Bendito Karma CAPÍTULO 31
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CAPÍTULO 31

C uando por fin regreso a mi apartamento, lo primero que noto es que huele distinto.

No a rata, por suerte, no a mi perfume tampoco... sino a un toque masculino, tipo colonia cara que ya me sé de memoria: Nico.

Okey, mis plantas están regadas. Y mi cactus—el cactus que él mismo me regaló—ahora está cerca de la ventana, recibiendo sol directo...

y con una flor. Me detengo a mirarla como si fuera un milagro—es que yo jamás había tenido un cactus con flor—.

A ver, Nico dijo que se encargaría de vigilar que exterminaran todas las ratas, pero no mencionó lo de regar mis plantas u ordenar mi apartamento.

Ahora me siento en deuda.

Saco mi teléfono y veo que la última vez que se conectó fue cuando me dejó el último mensaje.

Igual le escribo un «Gracias por lo de las plantas» y me concentro en el problema más urgente: ¿qué demonios me pongo para una cena de ensayo de boda a la que fui arrastrada por la prometida de mi ex?

Bueno, tengo opciones, pero yo usualmente solo voy a fotografiar cenas de ensayo de boda.

Me decido por un vestido azul de satín con abertura en la pierna. Elegante y discreto.

Para mi sorpresa, la respuesta de Nico sí llega rápido:

De: Nico

Puedes agradecerme en persona.

Para: Nico

Qué sutil.

De: Nico

No me pidas sutileza cuando sabes que lo que quiero es que me lo digas con la boca, no con palabras.

Sonrío viendo el celular y estoy escribiéndole la respuesta cuando un texto de Lucas me interrumpe: ya está aquí.

Cuando dijo «cerca» no pensé que significara literalmente «a la vuelta de la esquina».

En ese instante golpean la puerta. Salgo y me asomo por la mirilla y sí, ahí está, con una mochila colgada en un hombro, maleta en la mano, el cabello negro alborotado y esa sonrisa que siempre parece decir «estoy a punto de arruinarte la vida, pero en plan divertido».

Abro la puerta y no pasan ni dos segundos cuando suelta:

—¡Vaya! Huele a hombre.

—¿Cómo que a hombre? —pregunto, poniéndome a la defensiva. Bueno, sí sé a qué se refiere.

Entra sin pedir permiso—como siempre—y empieza a olfatear el aire como perro entrenado.

—Sí, confirmo. A colonia cara, no a flores.

—Hace una pausa, se acuerda de que debería saludar antes y da media vuelta para atraparme en un abrazo que casi me deja sin aire.

Después me toma por los hombros y dice: —No te pregunto cómo estás, porque te ves radiante, feliz...

como alguien que está teniendo muy buenos días. O noches.

—No empieces...

—¿Qué? Corrígeme si estoy equivocado. —Como no digo nada, se ríe y se deja caer en el sofá como si hubiera cruzado el desierto. —En fin, ¿lo voy a conocer en persona? Tranquila, no voy a mencionar que me mandabas fotos suyas.

—¡Solo te mandé una! Y sí va a ir, después de salir de la morgue. —Cambio rápido de tema—: ¿Quieres algo de tomar? Solo tengo agua.

—En realidad, me mandaste más de cinco después de aquella conversación, cuando me mostraste la primera. Déjame te expongo. —Y saca su teléfono. —Agua está bien. La comida de los vuelos en primera clase me cae como bomba en el estómago.

Voy a defenderme por lo primero que dijo, pero cuando abro el refrigerador me quedo callada. No solo hay agua. Hay huevos, jugo natural, frutas frescas. Reviso la alacena: galletas, avena, barras de granola—estas son para él, de seguro—mi cereal y hasta una bolsa de Cheetos.

—Ah, mira —dice Lucas, apareciendo detrás de mí con una sonrisa pícara—. Por fin tienes comida.

—Evidentemente no la compré yo.

—Eso es seguro. ¿Tú comprando algo bajo en sodio? —Levanta una caja y lee la etiqueta. —Dile a tu novio que gracias por cuidar mi salud cardiovascular.

—No es mi novio.

Me lanza una mirada rápida y ahora agarra una de las barras de granola.

—La negación, hermanita, es la primera fase del enamoramiento.

—Me dan ganas de irte a dejar al hotel que está a dos cuadras.

—¿Y perderme el show en primera fila? Claro que no. —Toma una botella de agua también y agrega: —¿Y Benjamín, por cierto?

—Preparándose para su cena de ensayo de boda, quizás.

Lucas detiene su camino al sillón y se da media vuelta:

—No me digas que...

—Sí.

—¡¿Qué?!

—Sí. Es la cena de ensayo de boda de Benjamín y su prometida.

—¿Benjamín va a casarse?

—¡¿Dónde has estado?! Parece que te fuiste a Marte. Lo publicó en todas sus redes sociales.

Hasta yo tomo una barra de granola.

—¿Parezco alguien que agregaría a Benjamín a sus redes sociales? Y, a ver, ¿no fue hace como un mes más o menos que publicaste una foto con él en tus historias?

—Ese mismo día en la noche me terminó y me dejó sola en un restaurante.

—¿Te dejó sola en un restaurante?

—Sí, en el «Maison Lumière». —Lucas conoce el restaurante también y demasiado:

—¿En el que está como a una hora de la ciudad cerca de un cementerio?

—De todo lo que te pierdes por estar en Noruega.

—En Finlandia —corrige. Se ve molesto. —Pues espero no encontrármelo de frente hoy, porque no sé cómo voy a reaccionar con un par de copas demás. O sea ¿estaba contigo y la otra al mismo tiempo?

—Dice él que no.

—¡Ja! ¿Y le crees?

—Es un hombre, obvio no le creo. Sin ofender. —Paso a su lado y ahora yo me dejo caer en el sillón. Abro la barra de granola y solo pienso en a quién se le puede antojar esto. Bueno, Lucas ya se la está comiendo... y con rabia pensando en Benjamín. —Pero no le guardo rencor.

—Pues obvio que no, si te estás comiendo a su «mejor amigo». Más venganza que esa no existe.

—Eso no fue venganza. Ni siquiera lo planeé. Es más, no sé ni cómo pasé de que me cayera mal a dormir con él.

—Te caía mal porque te gustaba.

—Eso no es verdad.

—Benjamín te caía bien, porque no te gustaba.

—Eso tampoco es verdad.

—¿Te acuerdas cuando nuestro padre nos hacía convivir a punto de mentiras para que nuestras madres no se enteraran? Gracias a él me hice experto en detectar personas que mienten, eso te incluye. Sé que no te gustaba Benjamín, pero sí te gustaba Nico. Me hablabas más de él que de Benjamín.

—Fuiste tú el que me dijo que no quería saber nada sobre Benjamín.

—Y esa «pasión» —hasta hace énfasis en esa palabra —con la que hablabas sobre el amigo de Benjamín, jamás sucedió con Benjamín. ¿En realidad sentiste algo por él? Además de lástima.

—¿Pasión? Claro que no. Y al inicio Benja no era el estúpido que es ahora.

—Siempre lo ha sido. Por cierto, ¿su prometida sabe que él y tú...?

—Pues espero que no. Ella misma me invitó.

—¿Qué?

—Y ella misma te escribió desde mi celular para invitarte, porque le dije que no podría.

—¿Y no te parece raro? ¿Qué tal si es una trampa? ¿Venganza? Qué sé yo ¿Llamo a la policía si un día no me contestas un mensaje? He visto suficientes novelas turcas.

— ¡Nahh! Lo más seguro es que solo está siendo amable, porque cree que tengo «algo» con su hermano.

—¿Y tienes algo con su hermano también?

—¡Por supuesto que no! —respondo indignada—.

Se cogía... o todavía se coge, a la que en ese momento era la novia de Nico.

Y lo mejor de todo: ella es amiga de Benjamín, así que sí, Benjamín sabía perfectamente que le estaban poniendo los cuernos a su «mejor amigo».

—Hago las comillas en el aire, exageradas, para que quede claro. —Y tengo pruebas, por si las dudas.

Lucas parece consternado... o divertido. Tal vez las dos cosas.

—Dios mío, el cerebro no me está cerebreando . —Se frota la frente—. O sea, todos aquí se están intercambiando pareja. ¿Cómo me hago parte del grupo para ver con quién me intercambian a mí?

Se ve tan serio que hasta parece que la pendejada que está diciendo es convincente.

—Me voy a cambiar —lo ignoro.

—¿No me vas a enseñar las pruebas?

—Sí, en el camino.

—Bueno, también voy a cambiarme. No he dormido nada en un día entero, pero el chisme está potente, puedo aguantar otras cuantas horas más. Ya quiero ver la cara del payaso de Benjamín.

Y no tiene que esperar mucho para verlo, cuando llegamos Benjamín está en la entrada del lugar que la misma Luciana me compartió por mensaje. Al inicio no sabíamos si estábamos perdidos o qué, porque el lugar está remoto en el mapa, pero sí... ahí está, no nos perdimos.

—Bueno, no era un lugar fake para raptarnos, si es aquí —lo escucho. Aparca el auto que rentó por los días que tiene que quedarse y suelta: —Y Benjamín luce igual de pendejo que la última vez que lo vi.

—Y no creo que cambie.

Me bajo primero, Benjamín no nos ha visto, pero no parece muy interesado a su alrededor de todas formas, está peleando por teléfono...

como siempre, así que pasamos casi a la par y ni enterado.

Hay más personas de las que me esperé y la casa está preciosa.

No veo a la prometida de Benja por ninguna parte.

En la puerta solo digo mi nombre y un hombre nos deja pasar.

Entro tomada del brazo de Lucas y lo primero que nos ofrecen en la entrada es champagne. Sí, esto lo necesito.

—¿Te memorizaste a las personas que te mostré en las fotos?

—Claro que sí. —Las fotos en cuestión son las «pruebas» que le mostré en mi cámara. Así que, al menos de cara, ya los conoce a todos.

—Y recuerda, no se te ocurra mencionarle algo a Benjamín frente a estas personas.

—No te preocupes, sé comportarme... al menos hasta el segundo trago.

Entonces mis ojos se topan con los de Samuel. Está riéndose con un grupo de personas y esboza una sonrisa para mí levantando su copa. Entonces mi hermano lo mira, a Samuel le cambia el gesto, pero alguien lo toma del brazo en ese momento y lo gira de golpe.

—Ese es Samuel —le digo yo. —El hermano de la prometida de Benjamín.

—¿No se parece a tu novio acaso? Es como la versión de Temu.

—Basta. —Estoy viendo la mesa que nos toca. En el momento que levanto la mirada, Valentina aparece en mi campo de visión, ella es la que está hablando con Samuel entonces le sacudo el brazo a Lucas y le digo, disimuladamente: —Y esa es la ex novia de Nico. La que se tira a Samuel.

Lucas al menos es discreto, pero tal vez no para hablar: