Bendito Karma CAPÍTULO 32 #2
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CAPÍTULO 32 #2

A mí deberían darme un premio Óscar por tremendo cinismo.

—Sí... sí, claro. —Hasta tartamudea, pero tal vez nota que esta no me la estoy creyendo, así que habla un poco más: —Es solo que me sorprende algo así de Valentina. Tengo años de conocerla y nunca pensé que fuera de ese tipo ¿De verdad hay fotos?

—Muchas. ¿Y desde hace cuando ustedes son amigos?

—No somos «amigos», pero estudiamos en la misma escuela, y como es la mejor amiga de mi hermana, pues la veo bastante desde hace rato. —Le doy también mi copa de champagne porque está comenzando a sudar. Qué interesante está esto.

—¿Tuviste algo con ella?

—No.

—¿Seguro?

Vamos a necesitar más champagne.

—A ver, fue algo inocente en la secundaria ¿Okey? Cosas de adolescentes y ya. Nada comprometedor. Su padre está loco.

—¿Su padre? ¿En serio?

—Sí. La obligó a estudiar medicina, aunque no era lo que ella quería.

Ahora espera que se case con un doctor, y qué mejor partido que Nico ¿No?

Es básicamente un «nepo baby» en el mundo de los médicos.

Todos en su familia lo son, desde sus bisabuelos o tatarabuelos, no sé.

—Ni siquiera yo sé tanto sobre la familia de Nico.

—Entonces, ella con tal de seguir siendo la hija favorita de su padre, no le importó arrastrarse por Nico durante meses, porque el tipo le seguía diciendo que no, hasta que el pendejo de Benjamín intercedió.

Ya estoy viendo el lado positivo de haber venido. ¿Dónde está el joven del champagne?

—Suenas bastante molesto.

Y ahí no sabe qué contestar.

—No estoy molesto, bueno... tal vez con ese tipo de padre que no acepta que sus hijos son adultos que pueden elegir con quién estar; aunque pensándolo bien, si mi padre fuera así quizás Luci no estaría ahora mismo a punto de cometer el error más grande de su vida: casarse con ese imbécil.

—Bueno, sí me queda claro de que no te agrada Benjamín.

—A nadie de mi familia, de hecho. Perdón por creer que tenías algo con él, sé que no eres tonta.

Me acaba de llamar tonta. De hecho, a su hermana y a mí.

Por cierto, no veo a nadie de la familia de Benjamín. Bueno, no es que tenga una familia muy unida.

En ese momento, sin querer, mi mirada se cruza con la de mi padre.

Pensé que se había ido, pero no. Por unos segundos mantiene la mirada puesta en mí, pero de inmediato se da media vuelta y sale con una mujer que parece de mi edad más o menos.

Lo que faltaba, que ahora ande detrás de mujeres jóvenes.

Lo positivo es que parece que ahora sí se va, pues se está despidiendo de alguien y por el parecido de ese señor con Samuel asumo que es su papá.

—¿Ese es tu padre? —Lo señalo con la barbilla. Samuel se gira un poco.

—Ah, sí.

—¿Y conoces al sujeto que está hablando con él?

—Poco, solo sé que es alguien de su grupo de amigos de la iglesia o algo así. ¿Por qué? ¿Tú sí lo conoces?

—No, para nada.

Porque aquí nos negamos todos.

Bueno, Samuel no es muy observador al parecer, porque desgraciadamente Lucas y yo nos parecemos demasiado a él.

—¿Qué tienes que hacer después de este ensayo aburrido? Es una pregunta amistosa nada más.

—Pues... mi hermano acaba de llegar desde Finlandia, así que...

Pensándolo bien... ¿Qué más podría soltar si salgo por unos tragos con él más tarde?

Algo más fuerte, no champagne. Entonces una mano me rodea la cintura y no tengo ni siquiera que adivinar quién es.

Ese perfume que ahora está impregnado en mi casa me llega hasta las fosas nasales. Lo único que le dice a Samuel es:

—Permiso.

«Permiso» así tal cual. Y tira de mí con él.

Tengo que despedirme de Samuel con un adiós de mano.

—Oye, estaba en medio de algo.

—¿Con Samuel?

—Sí, está tomado y estaba bueno el chisme.

—Llegamos a la que se supone es mi mesa y busco a Lucas, pero él sigue en el mismo lugar hablando con ahora otra persona.

Nico cambia el nombre de alguien con el suyo y después saca una de las sillas para que me siente yo.

—¿Todos en tu familia son médicos? ¿Tus abuelos? ¿Bisabuelos? ¿Tatarabuelo?

Una vez que me acomodo toma el lugar a mi lado.

—Sí. —Bueno, es oficial, Samuel sabe más sobre Nico que yo. —Bueno, excepto por mi abuela. Es artista. Todos los demás son/fueron médicos. Eso incluye a mis bisabuelos y tatarabuelos.

—¿Tu abuela es artista?

Nicolás se saca el teléfono, teclea algo y después me muestra la pantalla. Solo el nombre lanza como mil resultados en Google. Okey, es artista... de las grades.

—Es escultora. También dibuja. Uno de mis tatuajes es un diseño creado por ella misma.

Estoy viendo fotos de sus esculturas. Cada que paso a la siguiente está mejor que la anterior.

—Oye, ¿y no te gustaba más esto que abrir muertos?

—Abrir muertos también es un arte, mi pulga.

—Te dije que no me llames «mi pulga» en público.

—¿Si no qué? ¿Vas a bloquearme de nuevo? No importa, me desbloqueo otra vez cuando estés bien cómoda sobre mí por la mañana.

—Ah, mira nada más, ¿estás esperando que te invite a quedarte conmigo hoy?

La risita de Nico... toda burlesca y provocadora. Acerca su rostro más a mí y siento su mano sobre mi pierna. Qué suerte que nos cubre el mantel de la mesa.

—Sabes que te mueres por preguntarme si me quiero quedar contigo hoy.

Y su mano está subiendo más, y a mí me está dando un cosquilleo donde no debe.

—¿Qué estás haciendo?

—Nada.

Pongo mi mano sobre la suya, firme, para quitarla de lugar. Funciona solo cuando entrelazo mis dedos con los suyos, pero esto se ve romántico, así que lo suelto y su mano vuelve a la abertura de mi vestido... incluso más adentro.

—¡Nico!

—¿Qué?

—Quita tu mano. —Intento no reírme.

—¿Te han dicho que tienes la piel tan suave?

—No, porque si alguien me toca la pierna así en público no creo que quede vivo. Eso te incluye.

La risita que suelta me encanta... y no debería.

—Pues si quisieras matarme ya lo habrías hecho.

—Solo dame tiempo. —Bromeo. Y siento el roce de sus dedos en mi ropa interior. —Cuando salgamos de aquí, te juro que...

—¿Qué? Tu iniciaste al decidir ponerte ese vestido.

Aprieta ligeramente mi muslo... justo en ese lugar que me hace cerrar las piernas, pero él está ahí en medio, así que no me sirve de nada.

Y tampoco ayuda el hecho de que se me está acelerando la respiración y tengo que darle un trago a la copa que tengo en frente para disimular.

Lo miro de reojo y él tiene esa expresión tranquila, casi profesional, como si no intentara destruirme bajo la mesa como si nada. Lo odio.

En ese momento levanto la mirada y me encuentro con Benjamín observándonos.

En cuanto nuestros ojos se cruzan, él aparta la vista y vuelve su atención a Luciana, que está tomada de su brazo mientras conversa con otra persona.

Benja se termina de un trago la bebida que sostiene y le dice algo a su prometida; aunque ella le responde que no, igual él sale del salón.

Luciana lo sigue con la mirada y luego intenta excusarse con la mujer que tiene enfrente.

—Por cierto —escucho a Nicolás—, mañana tengo que ir a ver a mi abuela. ¿Quieres venir?

—¿Me estás invitando a la casa de tu abuela?

—Presiento que te caerá bien. Ama la fotografía.

—Mañana tengo que llevar a mi abuelo a su cita con tu madre. Por cierto, ¿qué es lo que sabe tu mamá? Digo... sobre tú... y yo. —Me cuesta incluso preguntar eso.

—Tú misma le dejaste claro que me agarras cosas indebidas el otro día, ¿te acuerdas?

—No, no me acordaba. Gracias por revivir el trauma, Nicolás.

—Bueno, puedo llevar a tu abuelo yo, si quieres.

—Ah, no. Eso es peor. Mejor salgo temprano y lo llevo yo, pero gracias.

Nico todavía tiene su mano sobre mi pierna—aunque ya no en un lugar tan «comprometedor»—y ahora mismo me acaricia la piel con el pulgar, como si nada.

—¿Entonces qué dices? ¿Vienes?

—Voy a pensármelo.

Mi hermano aparece. Toma la silla a mi lado, pero se pega más hacia nosotros y suelta:

—Entonces, cuñado, ¿qué me cuentas?