mi parte, hago lo único sensato que se me ocurre: levantar la copa de champagne y darle un trago largo. No por sed, sino por prevención. Uno nunca sabe qué tontería puede salir de la boca de Lucas, y prefiero enfrentar el desastre con alcohol para que me resbale.

Lo sorprendente, e inquietante, es que Nico parece tomárselo con calma. No solo no lo ignora, sino que le responde. Y no con monosílabos secos a los que él acostumbra, ni miradas de «déjame tranquilo que solo quiero estar en silencio» no, está conversando. Con. Lucas.

Nico: El hombre que no sabe lo que es hablarle a alguien con amabilidad.

Bueno, yo no me puedo quejar, siempre ha sido amable conmigo. Medio idiota a veces, pero amable.

—Pregunta honesta, si me muero y me llevan a la morgue... ¿me vuelven a poner la ropa interior o me dejan así en pelotas?

Yo me atraganto con el champagne.

Mi hermano suelta una carcajadita.

—Lucas...

—¿Qué? Es curiosidad genuina. Existe la erección post mortem. —Se vuelve a Nico: —¿Verdad?

—¿Qué leíste antes de venir aquí? —Lo interrumpo yo.

—Autopsias para principiantes. Muy educativo. Cero romances. Como iba a conocer a tu médico forense, vine preparado.

«Tú» médico forense. Sí, es lo que acaba de decir.

A Nico ni siquiera le miro la cara.

—Y sí es verdad. —Ahora Nico. —Es un fenómeno vascular.

—¿Lo ves? —Me dice Lucas a mí. —También dice que los cuerpos se mueven. Técnicamente suspiran.

—También pasa. —Nico otra vez.

Yo giro la cabeza muy lento hacia el doctor de muertos.

—¿Cómo que pasa?

—No es un suspiro, en realidad es aire saliendo. Y no, nadie queda en «pelotas» —le responde a Lucas.

El gesto que hace parece genuinamente decepcionado.

—Qué lástima. Mi última oportunidad para ser intimidante y no me van a dejar ser. —Levanta la mano y llama al chico de las bebidas. —Mesero.

Esta noche va a ser larga.

—Me disculpo por cualquier tontería que a Lucas se le ocurra soltar ebrio.

No caigo en cuenta de que mi mano está sobre la pierna de Nico y que sus dedos están jugando con los míos como si lo hiciera sin pensarlo.

Es hasta que levanto la vista y me encuentro con Lucas mirando esta escena «disimuladamente» y con una expresión de curiosidad, diversión...

y un poquito de «te voy a molestar con esto toda la vida».

Perfecto.

Le suelto la mano disimuladamente. Nicolás no lo nota, porque ahora mismo está hablando con Lucas sobre uno de los temas más interesantes para él: Las fases de putrefacción de un cuerpo.

Les digo que podemos cambiar de lugar si quieren, quiero decir...

estoy entre medio de los dos y estoy escuchando toda esa grosería y los platos están cerca.

Me dicen que sí. Entonces ahora tomo el lugar de Nico y Lucas queda al otro lado.

No los ignoro completamente por si algo cambia en la conversación y yo tengo que intervenir.

En fin, los ensayos de boda son aburridísimos, aunque este de hoy me ha dejado tremendas confesiones, así que medio productivo sí fue.

Después de la comida, llega el evento en sí, que básicamente consiste en simular todo lo referente a la ceremonia.

Benjamín parece querer estar en cualquier otro lugar del planeta cuando su novia da su discurso y después llega el turno de él.

No quiere hacerlo.

Se traba varias veces, y Benjamín es muy bueno hablando en público, así que esto es nuevo para mí.

—Bueno... —dice, finalmente. —Estamos muy felices de compartir con ustedes este día tan... especial. Recuerdo como si fuera ayer aquel quince de julio que invité a Luci a salir por primera vez... —Se detiene un segundo. Mira a Luciana. Traga saliva.

Yo me quedo quieta. A ver, esa fecha yo la conozco. El quince de julio fue el día que me invitó a salir a mí. Su voz me llega como un eco desde el pasado: «¿Te paso a buscar a las siete?» Y claro, me río. Muy bajito. Esto es como una pesadilla... para Benjamín.

—¿Quince de Julio? —Eso se lo pregunta Luciana.

Benja intenta recomponer lo dicho, pero termina mencionando otra fecha... y... a ver, es otra de la que también me acuerdo. Otra que tenemos en común. Es imposible que también la comparta con Luciana a menos de que tenga un doble o pueda teletransportarse en segundos.

Y lo confirmo por la mirada que ella le lanza a él.

—No, perdón, soy malo para las fechas. El punto es... —también está algo tomado.

Qué bueno que Benja termina su «discurso». Hasta yo aplaudo cuando deja el micrófono por fin. Luciana sí está más cuerda y ella corrige las fechas... y... ¿Qué tal? Su primera cita coincide con una que él y yo todavía estábamos en «una relación».

Lo peor de todo es que cuando Luciana lo dice, él sutilmente me mira a mí... parece hasta avergonzado.

Benjamín ni siquiera espera que su prometida termine de hablar, se va quién sabe dónde y la pobre chica tiene que excusarlo con un «solo está cansado».

Cuando se acaba esta ronda, todos vuelven a lo que estaban y eso incluye a Lucas y su plática con Nicolás.

En ese preciso momento y con la luz tenue, veo a Samuel ponerse de pie e ir en dirección al pasillo; pero no es todo, casi de inmediato Valentina lo sigue «disimuladamente».

Yo también me levanto. Le digo a Nico que voy al baño y aunque él me pregunta si me acompaña le digo que no. Sigo a los mencionados—porque no sé quedarme quieta, y también porque ya llevo suficiente champagne para justificar cualquier decisión impulsiva—y me los encuentro de frente...

A ver, no me lo esperaba ¿Okey? No me lo esperaba.

De verdad. Dentro de mi cabeza esta era una escena bastante inteligente: Yo los seguía y los escuchaba confesar cosas interesantes como me pasó con Valentina y Benjamín, pero lo que me encuentro es peor: Samuel metiéndole la lengua hasta la garganta y una mano por debajo del vestido.

De la impresión se cae un florero que tengo al lado.

¡¿Es que a quién se le ocurre meterle mano a alguien «secretamente» justo en la entrada del pasillo?

! Ellos se asustan, yo también. Me miran, yo a ellos.

Samuel casi se tira al otro lado del pasillo, Valentina intenta esconderse en la puerta que tiene detrás, pero está cerrada con llave.

Dios mío, y yo que no pensaba venir a este ensayo.

—Lo siento. Buscaba el baño.

Es Samuel, el que sin decir nada, levanta la mano y señala la puerta siguiente, es decir, necesito pasar entre medio de los dos y sí, lo hago.

Me encierro, como si fue a mí que me encontraron en pleno cachondeo.

Y sin querer una sonrisa se me dibuja en la cara, porque...

bueno, tengo la excusa perfecta para evitar a Samuel.

Sería muy cínico de su parte si después de esto sigue insistiendo en salir conmigo.

Además, ¿ya para qué lo de las fotos? Que asuman que yo le conté esto a Nico, no me importa.

¿Quién diría que esta cena iba a ser tan productiva?

Cuando se me pasa el shock emocional, uso el baño, salgo y con la intención de continuar mi noche como si nada pasó aquí, camino a mi mesa, pero Samuel me intercepta de pronto y lo primero que me dice es:

—¿Podemos hablar? —Lo pregunta cómo alguien que no tiene ganas de hablar del todo.

—¿Es sobre...? —Solo hago una seña hacia el lugar donde estaban metiéndose mano.

—Oye, lo que sea que viste...

—Lo vi todo.

—Lo sé. —Hay una pausa después de eso. —Es una situación entre Valentina y yo... y, además estoy muy borracho, fue algo impulsivo... no sé qué me pasó. Hasta donde sé ella está soltera... yo también.

—Bueno, pero hace unas semanas no estaba soltera.

—Pero... a ver, ese era su problema, no mío. —¿Está realmente consciente de que me está confesando todo? Pues sí está ebrio. —Yo sí estaba soltero.

—¿Entonces lo admites?

Suelta un bufido.

—A Nico ni le importaba, es la verdad. Desde el día que peleó conmigo por llevarte a tu casa noté que Valentina no le importaba ni un poco.

Bueno, lo sabía desde antes, pero lo confirmé cuando comencé a hablar contigo y vi un interés real en él por ti.

Pero no importa, porque Valentina tampoco lo ama.

Me ama a mí. Pero su padre... —busca la mesa de ella en la multitud y lo señala —su padre es quién nos hizo terminar hace tiempo y no soporta la idea de que ella y yo estemos juntos.

Y me esforcé, Nina. Sí hice lo posible por agradarle y no, simplemente no.

Pero apareció un doctor, hijo de médicos, nieto de médicos, bisnieto de médicos...

—Su abuela es artista.

—¿Sí? Bueno, el punto es que solo se lo presentó una vez y el señor ya se imaginaba a su hija en el altar con ese... Tengo ganas de vomitar.

—Sí, a cualquiera le da ganas de vomitar ser el otro.

—¡No! Hablo literalmente.

Entonces me pasa a la par, camina rápido y vomita en un florero.

Dios mío. Ruedo los ojos y solo porque me está dando buena información tomo un vaso con agua de la bandeja del mesero y se lo doy.

—Por favor, no comentes con nadie lo que viste hace un rato.

Yo ya sé quién es ese «alguien».

—Claro que no. Oye, Benjamín sabía el tipo de relación que tenías con Valentina ¿No? Aún siendo el mejor amigo de Nico. Tal vez fue él quién les tomó foto y se las envió.

Eso lo pone a pensar.

—No... no creo —pero está dudando.

—Solo digo.

Su hermana aparece y lo ve ahí medio muerto.

Le llama la atención y le dice que le prometió que no iba a tomar.

Me mira a mí y se disculpa, yo le respondo que no hay ningún problema, además que me la estoy pasando bien entre tanto chisme, y le aviso que me tengo que ir...

bueno, no me voy de la ceremonia, me voy de ese momento incómodo.

—Bonito ensayo, por cierto.

Ella me mira, respira hondo y se le hacen agua los ojos.

—Es un desastre.

—¿Por Samuel?

—Perdón —dice él.