Bendito Karma CAPÍTULO 28 #3
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CAPÍTULO 28 #3

Bueno, si nos terminamos de morir aquí va a ser su culpa.

Entonces sí, pongo esta cosa en marcha o es lo que intento.

A la primera casi nos caemos, a la segunda también y a la tercera casi nos estampamos en un bote de basura, a la cuarta casi pongo la motocicleta en una sola llanta y a la quinta ya comienzo a andar.

Llego más rápido a pie, pero algo es algo.

—Llegamos mañana —lo escucho.

—¡Pues yo no te pedí hacer esto!

Podría ir un poquito más rápido, pero no voy a hacerlo. Que se aguante.

O eso es lo que pienso hasta que miro a un tipo vestido de blanco a medio camino y ahí sí me da por apretar el acelerador, pero no sé qué hago que la maldita moto en lugar de ir más rápido se apaga.

Ah no, carajo, es un tipo normal. Él voltea a vernos rápido y capaz también creyó que somos dos espíritus dando una vuelta.

—Oye, ya no quiero seguir. —No espero que me responda, me bajo y solo espero que tome el lugar en frente.

—Bueno, pero solo porque ya es tarde y necesito dormir para mantenerme cuerdo.

—Pues no te está funcionando.

Una risa es su respuesta. Cuando llegamos a la cabaña casi siento alegría en el momento que me bajo de la motocicleta, pero entonces me acuerdo de que me tengo que quedar aquí. Me saco el teléfono y la señal es casi nula. No puede ser.

Nico es quien abre la puerta. El lugar es feísimo, pero no voy a dar mi brazo a torcer, me tengo que dormir aquí sí o sí.

—¿Trajiste un crucifijo al menos? —pregunta con burla.

—Este lugar necesita más que un crucifijo.

Le estoy dando un vistazo al lugar. A ver, no está tan mal tampoco y hay un mostrador con plantitas, la habitación se ve cómoda y el baño está limpio.

Casi me gusta, solo tengo que cerrar bien esa ventana de madera que está a mitad de la recámara.

Justo en el momento que me asomo para ver afuera, el maldito venado de hace rato se asoma dándome un susto de muerte y sale corriendo. Madre mía.

¿Y Nico qué hace? Pues se ríe.

Voy a sacarlo de aquí.

—No abras la puerta si alguien toca. —Lo escucho cuando yo ya estoy cerrando todo. —Si escuchas un ruido no te levantes. Ni siquiera si oyes mi voz, porque eso también es algo que puede pasar. Susurros, chiflidos, lo que sea, no respondas a nada.

Necesito que se calle de una vez, y no se me ocurre nada mejor que quitarme la bufanda y ponérsela en la boca. Fallo, por supuesto, y comienzo a forcejear con él cuando intenta quitármela, como si yo tuviera algún chance de ganarle a Nico.

Entonces se me ocurre algo peor: besarlo.

Mi intención es solo hacer que guarde silencio y después sacarlo de la cabaña, pero entonces a él le parece buena idea sacar la carta de los besos con lengua, y a mí, pasarle los brazos por el cuello.

Es cuestión de segundos el beso escala a niveles que no debería si lo que quieres es sacar a un sujeto de tu habitación, pero ni una de mis neuronas está trabajando para detenerme.

No cuando Nico me agarra del cuello y, con la otra mano, me levanta del trasero para quedar a horcajadas con él.

Me deja caer en la cama, y cuando vuelve a besarme, soy yo quien le quita el jersey, dejándome a mí misma con una excelente vista de él. Esta vez hago que se siente en el borde de la cama y, dejándolo entre mis piernas, me quito la chaqueta para acomodarme mejor.

Paso ambas manos por su pecho, bajo al abdomen y llego hasta la goma de su pantalón.

Deslizo mi mano dentro y siento su erección hacerse más prominente cuando comienzo a acariciarlo de arriba abajo.

Me besa más intenso. Me agarra de la quijada y me besa feroz, enrolla su brazo en mi cintura y, en un rápido movimiento, me pone debajo de él.

Sigue besándome mientras se deshace de mi pantalón.

Lo deja a un lado y comienza un recorrido de besos desde mi pie hasta la parte interna de mi muslo; pasa por mi vagina, mi vientre, el abdomen, y ahora se deshace de mi suéter.

No sé qué es lo que tiene Nico que me hace mojarme de inmediato. Tal vez sea su forma de tocarme, o la manera en que me agarra y me ubica como se le da la gana.

Termina de quitarse el pantalón deportivo y vuelve a ubicarse sobre mí para quitarme el sostén.

Inicia su recorrido de besos desde mi cuello, pasa por mis pechos, baja a mi vientre y termina por deshacerse de mi braga.

Él se deja sin nada y se ubica entre mis piernas; después me pasa la mano por debajo de la cabeza y me toma del cabello, desde la base del cráneo.

Me penetra de una vez, y desde el inicio es algo rudo, excitante, provocador. Me hace gemir, jadear, respirar sin control. Me toma la cara, me besa otra vez, y cada movimiento es más firme, más fuerte.

No sé con qué fuerzas, pero hago que quede debajo de mí y comienzo a moverme de arriba abajo, al mismo ritmo que él, con la misma firmeza. Mis pechos se mueven con el vaivén, y Nico envuelve sus brazos alrededor de mí y vuelve a dejarme debajo suyo.

Juega con mis pechos, se sacia con los dos, me toma de la cintura y me pone de espaldas a él.

Vuelve a penetrarme así; con su pierna, eleva la mía, y la sensación de placer que me sacude es inmensa.

Definitivamente, Nico no es de los que preguntan.

Es de los que tienen el control y te ponen en la posición que les da la gana.

Es brusco, salvaje, pero que sabe cómo hacer disfrutar.

Es que… joder.

El siguiente orgasmo llega rápido y en una posición que yo ni siquiera sabía que existía.

Me agarra del cuello y me vuelve a dejar frente a él.

Este es un beso hambriento, sin tregua. Definitivamente, Nico ya sabe todas las posiciones que me gustan, y yo ni siquiera se las he mencionado ni una sola vez. Además, está descubriendo nuevas.

Creo que es la ventaja de ser un chismoso de primera.

El siguiente orgasmo es más aplastante, arrollador, y me deja una sensación de plenitud que me encanta.

Sale un momento de mí, y mientras estoy intentando recuperar el aliento, él toma algo de uno de los compartimentos del mueble de la habitación. Es una toalla, la tiende sobre la cama y después toma mi pierna, tirando de mí hacia él.

Por un momento no lo entiendo, pero no me quedo a pensarlo mucho cuando vuelve a entrar en mí, y esta vez el ritmo es diferente.

Él está de pie, aún a la orilla de la cama, y mi pierna está extendida sobre su torso.

Me acaricia la cintura, el vientre, y se inclina hacia mí para besarme la boca de esa manera brutal que me sacude todo por dentro.

Unas tremendas ganas de hacer pis se apoderan de mi cuerpo y no me da tiempo de retenerlo. Una ola de calor me envuelve entera, y después, una descarga intensa, incontrolable, que me desborda de placer.

Mierda… ¿Qué diablos?

Es algo fulminante, intenso. Un líquido caliente se me escapa sin control de entre las piernas. Me tiembla todo el cuerpo, el corazón parece que se me va a salir del pecho, y la cama parece que acaba de sobrevivir a un desastre natural.

Joder… ¿ Qué ?

Nico sonríe sobre mi boca y se mueve un poco más, haciéndome soltar un jadeo traicionero.

Entonces se pone de pie, cargándome como si mi peso no fuera nada, y sin salirse de mi interior, me pone contra la pared.

Me embiste varias veces más. A ver, estas cabañas están bien hechas.

Continúa esos movimientos que no me dejan callarme ni un solo momento, hasta que lo siento palpitar dentro de mí.

Sus músculos se tensan, un gemido ronco se le escapa, y la descarga cálida que deja dentro de mí me confirma que acaba de llegar al clímax.

Nos quedamos así un rato, tratando de controlar la respiración y besándonos lento. Todavía me sostiene contra la pared y, después, con ambas manos sobre mi trasero, me deja caer sobre la cama con cuidado. Él se tira a mi lado. Yo todavía estoy procesando todo lo que acaba de pasar y… madre mía.

No puedo permitir que Nico sea el mejor sexo de mi vida.

Ninguno de los dos dice nada. Él se pone de pie y yo lo observo pasearse desnudo frente a mí. Ya debería estar harta de Nico, pero no. Cada vez me resulta más interesante, y eso no está bien.

—Ya puedes irte.

—¿A dónde?

—A tu cabaña.

Escucho una risita de su parte. Se acerca a mí de nuevo y se inclina para tomar su ropa interior.

—¿De verdad pensaste que yo te iba a dejar sola en un lugar que no conoces? Eres una chica, y no sé qué tipo de persona anda por ahí.

—No tienes que cuidarme solo porque soy mujer. Yo puedo cuidarme sola.

Entonces me toma la barbilla y, acercándose a mi boca, dice:

—No te cuido solo porque seas mujer, te cuido porque eres mía, mi pulga. Así que acostúmbrate.