Bendito Karma CAPÍTULO 31 #2
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CAPÍTULO 31 #2

—Las personas menos guapas son las que siempre se tiran a todos. —Diviso la mesa que nos toca y tiro del brazo de él, pero me detiene: —¡Uy! ¿Pero quién es esa rubia guapa que está con ella? Preséntamela.

Entonces regreso la mirada al grupo y le doy un codazo.

—¡No! Esa es Luciana, la prometida de Benjamín.

Lucas se atraganta con la champaña y comienza a toser.

—¿De verdad?

—Te dije que te memorizaras sus caras.

—Pero no me fijé en la prometida de Benjamín.

Deja la copa en una mesita y yo tengo que pegarle palmadas en la espalda.

En ese preciso momento Luciana nos ve. Ah, caray, ahí viene. Le digo a Lucas que cuidado se le ocurre soltar una tontería, porque ella está caminando hacia nosotros. Luciana siempre tiene una sonrisa radiante y hoy no es la excepción.

—¡Hola, Nina! Por un momento pensé que no ibas a llegar.

—Pues casi no llegamos. —Ese es Lucas, por supuesto. Está casi sin aire, pero siempre con ganas de soltar una brutalidad. —Parecía la entrada de aquella película de «Camino equivocado» ¿Las has visto?

Una risita es la respuesta de Luciana, y le dice que sí. Yo tengo que interrumpir.

—Este es mi hermano, Lucas. Lucas, ella es Luciana.

Al menos le da la mano sin soltar otra locura.

—¿Ya encontraron su mesa?

—Sí, íbamos para allá.

—Los acompaño.

Me dejo guiar por ella. Va unos pasos adelante y noto que Lucas la mira de pies a cabeza, pero «disimula», según él; así que le doy otro codazo, esta vez en las costillas.

—No —le susurro.

—¿Qué?

Entonces escucho a Luciana:

—Mi amor, ven acá.

Lucas y yo la miramos en ese momento, y la persona que se está acercando es Benjamín. Está muy absorto texteando algo. Justo cuando levanta la mirada puedo ver cómo se le cae el alma a los pies.

—Cariño, él es Lucas, el hermano de Nina.

Benjamín ni siquiera disimula el gesto; mucho más cuando Lucas, divertido, suelta:

—¡Benjamín! Un placer verte de nuevo.

«Verte.de.nuevo»

—¿Ustedes se conocen? —Dios mío, necesito más champagne.

—Sí, conozco a Benjamín. —De nuevo Lucas. —Hace como un año más o menos nos mirábamos casi todos los días ¿Verdad, Benjamín? Pero después me tuve que ir a la sede en Finlandia de la empresa para la que trabajo y perdimos comunicación. Qué sorpresa saber que vas a casarte.

Eso último lo dice con sarcasmo.

Benja tiene ganas de matarlo o de matarse él mismo, pero está intentando con todas sus fuerzas disimular. Se le hace fácil, porque eso no es lo que le interesa a su prometida:

—¿Trabajas en Finlandia?

—Sí. Bueno, puedo trabajar desde cualquier parte del mundo, de hecho, pero me gusta Finlandia.

—Guao, qué interesante.

Benjamín me mira a mí, pero de inmediato lleva la vista a otra parte cuando su jefe nos interrumpe. Okey, el jefe de Benjamín está aquí, y no es todo, parece conocer a Lucas, porque lo primero que dice es:

—¡¿Lucas?! ¡Dios! Me hubieras dicho que venías, preparaba una cena y todo.

—¿También se conocen? —Esa es Luciana, de nuevo.

—¡Claro que sí! Lucas en un genio. Era el que estaba en primer lugar para el puesto de director regional de mi empresa, aunque me alegra que consiguió una mejor oportunidad. —Se vuelve a él de nuevo: —Pero la oferta sigue en pie, eh. Por si algún día quieres regresar.

Benjamín se toma una copa de champagne de golpe. En el momento que cruzamos miradas se acerca a mí aprovechando la conversación entretenida que se tienen Lucas, Luciana y su jefe, y se le ocurre:

—¿Por qué trajiste a Lucas?

Está susurrando y finge revisar los nombres en la mesa.

—Tu prometida lo invitó. De su parte no estuviera aquí. —Y en la mesa busco el nombre de Nico, pero no está. —¿Puedes cambiar de lugar a Nico?

—¿Para qué?

—Para tenerlo cerca.

—¿A qué estás jugando, Nina? ¿A hacerme enojar o algo así?

—¿Hacerte enojar? ¿A ti? ¿Te crees tan importante?

Entonces escucho al jefe de Benjamín:

—¿Nina? ¡Hola! No esperaba verte por aquí.

Perdón, es que me emocionó ver a Lucas. —A mi hermano le da risa y se aparta para que el tipo ese me de la mano, yo se la tomo por cortesía, pero él me da un beso en el dorso.

Lucas mira de él a mí y Benjamín se toma otra copa de champagne de golpe. —¿También se conocen ustedes?

—De toda la vida. Compartimos un padre corrupto.

El jefe de Benjamín suelta una risa. Creo que solo Lucas entiende que hablo en serio.

—Qué divertida, eso me encanta.

Y Benja lo interrumpe:

—Ya casi iniciamos ¿Puedes regresar a tu mesa, Ricardo?

Pero el jefe saca una silla de la mesa para que me siente yo y después le extiende una a Lucas. Benjamín, entre dientes, le dice que esta no es su mesa.

—No pasa nada si me siento aquí unos minutos ¿Verdad, Luciana?

Benja parece al borde del colapso. Mucho más cuando Luciana también se sienta para seguir su plática con él y Lucas. Entonces se va y está tan molesto que tira con rabia un papel que lleva en la mano a la basura.

Demasiado drama para tan pocos minutos que llevo aquí.