Bendito Karma CAPÍTULO 27 #2
48%

CAPÍTULO 27 #2

Me pongo de pie, y está heladísimo. Definitivamente, hoy moriré congelada.

Me cercioro de que el baño no esté ocupado, me lavo los dientes, termino de peinarme y me visto como si fuera a la Antártida.

Al salir, me encuentro con que él está en la sala…

ejercitándose, haciendo dominadas a las cuatro de la mañana.

Incluso me aseguro de que es la hora correcta, y sí, es aún más temprano de lo que pensaba.

—¿Qué loco hace ejercicio a esta hora?

Entonces hace la última y se gira.

—Ah sí, yo dormí bien ¿Y tú, mi pulga?

—Se nota. Estás colgado de una barra y no son ni las cuatro de la mañana.

Esboza una sonrisa al acercarse a mí y tomar su café de la mesita a mi lado.

No lleva camiseta, y como mencioné, hace mucho frío; pero ¿qué se puede esperar de alguien que trabaja todo el día en una morgue?

Además, acaba de ducharse; su cabello aún está medio húmedo y su gel de baño huele bastante bien.

Entonces, tiene la brillante idea de rodearme el cuello por detrás con ambos brazos. Tiene la piel heladísima y me provoca un escalofrío de pies a cabeza.

—Tienes cinco segundos para apartarte si no quieres que te tire al sofá.

—A ver, ¿y cómo tú vas a tirarme al sofá? —Me aprieta más fuerte. Maldito Nico. Forcejeo con él, pero no puedo ni soltarme. —Te he enseñado como tres movimientos para soltarte de este agarre. Ni siquiera estoy aplicando fuerza.

Ni siquiera me toma en serio porque me estoy riendo, y eso también le provoca una risita a él.

—¡Estás congelado! Suéltame.

Y lo hace, pero no porque se lo pedí, sino porque su celular suena. Lo toma del desayunador y cuando contesta me doy cuenta de que es su amigo Héctor. No escucho que es lo que hablan. Cuelga y se vuelve a mí:

—¿Quieres café?

—Por favor.

Se va a la cocina. Saco mi cámara del bolsito para cerciorarme de que el lente está bien. La enciendo y sin querer grabo a Nico cuando se da media vuelta y camina hacia mí tomándose su taza de café.

Reproduzco el video de nuevo y en cámara lenta parece una publicidad para perfumes.

Y me quedo viéndolo más tiempo del necesario.

—¿Quieres algo de comer?

Su voz me da un susto. Viene de su habitación y se está poniendo un jersey, además… a ver, si Nico trae una chaqueta térmica es porque esas montañas sí están congelándose.

—Es muy temprano. Yo no puedo comer a esta hora.

Qué bueno que no dice nada y solo me alcanza el café. También ya no habla nada del azúcar y el páncreas, y él mismo lo endulza por mí. Me pregunta si estoy lista y le digo que sí. Me da un termo con agua, además de un sándwich… fit.

Está empacado y supongo que cuando me de hambre no me va a importar mucho que sea pan de masa madre o lo que sea que Nico mencionó; pero, en fin, guardo mi cámara y la dejo al lado de mi mochila sobre el sillón.

Solo espero que no nos perdamos porque yo no tengo tanta ropa para sobrevivir a ese clima, así que solo cuento con lo de hoy y mañana.

Estoy terminándome mi café cuando Héctor le avisa a Nico que ya están llegando. Él toma mi mochila, la suya y yo me encargo de cerrar con llave. Cuando salimos del edificio los chicos todavía no han llegado, así que el doctor de muertos y yo nos quedamos en una esquina esperándolos.

No sé en qué momento estoy con la espalda recostada en el pecho de él, su brazo alrededor de mi cintura y mis dedos entrelazados con los suyos.

Caigo en cuenta hasta que sus amigos llegan y lo suelto.

Aun así, vuelvo a tomarle la mano cuando me la ofrece para subir a la miniván.

Solo voy a fingir que nadie nos está mirando.

—Hola, Nina. —Esas voces son las dos chicas en coro.

—Hola, chicas.

—¿Estás lista?

—¿Para morir congelada o de un susto? Porque no estoy lista para ninguna de las dos.

—Las escucho reírse y aprovechando que el doctor de muertos está guardando nuestras mochilas, le pregunto a una de ellas casi en un susurro: —¿Es verdad lo de las cabañas?

¿O Nico solo me estaba molestando? ¿No habían rentado una casa abandonada?

Bueno, no era abandonada, pero llamémosle así.

—Sí, pero estaba más lejos, así que decidimos tomar las cabañas; pero no te preocupes, no están tan lejos una de la otra.

—¿Qué es «no tan lejos» para ti?

—Como cinco minutos trotando.

—¿Trotando? Dios mío.

Escucho la risita de ella. Tomo el asiento para dos que está detrás de ellas y la chica me pasa una barrita de nueces.

La abro y le doy un mordisco mientras espero al doctor de muertos.

Los dos amigos de él van adelante, uno conduce y el otro en el asiento del copiloto lo dirige.

Al menos el que dirige no es Nico, porque él sí nos haría perdernos a propósito.

En fin, ahí viene y toma el lugar a mi lado.

Cuando apagan las luces yo solo me pongo a pensar en quién diablos disfruta estas cosas.

Bueno, ellos. Está lloviznando, heladísimo, y es el día perfecto para quedarte en cama todo el día.

No sé en qué momento me quedo dormida, pero cuando me despierto estoy sobre el hombro de Nicolás, con mi brazo alrededor del suyo y parece estar jugando al Minecraft.

No sé ni dónde estoy, pero al menos ya está claro. Miro mi reloj y me doy cuenta de que pasaron dos horas. Madre mía. Héctor está aparcando en una gasolinera y Nico me pregunta si quiero algo de la tienda de conveniencia.

—Sí, unos cheetos, por favor.

Sí hace un gesto, pero no dice nada y solo se pone de pie.

Lo miro bajarse, decirle algo a uno de sus amigos y después entrar a la tienda.

Yo necesito activar la circulación de mis piernas, así que también salgo y doy un vistazo alrededor.

Una de las chicas me da un vasito de café y saco mi celular para hacer una foto del paisaje, una del café y una selfie.

Miro a Nico a través de la cámara ¿Y qué hace él? Pasarme el brazo alrededor del cuello y darme un beso en la mejilla. La foto lo capta así, pero lo tapa la gorra que lleva y qué suerte que lleve mangas largas, porque no se le ve ningún tatuaje.

Y sí, trae mis cheetos.

Voy a recriminarle lo de arruinarme la foto, pero se pone a hablar con uno de sus amigos y éste le da la llave. Ay no, sí vamos a perdernos. Publico la fotografía así, total ¿Quién se va a dar cuenta de que es él? No dieron ni una con aquella foto de la mano y esto que en esa estaba más expuesto.

En fin, me subo a la minivan cuando los demás lo hacen. Confirmado, Nico conduce y nos va a ir a perder y estoy más segura cuando gira hacia una trocha cuesta arriba y lo único que se ve es vegetación alrededor. Mierda. Qué bueno que estemos haciendo este viaje de día.

Me llega un mensaje. Este es de Lucas, mi hermano, y dice:

​ «Ese no es Benjamín 😏»

Claro que no es Benjamín, es que él no se sabe todo el chisme.

Y de inmediato agrega otro:

«Ese es el amigo de Benjamín 😏»

Ah, caray ¿Qué?

​ Para: Lucas

«¿Tú qué sabes?»

Y él me responde de inmediato:

«Tú misma me enviaste una foto de él. Dijiste “El amigo de Benjamín está guapo, pero es un grano en el culo”. A mí no me engañas, es el mismo reloj y el tatuaje en la muñeca».

Me manda una captura de pantalla. Es del día que Benjamín me presentó a Nicolás.

No era necesario lo de la captura, sí me acuerdo de lo que le dije y también de que él contestó que es por eso que se conoce a los amigos primero y yo le dije que ya conocía a Nicolás porque vive en el edificio de en frente.

Lucas me envía otro texto y dice:

​ «Mira nada más. El muerto al pozo y el vivo al gozo».

Entonces Nico se detiene. Miro por la ventana y es una garita de seguridad. Al menos no es un lugar tan remoto en el mapa. Una vez que pasa el control, aparca y todos comienzan a bajar ¿Se supone que ya llegamos? Bueno no fue tan malo como pensé, aunque el lugar parece sacado de Silent Hill.

—¿Es aquí? —Le pregunto a una de las chicas, Vivian.

—No, es en la cúspide. —Joder, ¿Qué?

Miro las montañas frente a mí y, definitivamente, me voy a morir.

Nico rodea el vehículo y llega hasta esta puerta revisando un mapa.

Me extiende su mano para ayudarme a bajar, a ver, la miniván es alta, pero no tanto.

De todas formas, acepto la ayuda. Me da el mapa mientras saca nuestras cosas de la cajuela.

Yo no entiendo ni papa de esto. Intento ubicarme y tal vez —tal vez— puedo distinguir donde estamos. Le digo, sin rodeos, que ni de coña pienso subir todo eso a pie.

—No vas a subir a pie.

—¿Qué? —Se va a la caseta donde están sus amigos. Veo que le dan un par de cascos y… a ver, que subir en motocicleta con Nicolás es tres veces peor que hacerlo yo misma a pie.

Definitivamente, si hoy no me muero de una forma, lo haré de otra.