CAPÍTULO 30
Y o estoy demasiado cansada para esto. Digo, dormí poco, escalé un cerro, casi me muero en una motocicleta y ahora Benjamín.
Él, de nuevo, mira de Nicolás a mí como si vio un fantasma, pero se recompone rápido. Cuelga la llamada que está haciendo y casi le tiembla la mano cuando logra presionar el botón rojo. Se aclara la garganta e, intentando sonar indiferente—pero mirando su celular, no a mí—dice:
—Hola, Nina.
—Hola. —Estoy haciendo mucho con devolverle el saludo.
Nico sigue buscando las llaves en su mochila como si no está pasando nada. Lo único que suelta es:
—Qué sorpresa. —Claro que no lo dice emocionado, está irritado.
—Sí, bueno, te llamé como cien veces y tu teléfono me envía al buzón de voz.
—Sabes que no contesto llamadas mientras conduzco, a menos de que sea muy importante o alguien murió.
Nico abre la puerta por fin, y me extiende la mano para que pase primero. Y yo lo hago... directo a su habitación. No volteo a verlos, pero sé que Benjamín entró porque escucho la puerta cerrarse y unos pasos.
Ya sé qué no debería «husmear», pero es que cuando entro al baño porque necesito sacarme la mugre de la cara, puedo escucharlos hablar y yo tengo oídos. Ahora mismo están en silencio, pero justo en el momento que me estoy recogiendo el cabello, a Benja se le ocurre:
—¿Por qué Nina está en tu apartamento?
—Pregúntale a ella.
Nico sí sabe cómo poner de muy mal humor a Benjamín, y ya se nota:
—¡Claro! Qué buenísima idea ¿Cómo no se me había ocurrido?
—La verdadera pregunta es qué haces tú aquí, Benjamín. Un domingo por la noche. Sabes que no me gustan las visitas en domingo.
—¿Qué visitas exactamente? Porque tienes una ahora mismo y está en tu habitación.
—Nina no es visita, puede quedarse aquí todo el tiempo que le dé la gana mientras limpian su apartamento de ratas. ¿Por qué? ¿Celoso?
—¿Celoso yo? —La risa que suelta ni a él mismo le convence ¿Y Nico? Nico parece divertido. —Claro que no. Es solo que hasta donde recuerdo a ti se te hacía engreída y tú a ella le parecías un psicópata.
A ver, yo nunca dije que me parecía un «psicópata»; bueno, no así exactamente.
—Sí, mira las cosas que un viaje en auto desde un restaurante donde la dejaste sola puede cambiar.
—Creo que hasta Nina ya lo superó, y tú todavía no.
—Por cierto, no me has contestado la pregunta, ¿qué haces tú aquí?
Se toma un buen tiempo para contestarle, pero después de un bufido suelta en voz baja:
—Discutí con Luciana. Estamos viviendo juntos y no puedo pedirle que se vaya, porque no soy de ese tipo. Así que, ya que pasaba por aquí, pensé en que podría quedarme contigo, pero ya vi que no, porque a ti se te ocurrió jugar a la María Teresa de Calcuta.
—Es que sí puedes. Deja le pregunto a Nina si quiere compartir la cama conmigo para que tú puedas dormir en la otra habitación. Digo, así la conozco más a fondo.
Por Dios. Obviamente lo dice sarcástico, lo conozco; pero Benjamín parece disgustado, aunque intenta guardar la calma cuando dice:
—Ah, mira, qué divertido. —No se está riendo, evidentemente.
—Quédate en un hotel.
—¿Y gastar mi dinero? Claro que no. Además, no es mi culpa. Y es ella la que está en MI apartamento. La que debería ahora mismo estar buscando donde quedarse es ella, no yo. Mierda, ¿en qué momento se me ocurrió que era buena idea vivir con alguien?
—Bueno, entonces regresa, habla con ella, lo solucionas y ya, como el hombre funcional que eres.
—Qué fácil ¿Verdad? Te debiste dar el mismo consejo a ti con Valentina.
—Salí con Valentina porque tú me lo pediste. Y créeme, hice demasiado, porque yo no soy del tipo de complacer a las personas. Cuando algo no funciona, no funciona y ya está, y no le pides que se case contigo.
—A ver, a Luciana le pedí que se case conmigo, porque... bueno, es obvio ¿no? Es gerente de una empresa internacional, juntos somos como una pareja poderosa, pero es tan borde. Joder, ¿Por qué cuesta tanto encontrar una mujer amorosa, dedicada a su esposo y a su hogar, así como mi madre?
Pobre madre de Benjamín que ahora mismo debe estarse retorciendo en su tumba por la clase de hombre que trajo al mundo.
El pendejo sigue hablando, pero ya no le pongo atención. Creo que este es un buen motivo para desbloquear a Nico, así que le dejo un mensaje porque ya no quiero seguir escuchando a ese ser.
Para: Nico
Si sacas a Benjamín de aquí ahora mismo, quizás me piense lo de compartir cama contigo hoy.
Escucho una risita de Nico, pero entonces suelta:
—Me estoy intentando convencer a mí mismo de que amo a Luciana, pero cada vez que lo pienso la que se me viene a la cabeza es Nina.
No sé si lo siguiente que dice el doctor de muertos es por lo que le envié en el texto, o porque en realidad se fastidió por el comentario de Benjamín:
—Por favor vete, estoy cansado y necesito dormir. Tengo turno a las cinco.
Es que Nico un toque de amabilidad no tiene.
Igual Benja le contesta de inmediato:
—Bueno, ya veré que hago. Que tengas buenas noches.
—Claro que voy a tenerlas.
—Qué gracioso.
No sé cuál es el gesto de Benjamín, pero el portazo que sigue es música para mis oídos.
Termino de lavarme la cara y cuando salgo Nico está cerrando la puerta de su habitación. Deja su teléfono sobre la mesa de noche y suelto con sarcasmo:
—Qué eficiente.
—Me motivó el incentivo. Ahora cumple lo que prometiste.
—Dije que quizás me lo piense... quizás.
Se acerca a mí, pasa sus brazos alrededor de mi cintura, me levanta y se tira conmigo a la cama haciéndome soltar una carcajada.
Dios mío, ¿Cómo puede gustarme esta salvajería ?
—Bueno, déjame aclararte la mente entonces, mi pulga.
◆◆◆
Al día siguiente, me despierta una notificación en el celular. Parpadeo un par de veces para adaptarme a la luz. Nico ya no está por ninguna parte. Vagamente recuerdo que se recostó a mi lado, me besó la mejilla y me susurró al oído:
—Ya me voy, mi pulga. Cualquier cosa me llamas.
No recuerdo exactamente qué le contesté, pero fue algo como:
—Ajá.
—Por cierto, me llevo la llave de tu apartamento. Hoy llegan por lo de las ratas y voy a estar ahí para asegurarme de que todo esté bien.
—¿Ya me estás corriendo de tu habitación?
—De mi parte quédate para siempre.
—¿Me estás proponiendo matrimonio? Porque de otra forma es un no.
A ver... estaba medio dormida. No sé en qué estaba pensando.
Ese recuerdo termina de despertarme de golpe. Me pongo de pie y termino de abrir la cortina. La notificación que me llegó es un texto de Lucas avisándome que ya está por tomar el vuelo, y otro de Nico recordándome que no olvide desayunar y que, si necesito pedir algo, use su tarjeta.
Le respondo que no.
No sé cuánto tiempo me toma alistarme porque, al abrir el armario, me encuentro un álbum de fotos.
Prácticamente toda la vida de Nicolás está ahí en fotografías.
Mira qué interesante. Hay fotos suyas con medallas, trofeos, ganó en ajedrez, en artes marciales, también jugó baloncesto...
Carajo, al parecer desde niño no sabe lo que es descansar.
Dios mío, qué buenos genes se carga desde siempre. Juraría que sus padres hicieron brujería para que heredara solo lo mejor de los dos.
De pronto suena el celular y el susto casi me hace tirar el álbum, el cepillo de dientes y la toalla. Es Francia. Carajo, no había visto la hora. Atiendo la llamada mientras corro a buscar qué ponerme.
Creo que ya me traje medio armario a la casa de Nico, así que eso no se complica.
—¿Estás en tu apartamento o en otro? —la escucho justo al descolgar.
—En... otro. —Titubeo, pero tampoco puedo mentir. —Es que en el mío hay ratas.
—¿Te sigues quedando con Nico?
El hecho de que no lo pregunta, solo lo afirma.
—Sí. De nuevo, en mi apartamento hay ratas. —Ese es un punto que tengo que dejar bien claro. —Pero hoy vuelvo al mío.
Francia se toma unos segundos para responder, pero al final dice:
—Bueno, solo te lo preguntaba porque voy a pasar por tu calle en un momento ¿Necesitas que te lleve a las oficinas porno?
Si yo encuentro una oportunidad para no conducir, la tomo.
—¡Claro que sí!
—Te aviso cuando esté en frente.
Y así es. Cuando llega ya estoy lista y esperándola afuera. Me abre la puerta desde adentro y justo cuando tomo el lugar del copiloto, me pregunta:
—¿Entonces prácticamente vives en dos apartamentos?
—Claro que no, esto es temporal.
—¿Qué es temporal para ti exactamente? Las últimas veces que he venido estás ahí. —Me estoy poniendo el cinturón fingiendo que no la escucho. —Publicas fotos con él, te lleva a todas partes. Ah, por cierto, el abuelo quiere invitarlo a su cena de cumpleaños, que no te sorprenda cuando te lo diga.
—¿Qué cosa?
—Y quiere que lo lleves tú a sus citas con la doctora, porque ella le pregunta por ti.
—¡¿Qué?!
—Así me dijo. —Pone en marcha el auto y se incorpora en el tráfico. —Y se le va a cumplir, porque Glenda mañana tiene su cita de control anual y dijo que tú podías llevarlo a él a la suya mientras yo acompaño a la abuela.
—¿Estamos hablando de su cita con la mamá de Nico?
—Sí. Oye, muy linda tu suegra, por cierto.
No, yo todavía no estoy lista para pasar un buen rato frente a la mamá de Nico sin sufrir una crisis existencial. Aunque no le puedo decir que no a mi abuelo. Espero que Alfonso me diga que no tengo permiso para salir mañana.
—No es mi suegra.
—Bueno, tu futura suegra. Digo, muy pronto estarás comiendo con ella un domingo por la tarde y vas a seguir en negación. Te estás acostando con un hombre que dices que ni siquiera es tu amigo.
—Es que no somos amigos.
Francia suelta una carcajada de pronto.
—Espera... —Se detiene en un semáforo y me mira divertida. —No me dijiste que no te estás acostando con él ¡Nina!
Y yo no sé cómo defenderme.
—¡Es que tenía curiosidad! ¿Okey? Pero ya vuelvo a mi apartamento y cada quién con su vida.
—¡Te estás acostando con el mejor amigo de tu ex!