Bendito Karma CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

T engo la impresión de que Nico me está haciendo brujería.

Es que no me cabe en la cabeza otra explicación del por qué me están pasando todas estas cosas justo después de que comienzo a hablar más con él.

Pero no voy a llamarlo.

Así que tomo la linterna y me recuesto en mi cama viendo hacia el techo.

Es que no sé, es algo raro. Es un silencio absoluto y después algo que se escucha precisamente sobre mí y se va al otro extremo del apartamento ¿Qué carajo? Tal vez si le hubiera hecho caso a mi abuelo de ir a la iglesia, ya me supiera al menos el Ave María.

Cuando ya no se escucha nada de nuevo, me vuelvo a acostar.

Entro a mis redes sociales y lo primero que el algoritmo me muestra es una fotografía de Nicolás.

Sospechoso ¿No? Y cuando paso el feed lo siguiente que aparece es un video con esa música que le gusta a él.

Más sospechoso. Tal vez solo necesito dormir.

O un cuarzo protector.

En fin, me quedo viendo su foto con más atención, es el mismo lugar en el que estuvo esta mañana con su padre y el fondo es una cascada de muerte.

Nico es tremendamente fotogénico, aunque es demasiado privado, y solo sigue y lo siguen como veinte personas, entonces tal vez solo llega a unos cuatro likes .

El sonido de un trueno es el que me hace dar un brinco esta vez.

Mierda, lo que me faltaba. El teléfono me cae en la cara y termino siendo la quinta persona que le da «me gusta», lo quito de inmediato cuando me doy cuenta, pero lo más seguro es que el doctor de muertos ya se enteró.

De paso se abren los comentarios y miro el de Benjamín, últimamente Benja está hablándole demasiado a Nico.

Sí se dio cuenta del bendito like , porque me llega un mensaje de él, y es desde su red social, entonces me acuerdo de que lo bloqueé de todas partes, menos aquí.

«De: Nico

Me acabo de acordar de que me bloqueaste».

«Para: Nico

Ups.»

El «ups» es la respuesta de él para todo, así que…

«De: Nico

Igual no va a durar mucho. ¿Y por qué estás despierta todavía, pulga?»

Mira nada más, sigue tan seguro de sí mismo «no va a durar mucho».

«Para: Nico

¿Por qué estás despierto tú?»

«De: Nico

Porque estoy pensando en ti, mi pulguita».

Es que él cree que yo nací ayer.

«Para: Nico

¿De verdad? Esa frase también está en la lista de mi abuelo, invéntate algo mejor».

Nicolás reacciona con un emoji de risa y veo que en su foto le acaba de contestar el comentario de Benjamín, pero es solo el símbolo de «Me gusta» y Benjamín le responde de inmediato un «¿Cuándo volvemos a esos paseos matutinos?» A Benja ni siquiera le gustan las actividades al aire libre.

Como dije, Benjamín parece con muchas ganas de reconquistar a Nicolás.

Tengo otro texto y dice:

«En realidad sí estoy pensando en ti, mi pulga, y estoy tomando un baño»

Lo siguiente que hace es mandarme una foto, está en su bañera y se la toma del pecho hacia abajo, el agua le cubre lo más importante, y su pierna tatuada subida en la orilla.

Una buena foto si me preguntan, pero maldito Nico por mandarme estas cosas a mí, ahora estoy poniéndole atención a esa pierna, entonces le escribo yo, para que no piense que me quedé viendo su foto mucho tiempo y le digo:

«Para: Nico

Si ajustas mejor la luz, te sale una foto de Pinterest»

«De: Nico

A ver, muéstrame».

Y esbozo una sonrisa porque sé qué es lo que intenta.

Entonces sí lo hago, no una foto como la de él, pero se supone que es solo para «mostrarle lo de la iluminación», así que yo uso el reflejo clarito de mi silueta en la pared sin nada puesto, y se nota en la forma en que se dibuja la curva de mis pechos.

Nico la ve de inmediato. No dice nada por un rato, después aparece que está escribiendo, pero entonces se desconecta, yo vuelvo a acostarme, me llega una notificación, pero este no es un mensaje de él, es otro correo de Benjamín donde me pide —de nuevo— que hablemos.

Definitivamente, alguien está cayendo demasiado bajo.

Entonces me llega el texto de Nico e ignoro a Benjamín.

Es otra fotografía.

Y mejor que la anterior.

Digo, la iluminación.

Está frente al espejo de su cuarto, sentado en la silla de su escritorio, no lleva nada y solo está tapándose esa parte, está medio oscuro y eso le da un toque extra de no sé qué, entre más miro la foto más ganas me dan de sentarme sobre él…

carajo, como dije, yo no debería hablarle a Nico.

Me pongo de pie, tomo mi silla también y a horcajadas me tomo una foto frente a mi espejo solo cubriéndome partes importantes —y la cara por si las moscas— además de que lo único que me ilumina es la claridad que entra por la ventana y un aro de luz, y sí se nota que lo único que llevo es un panty.

La ve de inmediato, pero no responde. No es hasta un rato después que me envía un video.

En él se distingue su brazo, la parte baja de su abdomen y las venas marcadas en su piel.

No es completamente explícito, pero el movimiento de su mano lo deja suficientemente claro.

Mierda. ¿Y ahora cómo apago este cosquilleo entre las piernas?

Bien, mi turno.

Yo no me he movido de lugar, así que solo busco otro ángulo y esta vez me tomo un video moviéndome suave de arriba abajo sobre la silla donde el protagonismo se lo lleva la sombra de mis pechos balanceándose al compás y mi cabello despeinado.

Lo ve de inmediato, pero se queda en silencio.

Ni imágenes, ni vídeos, ni siquiera un «escribiendo».

Entonces vuelvo a sus fotos, me tiro en mi cama y tomo un cojín que me pongo entre las piernas.

Solo necesito quitarme las ganas, pero lo único que consigo es acordarme del doctor de muertos: sobre mí, debajo, adentro, jadeando.

Y entonces ya no se siente igual. Ya ni siquiera puedo darme felicidad a mí misma, porque definitivamente no es lo mismo. Maldito Nico.

Entonces tiro el celular a un lado y me quedo viendo al techo. Vuelvo a tomarlo cuando escucho otro mensaje de él.

«De: Nico

​ Definitivamente tú ganas, mi pulga.

​ ¿Pero ahora qué hago con todo esto que me provocaste?»

«Para: Nico

Te diría que puedo ayudarte, pero ya me acordé de que nada de eso vuelve a pasar».

Me está llamando ahora mismo, y como todavía está bloqueado lo hace desde su red social. Sí le contesto y lo primero que me dice es:

—¿Me estás poniendo otro reto? Ya perdiste uno ayer, mi pulga. —Y con un tonito irónico, suelta: —Es como si lo hicieras adrede para no decirme directamente que quieres cogerme.

La voz de Nico es ronca, fuerte, y a través del teléfono se acentúa más. Me pone los pelos de punta cuando habla en ese tono bajito, casi susurrado. Pero, a ver, no voy a dejar que me nuble el raciocinio. Con un tono de burla similar al suyo, le respondo:

—Te estás proyectando.

Suelta una risita y agrega:

— Nah , yo sí te digo las cosas directamente y siempre te voy a recordar que eres mía, mi pulga, y no necesito de retos para refrescarte la memoria.

—Pero mira qué seguro de ti mismo —le respondo con ironía. —Yo con suerte te hablo mañana.

—Pues vas a tener que hablarme, si no ¿cómo vas a saber qué camino tomar cuando te toque conducir?

—Ay, por Dios. Me estás llevando en contra de mi voluntad ¿y todavía me vas a poner a conducir?

—No te voy a poner a conducir yo, todos vamos a hacerlo en algún punto, así es cómo lo hacemos cuando viajamos todos en un solo vehículo.

—Ay, no.

—Pero no te preocupes, yo no voy a dejar que conduzcas si no quieres. Por cierto ¿Vas a desbloquearme? Odio las redes sociales.

—No.

Entonces se escucha ese ruido en el piso de arriba. A mí me hace dar un brinco y, definitivamente, no es algo que yo me estoy imaginando, porque Nico me pregunta:

—¿Qué es eso?

—Es que no lo sé ¿Sabes si hay personas en el piso de arriba? ¿Policías? ¿Personas trabajando?

—No debería.

—Entonces es un ente.

—¿Un ente? Eso no suena a un ente. ¿Puedo ir? Bueno, aunque digas que no, igual voy a ir. Te veo en diez minutos.

No me da tiempo de replicar, porque vuelvo a escuchar ese sonido. A ver, no es solo el alma en pena; también está la tormenta que está comenzando, y los truenos no me agradan. No sé qué es peor: que se me aparezca el espíritu atrapado arriba o que me caiga un rayo.

Nico llega en menos de diez minutos. Lo hago esperar un rato porque, además, estoy terminando de vestirme —es que no esperaba visitas—, y se lo digo tal cual cuando le abro la puerta:

—Perdón, es que no esperaba visitas.

—Pues yo ya no cuento como visita, perdón.

Y pasa sin que lo invite a entrar.

En fin, cierro la puerta a mis espaldas y con llave, pero es solo por costumbre. Nico se da media vuelta y dice con burla:

—¿Me estás secuestrando?

—Ya quisieras.

Un trueno me da un susto, pero rápidamente recompongo el gesto, porque tengo a Nico de frente. Él lo nota igual y esboza una sonrisa, aunque no dice nada. Se está quitando la chaqueta y me la da. Además, noto la caja de herramientas que trae y cuando está sacando algo, lo escucho:

—¿También te dan miedo las tormentas?

—Claro que no. —Otra vez el bendito sonido en el piso de arriba y es una buena oportunidad para cambiar de tema: —¿Tu caja de herramientas incluye agua bendita?

—Eso suena a algo en las tuberías, no en el piso de arriba.

Se va directo al conducto de la calefacción, toma un banco primero y se sube para alcanzar.

Nico definitivamente no le teme a la muerte.

Tengo que buscar donde tender su chaqueta y después ir a sostenerle el banco, porque no quiero que otra persona termine desvivida en este edificio.

Está desatornillando el conducto. Entonces falsea a propósito y le da risa cuando el banco se tambalea.

—Ni se te ocurra, que si me caes encima nos morimos los dos.

—Qué romántico.

Nico tiene una idea bastante catastrófica de lo que es el romance.

—¿Qué es una cita romántica para ti? ¿Tirarte dentro de un volcán? ¿Lanzarte en paracaídas sin el paracaídas puesto? ¿Encerrarte dentro de una jaula con leones?

—¿Quieres tener una cita romántica conmigo?

—¿Saldremos vivos?

—Eso no te lo puedo asegurar.