CAPÍTULO 30 #2
—Ya no son mejores amigos —aclaro, y lo digo bien fuerte—.
Aparte de que Nico sabe que Benjamín le estaba viendo la cara, ya no lo soporta, y dentro de muy poco Benjamín dejará de tolerarlo a él.
—La risa de Francia y su «oh por Dios» me obligan a frenar la conversación antes de que se me ocurra soltar más detalles.
—En fin, Lucas llega hoy, así que hoy sí vuelvo a mi apartamento.
—Casi puedo ver a Lucas quedándose en el apartamento de Nico. —Que no.
Francia suelta otra carcajada y, justo cuando me suena el estómago, caigo en cuenta de que sí se me olvidó desayunar.
Pido algo a domicilio antes de llegar —no con la tarjeta de Nico, aclaro—.
Un par de minutos después, me doy cuenta de que probablemente el repartidor llegue antes que yo, así que le pido a Francia que conduzca más rápido.
Y vaya que se lo toma en serio.
Casi tengo que agarrarme del asiento para no salir disparada por el parabrisas.
Llego a tiempo... y a salvo, que es lo más importante.
Estoy más concentrada en la aplicación cuando abro la puerta del auto y, sin querer, le pego a alguien que está saliendo del suyo. Benjamín. Bendita suerte la mía.
—¿Qué hace ese pendejo aquí? —Susurra Francia.
—Pues la agencia de marketing para la que trabaja tiene las cuentas de esta revista.
—Le hubieras pegado más duro.
No me da tiempo de contestar... ni de reírme. Benjamín cambia por completo la expresión de ira cuando me ve a mí salir del vehículo.
—Ups, perdón —le digo, solo porque hoy estoy de buen humor.
—No hay problema.
La aplicación me notifica que el repartidor ya está aquí. El chico llega hasta mí cuando le hago una seña, y en el momento en que me hace la entrega a Benjamín se le ocurre sacar su cartera e intentar pagar por mí... De nuevo: Pagar por mí.
Ni en mis peores pesadillas pasaban estas cosas.
Le digo que no antes de que el chico tome el billete.
Saco el dinero de mi bolso, pero se me cae algo justo a los pies de Benjamín.
Es la tarjeta de Nico. Él la mira—claro que el nombre se ve clarito y brillante—la recoge, no sé qué es ese gesto que hace, pero lo intenta disimular, aprieta la mandíbula y me devuelve la tarjeta por fin.
—Gracias.
Eso se lo digo a los dos, a él por devolverme mi tarjeta y al repartidor cuando me entrega la comida.
Bueno, no es «mi» tarjeta, corrijo.
—¿Puedo saber por qué tienes una tarjeta de Nico?
—Para irme de compras, pagarme un viaje, irme de crucero, ¡Qué sé yo! Ya se me va a ocurrir algo. ¿Y a ti te importa por...?
—¡Porque hasta hace poco todavía eras mi novia!
¡Y él sigue siendo mi mejor amigo! ¡Porque tú sigues metida en mi cabeza, Nina!
¡No sé qué hacer para sacarte de ahí y sí que lo intento!
Todos los días lo intento. Porque no hay un día en que no piense en ti y quisiera volver el tiempo para no haber terminado las cosas y...
—Se detiene, se pasa las manos por la cara y agrega: —Termina esa amistad con Nico.
—Qué bueno que no necesito ser su amiga para hacer todas las cosas que me gustaría probar con él.
Se tensa más, la cara se le pone roja, hasta una vena le resalta en la frente. Entonces mira por sobre mi hombro y el rostro le palidece. Cuando un auto pasa a la par de nosotros me doy cuenta por qué.
Es la prometida de Benjamín.
Ahora mismo se está aparcando en frente y, aunque está concentrada en hacerlo bien, sí que parece confundida viéndonos de reojo. Benjamín no habla por fin y yo ya dando por terminada esta conversación me giro en dirección a la puerta de entrada, pero entonces la voz de ella me detiene.
—Nina.
—¡Hola! —le respondo vacilante cuando me vuelvo a ellos.
Ella pasa a la par de su «prometido» y lo único que le dice es un «Buenos días, cariño», el «cariño» con un gesto no tan amable. Benja la detiene y le pregunta:
—¿Qué haces aquí?
—Vengo a ver a Nina.
Benjamín parece que se va a desmayar.
A ver, yo estoy llegando medio tarde, con hambre, y esta interacción con Benjamín me dio dolor de estómago.
—¿A Nina?
—Es lo que dije. Las fotos ¿Lo recuerdas?
—Sí, y también me acuerdo de que ya habíamos hablado sobre eso.
—Pero también es mi boda, así que tengo todo el derecho a elegir a mi fotógrafa. ¿Tienes un par de minutos, Nina?
—Claro, pasa a mi oficina.
Yo iba a decir que no a las fotos, pero ya mejor le digo que sí.
El saludo de ella son dos besos en la mejilla. Caminamos a la par, le abro la puerta y le pido que pase primero. Un momento miro a Benjamín y parece que está al punto de un ictus.
En fin, yo estoy preparada para lo que sea, excepto para lo que suelta justo cuando cierro la puerta de mi ofician a mis espaldas:
—Voy a ser directa, porque no me gusta imaginarme cosas ¿Benjamín se quedó contigo anoche o algo así?
—¡Ew! No.
Suelta todo el aire que estaba reteniendo.
—Perdón, es que me pareció que llegaron juntos, tu auto no estaba en el parqueo —Dios mío ¿Conoce mi auto? —Es culpa de Samuel que me metió en la cabeza eso de que cree que tú tienes algo con Benjamín.
Y yo me quedo en silencio.
—Samuel puede irse muy al carajo, perdón.
Ella suelta una risita que suena muy aliviada.
—Mil disculpas, de verdad. Me cuesta confiar en Benjamín últimamente, no en ti, aclaro.
Pero no fue por eso por lo que vine, ni por las fotos realidad.
Quiero invitarte a una cena hoy en mi casa, bueno...
no mi casa exactamente, la casa de mis papás.
Es como la cena del ensayo de boda, pero mucho antes porque mi padre tiene que viajar a Alemania y regresa hasta el día de la boda.
—¿Entonces todavía vas a casarte?
Tal vez eso no debí soltarlo así, digo... se supone que yo no sé nada.
—Bueno, la boda ya está pagada.
—Entonces consíguete otro novio para no desperdiciar lo de la boda ¿No?
Lo digo con burla, pero creo que muy descabellado no suena. Igual se carcajea un poco y parece que lo piensa por un momento, porque se vuelve a reír.
—Pero bueno, ¿sí vienes?
Un mensaje de Lucas me crea la excusa perfecta.
—No puedo. —Le muestro mi teléfono. —Mi hermano llega hoy y...
—Llévalo contigo, no hay problema. Solo me avisas.
Ah, caray, no puede ser.
—Es que no sé... viene del otro lado del mundo. No creo que quiera...
Me quita el celular y casi entro en pánico. Va a ver mis conversaciones con Nico... ¿Cuál fue el último mensaje que me envió? No me acuerdo, pero nada «decente» estoy segura. Entra a mis mensajes y me pregunta:
—¿Cómo se llama?
—Lucas.
Entonces comienza a escribir al mismo tiempo que lo dice en voz alta:
«Hola, ¿Quieres ir a una cena de ensayo de boda hoy? Es una amiga, no puedes decir que no. Xoxo» Así en pausas.
Yo ni siquiera uso Xoxo.
Lucas lo sabe, porque responde de inmediato:
«¿Nina?»
Me devuelve el celular y yo tengo que repetir el mensaje, pero esta vez sí con mis palabras. Su respuesta es un:
«¿Habrá alcohol?»
Yo se lo pregunto a Luciana y ella dice que sí.
Bueno, supongo que ya tengo planes para hoy, porque Lucas contesta: «Entonces sí».
—¿Quieres que lleve mi cámara?
—No, te estoy haciendo la invitación como mi amiga, no como fotógrafa. —«Amiga» dice. —Por cierto, ¿sabes si Nico va a ir?
¿Por qué me está preguntando sobre Nico? ¿Ya vio mis mensajes? Bueno, el que se alcanza a ver si abro mi aplicación de mensajes es solo un emoji de fueguito.
—No sé, ¿está invitado?
—Siempre es el primero en todas las listas de Benjamín, pero ni siquiera le respondió. Dile tú que vaya.
Entonces la puerta se abre y dos de las chicas de la revista se asoman.
A ver, no sé si ellas sabrán que la nueva prometida de mi ex es la que tengo en frente ahora mismo, pero creo que sí, porque ellas miran de ella a mí.
Yo tengo que presentarlas y ellas, vacilantes, le dan la mano.
Cabe mencionar que están en ropa interior y Luciana, muy culta, con un traje verde que grita «jefa» por todas partes y un «clean look» perfecto.
Igual les devuelve el saludo a las dos muy cordial, aunque de vez en cuando les mira el cuerpazo de reojo.
—Entonces te veo hoy, Nina.
—Creo que sí.
—¿«Creo»? No, te veo allá.
Se despide de mí con un abrazo y cuando Luciana sale de la oficina las chicas me miran serias.
—¿Esa es la prometida de tu ex?
—Sí. ¿Cómo lo saben?
—Los stalkeamos . A ti, a él y a la nueva novia. ¿Qué clase de nivel de venganza es este? ¿Hacerte amiga de la prometida de tu ex? Te rezo.
—No me hice su «amiga». Es ella la que me busca a mí.
La rubia me dice casi susurrando le dice a la otra:
—La vida de Nina es más interesante de lo que creí.
—Te lo dije.
Pero no les respondo porque le estoy dejando un texto al doctor de muertos:
Para: Nico
¿Quieres ir a una cena de «ensayo de boda» hoy?
Y él contesta de inmediato:
De: Nico
¿?
No.
Pero contigo quizás sí.
Para: Nico
¿Quizás?
De: Nico
No, mi amor. Por ti sí voy a dónde sea.