CAPÍTULO 31 #3
—¿Dónde está el baño? —Le pregunto a Luciana cuando el tal Ricardo se pone a hablar de una casa en la playa y me ve a mí como si está hablando conmigo. Me pongo de pie cuando ella me dice dónde está y me pregunta si me acompaña. —No, no te preocupes.
Pero tal vez sí debí decirle que me acompañara, porque en cuánto entro al pasillo ya no me acuerdo cuál puerta fue la que me dijo que es. No tengo ni idea a dónde voy y me da vergüenza regresarme y preguntarle de nuevo, o enviarle un mensaje. Mejor sigo. Solo espero no terminar en una bodega.
—¡Es que hace todo esto a propósito, Valentina!
—Yo reconozco esa voz y, obviamente, ya sé con quién está hablando.
La puerta está entreabierta, así que se escucha todo hasta aquí, aunque parece que está susurrando...
pero no lo suficiente. —Conozco a Nina lo suficiente como para saber que hace estas cosas solo para molestarme.
Confío en Nico, pero al mismo tiempo... a ver, Nico es demasiado privado, tú ya lo sabes, ¿alguna vez te dejó quedarte con él?
No lo creo, pero a Nina le permite pasearse por su apartamento como si viviera ahí.
Y, por cierto, tiene una tarjeta de crédito de Nico ¿Para qué?
No tengo ni puta idea. Lo último que recuerdo es que supuestamente ninguno de los dos se caía bien.
—Quizás solo está siendo amable.
—¿Nico? ¿Amable? No me jodas. —La risa de Benja es irónica. —No conoces a Nico ni un poco, ¿verdad? Nico solo es amable cuando realmente tiene interés en alguien. Y obviamente esa persona no eres tú, porque lo único que hacía por ti era hablarte.
—¿Él te dijo eso? No ¿verdad? Entonces no deduzcas cosas que no sabes.
—Lo conozco de casi toda la vida, Valentina. No tengo necesidad de que me lo diga para saber que nunca le interesaste ni un poco. Nico es capaz de mover cielo y tierra por alguien que sí le importa. Créeme, no tendrías tú que buscarte el tiempo para coincidir con él.
—Como que estás demasiado sensible hoy. Te importa más qué haga Nina que tu propia prometida, al parecer. Si tanto te molesta entonces ayúdame a volver con Nico. Hago que se aleje de Nina y ya se te acaba el drama que no te deja dormir.
La carcajada que suelta Benjamín es la misma que tengo ganas de soltar yo.
—¿Y qué crees que he intentado hacer todo este tiempo? Ya me harté. Tuviste la oportunidad y la perdiste. Además, tú ni siquiera olvidas a Samuel. Eres la culpable de que me haya alejado de Nico, porque me sentía miserable tener que guardarte el secretito frente a él.
—¿De verdad? ¿Y no te sientes miserable fingiendo querer casarte con Luciana cuando todo el tiempo estás pensando en Nina? Solo hablas de ella. Siempre. Y ahora te molesta hasta quién le respira al lado. Primero era Samuel, después tu jefe, y ahora Nico.
—¡Es porque Nico es mi mejor amigo! Y lo de Samuel es obvio ¿No?
Te acuestas con él. Nina no se merece a un tipo que no supera a su exnovia.
—Joder ¿Exnovia? —Lo de mi jefe es todavía más obvio, eso sería incómodo.
A ti lo que te da alivio es saber que no está con Samuel.
Deberías decírselo a tu papá y así nos evitamos caer tan bajo rogándole a Nico que vuelva contigo.
—¿Sabes qué? Estás demasiado pesado hoy.
Yo no tengo la culpa de que te hayas enamorado de una mujer y hayas decidido casarte con otra.
Luciana tampoco se merece a un tipo que está obsesionado con su ex.
—Dios mío, ahí viene. Busco donde esconderme y esa es la siguiente puerta que, por suerte, está abierta.
—Yo también te he guardado demasiados secretitos, Benjamín, y me estás llevando al borde.
A ver hasta cuándo te dura el teatro, porque Luciana también es mi amiga. Adiós.
—Adiós. Buena suerte intentando hablar con Nico hoy sin mí.
Y un portazo es lo que sigue.
Mierda.
El segundo portazo es el que me indica que Benjamín también se fue.
Pobre puerta, se nota que la casa no es de ninguno de los dos.
Abro cautelosamente y sí, ya no hay nadie en la otra habitación y está completamente cerrada.
Dios mío, eso fue demasiada información, pero incompleta; quizás necesite volver a hablar con Samuel para emborracharlo y que suelte la sopa.
Hasta las ganas de hacer pis se me quitaron.
Además, ni siquiera encuentro el baño, ya lo busco después.
Cuando regreso a la sala tomo una copa de champagne y decido salir un rato de la casa cuando veo que la conversación entre mi hermano, el jefe y la prometida de Benjamín continúa.
Ahora mismo Samuel no está por ninguna parte, pero sí diviso a Valentina tomando lugar en una mesa junto a un hombre mayor.
Una vez afuera me tomo la champaña con calma, o quizás no tanto porque ahora estoy pensando en un chisme a medias.
Me llega un mensaje. No estoy poniendo mucha atención a mi alrededor cuando saco el celular de mi bolsa.
Solo escucho unos pasos que se detienen cerca de mí y un olor fuerte a tabaco cuando el tipo exhala una gran cantidad de humo.
Qué pesadilla. Ruedo los ojos y levanto la mirada...
error, casi se me cae la copa, y a él también.
Esto no puede ser cierto.